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La vida de Adèle: un triunfo teñido de controversia

Revista FUCSIA

La vida de Adèle: un triunfo teñido de controversia La vida de Adele/Foto: Babilla Cine

La cinta recrea la relación entre dos jovencitas y fue la ganadora del Festival de Cannes. Pero no no solo ha creado polémica por las explícitas imágenes sexuales lésbicas, sino por la batalla en la que se han enfrascado su director y las protagonistas.

Por primera vez en la historia del Festival de Cannes un director se alzó con la Palma de Oro al mismo tiempo que las dos actrices protagonistas de su película. El tunecino Abdellatif Kechiche y las francesas Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux marcaron un quiebre en los premios gracias a un estremecedor testimonio de amor lésbico que se dio a conocer poco después de que en Francia se aprobara el matrimonio gay.

La vida de Adèle es en sí misma una pequeña revolución que surge del deseo que siente  una adolescente de 15 años por Emma, una estudiante de artes, de pelo azul, con la que se topa accidentalmente y con la que poco a poco descubre su verdadera identidad a través de lo que implica el primer amor. Esa carga erótica entre ambas, que luce tan natural en pantalla, es la que hoy tiene a la película salpicada de detracciones que opacan su esencia, a medida que se revelan pormenores de su rodaje.

Después de los aplausos de la crítica y de que Steven Spielberg, presidente del jurado de este año, la nombrara como una obra maestra, la distribución en los distintos países ha apuntado a un recorte de escenas por su connotación sexual o a la censura de su muestra. Así ocurrió en Idaho, Estados Unidos, donde se imposibilitó su llegada debido a que la ley prohíbe “la exhibición pública de actos o actos simulados de relación sexual, masturbación, sodomía, masoquismo, copulación anal o flagelación”.

Si bien La vida de Adèle, basada en la novela gráfica El azul es un color cálido, de Julie Maroh, no se focaliza del todo en la relación sexual de las protagonistas, sí la toma como un componente definitivo que marca la transformación tanto de la historia como de los personajes. A las imágenes sugestivas y únicas de este amor entre jovencitas se han sumado las polémicas declaraciones de Adèle Exarchopoulos, de 19 años, y Léa Seydoux, de 28, quienes aseguraron no querer volver a trabajar con Abdellatif Kechiche, porque fueron sometidas a extraños métodos durante cinco meses y medio de rodaje cronológico, para lograr la naturalidad que él les exigía.


Imágenes: Babilla cine



El perfeccionismo del cineasta lo llevó a hacer innumerables tomas de una misma escena, como aquella en que las protagonistas se cruzan durante treinta segundos para demostrar con solo gestos que su atracción comienza en un encuentro casual. “Al final, Kechiche estalló en cólera porque después de cien tomas, al pasar cerca de Adèle me reí un poco porque habíamos estado caminando y haciendo el encuentro de miradas tanto tiempo. Fue muy divertido pero él se puso tan loco que agarró el pequeño monitor con el que seguía el rodaje y lo tiró a la calle, gritando: ‘¡No puedo trabajar en estas condiciones!’”, le contó Seydoux, la más radical en sus comentarios, a The Daily Beast.

Sin embargo, fue la escena central de sexo la que ambas actrices recuerdan con mayor sinsabor, pues no era una coreografía como en la mayoría de las películas. Transcurrieron diez días seguidos para obtener el resultado que dura diez minutos de proyección los cuales incluyen secuencias de golpes. “Se puede ver que realmente estábamos sufriendo. Con la escena de la pelea, fue horrible. Ella me golpeaba muchas veces, y Kechiche gritaba: ‘¡Pégale, pégale otra vez’”, dijo Exarchopoulos al tabloide. A lo que Seydoux añadió: “Kechiche filmó con tres cámaras, por lo que la escena de la pelea fue una toma continua de una hora. Y durante el rodaje tuve que empujarla fuera de una puerta de cristal y gritar: ‘¡Ahora vete!’. Adèle golpeó la puerta y se cortó a sí misma, estaba sangrando por todas partes y llorando; entonces Kechiche dijo: ‘No, no hemos terminado. Vamos a hacerlo de nuevo’”.

La guerra abierta entre el director y las actrices se intensificó con la promoción de la película en Estados Unidos. Al principio, Kechiche, quien también ha hecho Cuscús (2007) y Venus Noire (2010), manifestó que La vida de Adèle no debería ser estrenada porque se ha ensuciado demasiado. La Palma de Oro fue un breve momento de felicidad, pero desde entonces me siento humillado, deshonrado, rechazado, vivo todo ello como si estuviera maldito”. Sin embargo, un nuevo capítulo, que mantiene la película en los primeros puestos en los países en los que se ha estrenado, provocó que el tunecino se manifestara con declaraciones más mordaces y calificara a Seydoux de ser “una niña arrogante, oportunista y mimada”.


Imágenes: Babilla cine

En una carta abierta en la publicación digital francesa Rue89 que estaba dirigida “a quienes querían destruir La vida de Adèle tanto en Francia como en el extranjero”, el director le proponía a la ministra de Cultura debatir el estado del cine francés, acusaba al semanario Le Monde de declaraciones falsas sobre su método de trabajo y hacía énfasis en el comportamiento de Léa Seydoux. “La señorita Seydoux, quien después de haberme dado las gracias repetidas veces en público y en privado, y que lloraba en mis brazos en Cannes por permitirle asumir este noble papel, cambió radicalmente su actitud hacia mí y empezó a calumniarme con mentiras, exageraciones y una inconsecuencia que asombra. ¿Cómo explicar acusaciones tan graves y este giro de 180 grados un año después del rodaje, y luego de tantas demostraciones de admiración, amor y reconocimiento? Tiene obligaciones de las que deberá rendir cuentas. Tendrá que explicarse ante la justicia porque ella también es una persona mayor y responsable de sus actos”.

Sea verdad, una simple fórmula para difamar el trabajo de Kechiche o una estrategia publicitaria para que la película sacuda cada rincón en el que se mueve, La vida de Adèle, que será estrenada en salas de cine colombianas en el 2014, logra su cometido y no ha dejado de resonar a partir de su estreno en Cannes. La película, que exhibe un romance marcado por la casualidad, se absorbe lentamente en cuidadosos close-ups y se recubre de escándalos propios del melodrama que divaga entre la pasión y el desprecio para establecerse desde ya como un mito.

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