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Hysteria femenina Hysteria femenina

Comencemos por el principio: esta película se trata de cómo el doctor Joseph Mortimer inventó el primer consolador eléctrico para tratar lo que se conocía como “histeria femenina”… (pero antes de seguir quiero dejar algo claro: en esta nota no voy a hablarles sobre cómo funciona el placer de la mujer a través de la masturbación, sobre todo porque soy hombre).

Ahora bien, sitúen el tema (consolador = placer) en un espacio-tiempo (la Inglaterra de finales del siglo XIX) y les da una película que, más allá de un mensaje social, es divertida, perfecta para un domingo en la tarde. No se trata de un relato elaborado, sino de una pieza que entretiene.

La combinación entre una sociedad “estirada” y un tema que era —y puede que hoy en día siga siendo— un tabú muestra de manera divertida algo evidente: el placer está sobre el decoro… todos los seres humanos vivimos en una eterna búsqueda de experiencias placenteras en medio de una sociedad que tiene unas “reglas implícitas” sobre lo correcto.

De todos modos para el espectador será claro que Hysteria intenta llevar una crítica social feminista, ya que su protagonista, Maggie Gyllenhaall, no persigue su disfrute sexual, sino la igualdad política, laboral y familiar. En este caso la medicina colabora y les da a las mujeres algo que se les mantenía vedado. Sin embargo, la forma como está narrada la película, en medio de escenas de masturbaciones a mujeres de mediana edad, hace que este mensaje se pierda y sea reemplazado por un humor que, sin salirse del tono, sustituye toda la profundidad que claramente el guion quiere imprimir.

Desde mi humilde punto de vista, lo interesante de esta cinta es la relación que establece entre la hipocresía de la sociedad, el tabú y las necesidades básicas: todas las mujeres (en la Inglaterra del siglo XIX y la Colombia del XXI) desean obtener placer sexual, pero la sociedad a veces lo niega, y el principal motivo es que una cosa es lo que pasa “dentro de la alcoba” y otra muy diferente expresarlo fuera de ella.

Y esta es realmente la función de la película: decirles a todos los que la vean que existe una necesidad que tiene solución, independientemente de los ojos que ponga o la actitud que asuma la sociedad (y de que todos en ella “se hagan los locos” o nieguen su relevancia): hay un aparato que se inventaron en el siglo XIX que les ayuda a las mujeres a “cumplir una necesidad”. Lo divertido es que hemos evolucionado… en esa época a esa necesidad se le llamaba “hysteria”.

De hecho, esta hipocresía, que pienso es el tema para reflexionar, es clara desde el título del filme: la histeria era una condición mental que le daba a un tipo de mujer con ciertas insatisfacciones que claramente un hombre no tenía; no tengo que entrar en detalles para que me entiendan por qué no se hablaba de la “histeria masculina”.

Todos estos mensajes están envueltos en un humor más cercano a lo “pícaro” que a lo morboso. En este sentido, hay que destacar la primera escena, donde pasan de “lo manual” a lo eléctrico y nadie en la sala de cine es capaz de saber si van a lograr el resultado esperado, pero obviamente lo hacen en medio de la secuencia más divertida de la cinta: especialistas (hombres) inocentes y temerosos (recuerden que la electricidad era relativamente nueva) y una señora muy snob que finalmente tiene un orgasmo, tan natural y básico que produce risa, pues nos demuestra que todas las mujeres son iguales.

Hysteria está hecha para mujeres, para que tengan un tema de conversación que generalmente callan, para reírse internamente y pensar que pueden cumplir sus fantasías, siempre sabiendo que una cosa es lo que pasa en la intimidad y otra lo que se expresa ante la sociedad.
Ahí está su relevancia. El resto son escenas divertidas que nos recuerdan que estamos en un mundo que por más que evolucione siempre va a tener una sociedad reservada ante estos temas.

Personalmente creo que estos espacios son sanos y entretenidos. Si una película como esta deja un mensaje que hace que “de puertas para dentro” las cosas mejoren, habrá valido la pena pagar la boleta.?De pronto el cine puede evitar la “histeria femenina”, que definitivamente no conozco porque soy hombre, pero que he visto y vivido. En este punto se pueden dar cuenta de que las mujeres van a tener una interpretación de esta película muy diferente a la que yo tuve.

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