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Sí a lo natural

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Katya Warner es diseñadora industrial de elementos sostenibles y ahora está dedicada a Ecotú, una propuesta de productos orgánicos para niños.

 
Los peores enemigos de Katya Warner son los parabenos, esos químicos que la industria cosmética y farmacéutica usa para conservar sus productos. Su obsesión por el tema comenzó hace diez años, cuando se empezó a fijar, de forma minuciosa, en todos los componentes que tenían las cosas que usaba. No había crema, champú o pasta de dientes que no revisara a cabalidad para asegurarse de que estuvieran libres de elementos nocivos.

Su interés por lo natural viene desde los 5 años, cuando se subía a la azotea de su casa en Barranquilla para bañarse con el “agualluvia” que recolectaba en un balde. “Me di cuenta de que el agua sí se podía acabar”, cuenta. Así, cuando se fue a estudiar Diseño Industrial en Savannah College of Art and Design, en Estados Unidos, supo que tenía que canalizar todo su interés por el medio ambiente creando materiales. Luego volvió a Colombia e hizo una maestría en Gerencia Ambiental. Vivió en Hamburgo y Nueva York, donde diseñó para la marca Camper unos zapatos que después de que cumplían su función podían ser plantados. También participó en la confección de Mirra, la famosa silla de Herman Miller que se puede reciclar más de 200 veces. Sin embargo, eso no fue suficiente. Su interés por todas las sustancias nocivas que a diario ponemos en nuestros cuerpos la llevó a toparse con una investigación que decía que el cordón umbilical de un recién nacido tiene hasta 287 químicos y contaminantes.

En un momento de la vida en que convertirse en madre está más cerca que antes, su preocupación se extendió hacia los niños y los elementos nocivos que se les aplican sin conciencia. Así nació Ecotú, una marca que ofrece productos ciento por ciento orgánicos para los bebés y sus madres. “La marca me estaba dando vueltas en la cabeza desde el 2005 cuando trabajé con químicos. Mi exjefe, Michael Braungart, un día hizo un comentario acerca de la cantidad de químicos que hay en la leche materna, que me dejó pensando. Luego me encontré con el estudio sobre el cordón umbilical y tuve que hacer algo”.

Eso, y el hecho de que Colombia sea un país con un alto índice de biodiversidad y un vasto patrimonio cosmético indígena, es la excusa perfecta para hacer algo al respecto. Los productos que Katy vende son tan naturales, que si los bebés se los llegaran a comer no pasaría nada. Sus estándares de calidad son los más altos y los ingredientes que utilizan son naturales y funcionales. Algunos de los más populares son el champú 3 en 1 que tiene 87 por ciento de contenido orgánico; también las gotas relajantes hechas de aceites esenciales que serenan a los niños y a los papás, y la crema que humecta y consiente con aloe, lavanda y manzanilla.

Para Katya, lo más gratificante de haber dejado de trabajar en el Sena y de aceptar clientes en su empresa de diseño, es ver cómo las personas aprecian sus productos. “No los compran porque les dicen, sino porque notan el cambio inmediato en el pelo o en la piel”, anota. Ahora que su marca está despegando agradece a la vida no haberle hecho caso a los que le dijeron que Ecotú, una marca con excelente calidad a precios bajos, era algo imposible. Por ahora, dice que solamente tenerlos en las manos es un logro inmenso y que el paso siguiente es comercializarlos para que se puedan comprar en supermercados. Mientras eso pasa, la mejor manera de tener un producto Ecotú es a través de su página: www.ecotu.com.co

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