COMENTARIOS

Cuando la moda se vuelve arte

Lila Ochoa

Cuando la moda se vuelve arte Cortesía CHANEL.

Una virgen el Renacimiento , una princesa medieval o una belleza de los años 20 son algunos de los temas recurrentes en las colecciones de alta costura para este otoño. Estas no son prendas para la vida diaria, son objetos de arte que lucen las muejres más ricas y poderosas del mundo.

Las colecciones se presentan en París durante julio y es esta la oportunidad que tienen los diseñadores de lucirse con los montajes de sus desfiles, tal como se demuestra con las paredes de flores que se inventó Raf Simons para su primera colección con Dior, o el salón palaciego que mandó a construir Karl Lagerfeld para Chanel en el Grand Palais. La alta costura está hecha para clientas a las que se les hace la ropa a la medida y que se puedan dar el lujo de pagar alrededor de treinta mil dólares por cada vestido. Que no lo quieren ver puesto en otra mujer y menos en una celebridad.

Este no es un tipo de ropa que marque tendencias, pues las prendas son tan trabajadas que es casi imposible copiarlas. Por eso es difícil que se masifiquen. Son prendas únicas, verdaderos objetos de arte. Una chaqueta básica puede costar cincuenta mil dólares y las piezas con trabajo más elaborado pueden alcanzar los ciento cincuenta mil. La alta costura no es precisamente barata. Este es un mundo donde, por ejemplo, una piel de mink es cortada en tiras para crear un intrincado dibujo y en donde bordar un puño de una chaqueta puede tardar cientos de horas. Se podría decir que son una inversión, pues últimamente ha surgido el interés en coleccionar este tipo de prendas. Lady Gaga acaba de subastar un vestido de Alexander McQueen por ciento cincuenta mil dólares y los museos se pelean por adquirir ese tipo de prendas para sus exposiciones. Se dice que este es el momento de comprar Dior, pues una primera colección se vuelve más valiosa con el tiempo que una segunda o tercera.

Los mejores ejemplos de la alta costura corren por cuenta de Karl Lagerfeld, el maestro de maestros, quien presentó una colección para Chanel con una silueta ya establecida, pero con unos efectos de color muy novedosos. Los famosos tweeds de la casa francesa eran en realidad piedras y bordados trabajados de tal manera que los hacían ver como ese tipo de tela, sin serlo. El talento de Lagerfeld es infinito, pues siempre logra un toque novedoso y moderno en cada temporada. Se vieron muchos pantalones anchos y fluidos con unas blusas ajustadas. Los sastres, con una versión más larga de la famosa chaqueta y los vestidos en patchwork bordados con pedrería y lentejuelas, fueron la sensación. En cuanto a colores, el gris y el rosado dominaron la paleta. Una muestra con detalles muy elaborados, pero también con una narrativa.

Una de las pasarelas más esperadas por los periodistas y el público era la de Dior, pues se trataba del estreno de Raf Simons, hasta ahora el diseñador de Jil Sanders. En primera fila se sentaron no solo diseñadores como Marc Jacobs, Alber Elbaz, Donatella Versace y Diane von Fürstenberg, sino también todas las celebridades que se encontraban en París en ese momento. La colección se presentó en una mansión privada en la Avenue d’Iéna. Cada uno de los salones tenía las paredes tapizadas en flores frescas —se utilizaron cerca de un millón—, uno en azules, otro en blanco y el último con una mezcla de rosas amarillas y peonias rosadas. Un homenaje a Christian Dior, quien adoraba las flores y cultivaba su propio jardín.

Lo más complicado de entender de la moda es que el futuro está en el pasado, y eso fue precisamente lo que llevó a Raf a inspirarse para su primera colección con la casa Dior. Simons es un diseñador experimentado cuyas seguidoras aman la elegancia y disciplina de su estética. Solo tuvo dos meses para estudiar los archivos de la casa y de revisar los proveedores. ¿Cómo será dentro de dos años, cuando ya se haya ajustado a los protocolos?

Abrió el show con sastres tipo esmoquin y pantalones estrechos, muy chic. Terminó con unos vestidos en tul y organza bordados en la espalda, con delicadas flores en un color y en el frente otro más intenso. Una mezcla entre el Yves Saint Laurent y el Dior de los años 50. Ideas no muy originales, pero muy lindas que con el tiempo tendrá que modernizar. Después de esta, su primera colección, seguramente Raf Simons se convertirá en una figura significativa en el ámbito de la moda francesa.

Elie Saab también escogió el Grand Palais para su desfile, que contó con un público que parecía sacado de una película de Bollywood o de uno de los cuentos de las Mil y una noches. Su fiel clientela de Oriente Medio estaba toda presente. Los encajes y la pedrería fueron los protagonistas de la pasarela. El diseñador logró un efecto muy dulce, sin ser empalagoso. Los vestidos en colores pasteles estaban cubiertos con flores de tul y bordados metálicos con cuentas de cristal. Perfectos para una noche de gala.

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.