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Ropa hecha mapas de viaje

Revista FUCSIA

Ropa hecha mapas de viaje Ropa hecha mapas de viaje

Nicolás Cuestas, quien aceptó la invitación a intervenir gráficamente nuestra portada, dirige un estudio multidisciplinario en el que convierte piezas artesanales en objetos de arte y cultura.

Diarios de viaje, diarios que no se consignan solo en páginas, sino que se construyen a partir de objetos, estampitas pegadas, pedazos de telas comprados aquí y allá, relicarios antiguos, lupas sin año predecible de creación, diarios de encuentros con personas con las que te topas y que nunca te dejan volver a ser el mismo.

Así empezó el proyecto Bitácora, un estudio multidisciplinario dedicado al diseño, el arte y la arquitectura, que tiene como punto de partida los viajes y recorridos, las vivencias y los sellos en el pasaporte de su creador, Nicolás Cuestas.

Desafiando esos límites estrechos entre los que se ponen los objetos que se suponen son avalados por el arte, tan distanciados de las piezas artesanales o de las de diseño, Nicolás Cuesta ha convocado a un amplio perfil de creativos a trabajar con él y crear un universo en donde un huipil guatemalteco puede convertirse en un objeto de arte después de intervenciones extrañas y poderosas, como teñirlo de negro para arrebatarles el brillo de sus colores y luego ponerlos a resurgir rancios bajo el sol.


Foto: Ana Lorenzana

O mundos en donde el artesano que toda la vida ha labrado las lápidas en el Cementerio Central de Bogotá se convierte, usando la misma técnica y trabajando de la mano con diseñadores industriales, en el hacedor de geométricas materas, de las que, casi como una paradoja, vuelve a crecer la vida.

Tras pasar por la creación de la marca Bastardo y superar a través de un viaje territorial y emocional la muerte de su madre, Nicolás inaugura este estudio con una colección que ha bautizado con insolencia: Más vale cholo que mal acompañado, un resumen de su periplo entre Colombia, Guatemala y México. Así, morrales en cuero que parecen baúles del pasado alardean de la técnica del cuero repujado, casi extinta y que en las manos de Bitácora cobra una nueva vida, otra posibilidad de sorprender.

"En este viaje inicial me encontré con una pulsión muy poderosa: rescatar las técnicas tradicionales y artesanales del mundo, universos siempre tan frágiles, con la amenaza de la extinción acechando, y darles otras materialidades, otros colores y formas, pero no hasta imponerse como el diseñador citadino e interrumpir lo que ellos han sabido hacer por años, sino conversando con esos objetos y llevándolos a otras formas, a otros usos", cuenta el director del estudio, quien apostó, por ejemplo, por usar telas de Oaxaca, México, y Panajachel, Guatemala, no para hacer ruanas o capas, sino para hacer unos vanguardistas sacos con apliques de cuero que parecen la materialización más cool de los dos mundos.

Chaquetas de cuero con forros que fueron intervenidos con gráficas de pájaros parecen invocar los que las indígenas bordan sobre telas blancas, crop tops trenzados en seda desafían las lanas tradicionales, collares plateados emulan las pañoletas que llevan las campesinas sobre el cuello, estos son algunos de los diseños que hace el estudio en esta primera apuesta por la moda, que delata desde ya una predilección por el blanco y el negro, así como una fascinación por la imaginería religiosa y esotérica. Sus piezas de ropa, o más valdría decir de arte usable, son de un lenguaje tan peculiar que casi cuesta adivinar cómo les abrieron espacio a las técnicas ancestrales.


Foto: Natalia Hoyos

Tan importantes como los culottes de mujer, los pasamontañas en lana negra o las batas largas para los hombres, son las joyas inspiradas en las pirámides y sus magias. "Cada objeto viene con su pasaporte, un documento que identifica su procedencia, las manos que trabajaron para llevarlo a cabo", explica el director del estudio, quien asegura que las colecciones siempre serán limitadas, de piezas casi únicas por la complejidad de los procesos.

Esta indagación profunda por la identidad del latinoamericano, siempre avergonzado de lo suyo y deseoso de parecerse a los estándares estéticos dictados por esos que se suponen gobiernan el mundo, es un reclamo a mirar hacia dentro, a descubrir cómo en el mismo mestizaje de las técnicas, los colores y las formas aflora algo verdaderamente auténtico.

Su próximo viaje será a California para ir a descubrir, por supuesto, al chicano, al mexicano inmigrante. Sus registros, sus colecciones de objetos y saberes se convertirán en una bella manera de hacer una bitácora contemporánea con la ayuda de sus escuderos, Carolina Vargas en el diseño gráfico, Felipe González, productor de objetos y colecciones, y con los saberes de otros que se suman, como Carolina Rosso en proyectos gastronómicos, María Luque en la arquitectura o Natalia Hoyos en la fotografía.

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