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De libros y sexo: 'Historia de mi vida' de Gian Giacomono Casanova

Revista FUCSIA

De libros y sexo: 'Historia de mi vida' de Gian Giacomono Casanova Fotos: imágenes de la película Casanova

FUCSIA le pidió a tres respetados editores que le recomendaran a nuestras lectoras un libro que abordara el sexo, hablara sobre la sexualidad o se adentrara en el complejísimo universo de las relaciones sentimentales.

Casanova. Por Mario Jursich Durán. 
**El director de El Malpensante recomienda 'Historia de mi vida' de Gian Giacomono Casanova

Ha pasado con infinidad de libros, pero sorprende que Historia de mi vida, de Gian Giacomo Casanova, solo se haya traducido íntegra al español en 2009 –es decir, hablando en términos bibliográficos, el día de ayer–. Tuvieron que transcurrir más de dos siglos para que por fin pudiéramos leerla sin los cortes, las censuras o las abusivas enmiendas estilísticas a que fue sometida por, paradójicamente, sus propios editores.

Quizá por ello no pocas lectoras de FUCSIA se asombren al descubrir que Casanova no era un Don Juan, en el sentido popular del término. Varios exégetas han calculado el número de sus amantes y el resultado dista de ser particularmente asombroso: 125,según algunos; 117, según otros. (El escritor francés Georges Simenon,quien consideraba el coito tan obligatorio como la ducha diaria, se fue ala cama con unas 6000 mujeres a lo largo de su vida. Eso sí es estupefaciente).

Aunque en la vida cotidiana utilizamos los términos “Don Juan” y“Casanova” como sinónimos, lo cierto es que ambos personajes eran seductores casi antitéticos. Hecha la salvedad de que uno de ellos es un carácter ficticio, creado por Tirso de Molina hacia 1630 en su obra El burlador de Sevilla,y el otro un veneciano de carne y hueso que vivió entre 1725 y 1798, lo que deja en claro la lectura de ambos libros es que el primero,infectado por la religión, se comportaba como un machista psicópata con las mujeres; Casanova, en cambio, incluso en sus peores momentos, era un amante afectuoso y protector. La mejor prueba al respecto es que,después de romper con sus amantes, el veneciano seguía carteándose con ellas y, en no pocas ocasiones, brindándoles ayuda material. 

Por eso, cuando al Don Juan de Tirso le llega la hora de morir, solo hay tras de sí un ejército de féminas heridas; a Casanova, por por su parte, las mujeres lo siguieron adorando hasta el final de sus días. (Y no es un detalle menor que fueran mujeres de todas las clases sociales:desde la altiva duquesa alemana que lo requería en sus aposentos tras una partida de naipes, hasta la prostituta encontrada en la taberna más cutre de Amberes).

Sería imposible dar aquí una idea aunque fuese mínima de un libro tan tumultuoso como Historia de mi vida. En sus 5000 páginas las lectoras de FUCSIA sin duda encontrarán un extraordinario diorama sobre la vida amorosa y sexual en el siglo XVIII,acompañado de un portentoso manual sobre las pasiones humanas. Casanova se explaya sobre los condones, a los cuales llamaba “el capote inglés”;nos hechiza con la superchería de que el mejor método anticonceptivo esla introducción “de una canica de oro de 60 gramos” en la vagina de la mujer amada; nos pone a reír con sus ingeniosos aforismos –“la medicina es una ciencia en la que el charlatanismo es aún más efectivo que en la profesión de abogado”–,nos sorprende con su preferencia por hacer el amor de día (“siempre he creído que la noche se ha hecho para dormir y el día para el placer, ya que la claridad permite que se empleen todos los sentidos a un tiempo,lo cual duplica el goce”); nos convence con sus argumentos para rechazarlas orgías y seducir mujeres ebrias; y, finalmente, nos da alimento reflexivo con sus maliciosas normas de conducta: “Si el rostro de una mujer es capaz de enamorarme, siempre me inclino a perdonar las imperfecciones del resto, a condición de poder contemplarlas”.

Pero la verdadera razón por la cual yo le recomendaría a una mujer este libro la dio uno de sus comentaristas españoles. Según él, Casanova “se dejó amar cuanto quiso y amó cuanto le dejaron, que no fue poco, peros obre todo no hizo de ninguna mujer una histérica”. ¿No es ese el elogio más grande al que puede aspirar un hombre en esta vida? ¿No quisiéramos saber cómo se logró ese portentoso milagro? 


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