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Inventa un novio a tu medida

Revista FUCSIA

Inventa un novio a tu medida La película Her, que cuenta la historia de un romance entre un hombre y un sistema operativo, ya no parece tan lejana.

Con el surgimiento de aplicaciones y páginas de Internet que prometen parejas virtuales hechas a la medida, parece que la idea del romance computarizado ya no es más ciencia ficción.

Momento típico de la comedia Bridget Jones, al que muchas solteras le huyen: aparecerse en una reunión familiar de fin de año y que todos los presentes empiecen a acosar con la pregunta: “¿Al fin tienes novio?”. Una opción es decir la verdad, “no”, con la frente en alto y capotear el cuestionario siguiente sobre los porqués y las invitaciones incómodas a citas a ciegas. Otra salida podría ser responder un “sí”, sin temor a ser pillada en la mentira y quitarse definitivamente de encima a todos los entrometidos. Esta es la propuesta de Invisible Boyfriend o Girlfriend, sitios web que prometen inventar a una media naranja “en la que tus amigos puedan creer”. La idea es que la pareja virtual parezca real, porque contesta a lo que se le escriba con mensajes de texto, además de fotos; incluso su creador ha explorado entre las alternativas que algunos actores hagan llamadas telefónicas o que esta tarea esté a cargo de una voz generada por computador. “Nuestra audiencia puede tener variedad de situaciones: quizá alguien que está en una relación homosexual y prefiere esconderla de sus padres, o una persona que busca alejar a un acosador en el trabajo”, comentó Matt Homann a BuzzFeed. O, como lo expresa uno de los usuarios de la página en la fase de prueba: “Mi novia invisible me permite concentrarme en el trabajo en lugar del romance”.

Su proyecto surgió con el objetivo de participar en la competencia Startup Weekend, para lo cual, junto con un equipo de diez colaboradores, inventó un prototipo de negocio que ofrecía escoger el nombre, edad, personalidad y físico del ser ideado, ayudar a crear el relato de cómo se conocieron los enamorados y cambiar su estatus en Facebook según la elección de paquetes como “apenas estamos en conversaciones”, “la relación va en serio” y “casi comprometidos”, cuyos costos oscilarían entre 10 y 50 dólares. También invitaba a los internautas a enviar sus selfies para convertirse en la pareja invisible de un cliente. “Ayudamos a las personas a evitar el estigma social de la soltería”. Aunque Homann resultó ganador, hay quienes creen que la página no atraerá suficientes participantes pues al “desesperado” le sale más barato pedirle a un amigo de confianza que le envíe frases cariñosas al teléfono móvil. Después de todo, ¿la farsa no se agotará cuando un pariente pida conocer al personaje? “No estamos tratando de construir novias… ese sería otro nivel de tecnología. Solo intentamos elaborar mejores historias”, se defiende el autor.

Sin embargo, iniciativas similares hacen pensar que películas como Her, en la que un hombre se enamora de un sistema operativo informático, no son tan ajenas a la realidad. “La cinta fue popular porque muchos se relacionan con esa clase de soledad que se tolera mejor confeccionando una fantasía sobre la que se tenga el control”, señaló a FUCSIA la psicóloga clínica Randi Gunther. “Se trata de escribir un guion exactamente como uno lo quiere, sin la necesidad de estar preocupado por los deseos de otro. La red ofrece conexión pero también la posibilidad de escondernos de nosotros mismos y de los demás. Hace más de una década emergió un sitio llamado Second Life, que rápidamente ganó seguidores unidos a una sociedad virtual bajo un rol ‘impostor’. Esto fomentó las ganas de hacer cosas para las cuales no se tiene coraje en la vida real, sin que nadie lo sepa. La alquimia de personajes de Internet y robots está en marcha: bastaría crear un ser tridimensional que luzca como uno se lo imagine, programado para decir lo que a uno le gustaría oír para no tener que aprender a amar o ser amado… No suena terrible para quien haya sido herido o no encuentre compañía. Aun así, es un escape triste a las habilidades de interacción humanas”.

De hecho, en Japón la tasa de natalidad va en alarmante descenso, en parte por una nueva “especie” de hombres conocida como los otaku, que aman los juegos de video y el anime, pero rechazan el contacto social, y se les tilda de herbívoros por su falta de deseo carnal. Prefieren amoríos ciberespaciales y hasta sufren si el programa de inteligencia artificial escoge rechazarlos. Y es que si bien el fenómeno de relacionarse con un avatar es especialmente asiático, ya ha alcanzado dimensiones de comunidad global: una de las estrellas de los noviazgos computarizados ha sido Kari, diseñada para mantener conversaciones (incluyendo las de tipo ardiente), recordar detalles y escuchar problemas. En Meru De Koishite (Amor por correo electrónico) los usuarios pueden intercambiar mensajes con sus ciberamigas y si tienen éxito recibirán un “te amo mucho”; mientras que si pierden obtendrán un “solo somos amigos”. A la lista se suma Phoney Girlfriend, una aplicación que ha tenido cerca de mil descargas por día y en el que la mujer de los sueños puede morir en un trágico accidente en el zoológico mientras trabaja limpiando la zona de los elefantes. Hay guías para crear una pareja falsa en WikiHow y de cómo lograrlo en Instagram, en la que al solitario le indican que debe pintarse las uñas de una mano y acariciarse con ella la cara para simular un gesto de pasión de una supuesta chica que no se ve en la toma.

En su estudio Love in the Time of Tamagotchi, Dominic Pettman, experto en estudios culturales, plantea el surgimiento de una era poshumana de neosexualidad en la que el afecto íntimo migra a lo digital, y “no hay tal cosa como un objeto de amor, sino más bien un ‘vector’ de amor”, que hace que el interés romántico recaiga sobre “multitud de personajes, imágenes, avatares y no solo en el fetiche de ‘el único’… Los carros computarizados ya mandan a los dueños un reporte del estado del motor. ¿Cuánto tiempo tomará que ‘personalicen’ las misivas con comentarios coquetos como: ‘Amé la forma en que abrazaste las curvas a 82 millas por hora ayer. Por favor paseemos hoy’?”. Una evolución lógica si se tiene en cuenta el éxito de sitios en línea para juntar almas gemelas como eHarmony, que se jacta de que en promedio 90 de sus miembros se casan a diario. De ahí a que en China, por ejemplo, se debata si los affaires virtuales deberían contemplarse en las leyes de matrimonio en razón de que los esposos los citan como causal de divorcio, ha habido un solo paso.

Para Pettman, hoy más que nunca la urgencia de cercanía física está en entredicho, pese a que advierte que la interacción históricamente ha estado mediada por la tecnología, sea en forma de cartas o teléfono. Su conclusión, como explicó a esta publicación, es que “sitios como Invisible Girlfriend demuestran algo que siempre ha estado implícito en las relaciones románticas: que el otro es en muchas formas virtual, fantasmal o artificial. De manera que nuestra incomodidad con un sitio web así podría ligarse a que inconscientemente notamos que el ser amado, aunque se encuentre en el mismo cuarto, está de muchas maneras ausente”.

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