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Sexo y poder un coctel peligroso Sexo y poder un coctel peligroso

Dos hombres poderosos afrontan las consecuencias de su conducta enfermiza y sus actos irreflexivos.

 
A estas horas de la vida tenía la impresión de que algo sabía sobre los hombres, pero he llegado a la conclusión de que las mujeres no tenemos ni idea acerca de cómo son realmente. No hemos entendido cabalmente que la fuerza que los mueve es el sexo, no la razón.

Dos escándalos recientes, el de Domique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, y el de Arnold Schwarzenegger, actor y ex gobernador de California, y ahora ex de María Shriver Kennedy, confirman la teoría. No sé si estos hechos responden a la prepotencia de los hombres que detentan el poder y que creen que se pueden salir con la suya o que, sencillamente, hay hombres que actúan como enfermos y pierden la razón ante un par de faldas.

En Francia, como en muchos países latinos, piensan que la violación no es necesariamente un crimen, sino una contravención sin mayor importancia, que quitarle a alguien el pase de conducir por un año es un castigo suficiente, como me decía un amigo. No entiendo que para algunos hombres el hecho de violar a una mujer no sea grave. No sé si piensan que ella se lo buscó por comportarse de una manera ‘desvergonzada’ o que, por pertenecer a una determinada clase social, no es una ‘persona’.

No me sorprende esta actitud de denigrar a las mujeres ni la insensibilidad ante sus sentimientos; así ocurre, quién lo creyera, desde ‘la prehistoria’, pues la Iglesia católica declaró en el Concilio de Nicea (325 d.C.) que las mujeres no teníamos alma, que no éramos personas; y 12 siglos después, el de Trento, decidió que sí, pero sólo por un voto. Imposible ser optimista al respecto.

Tenía la esperanza de que los hombres de mi generación hubieran superado la etapa de cavernícolas. Pero han pasado más de mil años y todavía hay personajes como Dominique Strauss-Kahn, que piensan que una empleada de un hotel no es un ser humano y que la puede obligar a tener sexo oral y sodomizarla. Que la puede atacar y agredir brutalmente y salir después a almorzar con su hija, estudiante de la universidad de Columbia, en Nueva York, como si nada hubiera pasado.

Por eso, no entiendo que el tener una hija no le haga pensar que las mujeres merecemos respeto, no importa la raza o la clase social, y que el poder no lo autoriza a dejarse dominar por los instintos. La esposa sigue pensando que su marido es simplemente un ‘seductor’ y lo único que le importa es que sea elegido presidente de Francia, pues tiene ganas de reemplazar a Carla Bruni. Por eso, prefiere ignorar los antecedentes y cree que éste es un complot de Sarkozy para librarse de un contendor.

Intento evitar juicios a priori, pues Strauss-Kahn es inocente hasta que se pruebe lo contrario. Pero hay testimonios de mujeres agredidas anteriormente, y las pruebas que tiene el procurador norteamericano hacen pensar que es culpable. En Estados Unidos los poderosos no tienen un tratamiento especial ante la justicia. A Strauss-Kahn lo bajaron del avión esposado, lo interrogaron y lo encerraron cuatro días en la prisión de Rikers. Claro que con el dinero que ha invertido su mujer en abogados, cualquier cosa puede pasar.

Imposible no agregar a estas reflexiones algo de humor, pues si la historia de Strauss-Kahn es una tragedia, la de Schwarzenegger es la tragicomedia de una inmigrante guatemalteca que se deja seducir por el dueño de la casa, acepta acostarse en la cama de la señora y tiene un bebé al mismo tiempo que ella. Y diez años más tarde lo chantajea, pues aunque se ganó la lotería quiere más. Es la típica manipuladora que anda detrás de la plata. Pero la del presidente del Fondo Monetario Internacional me hizo pensar en que la culpa de que no nos tomen en serio es de nosotras, las mujeres, que preferimos callarnos y no acusar y demandar al hombre que nos ultraja.

Cuando estalló el escándalo, la prensa francesa se rasgó las vestiduras ante la brutalidad de la justicia norteamericana y el trato injusto que le daban a un personaje. Hoy los medios en Francia han cambiado su postura. En una sociedad arcaica en la que no existe un equilibrio de poderes y la élite política y social se siente por encima del poder judicial, según el periódico Le Monde, la prensa está dando la vuelta y aceptando que esta es una lección de democracia.

¿Habrá un día en que los hombres entiendan que hay que pensar con la cabeza y no con el sexo, y que las mujeres se respeten a sí mismas para que los demás hagan lo propio?

Por Lila Ochoa
Directora Revista Fucsia

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