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La ‘novia’ de Francia

Camándula.

La ‘novia’ de Francia AFP

En una figura sin precedentes en la historia de Francia, Valérie Trierweiler conforma con François Hollande, hoy presidente del país galo, una pareja que convive sin haberse casado.

Desde que Valérie Trierweiler empezó a figurar ante el mundo como la pareja oficial del recién elegido presidente de Francia, François Hollande, la prensa le sigue los pasos muy de cerca. Y ahora el nuevo estilo de esta periodista de 47 años, que había asegurado que no usaba prendas de grandes modistos, empieza a tener tanta repercusión comercial, que los dos modelos de zapatos Yves Saint Laurent que usó en Estados Unidos durante el programa organizado por Michelle Obama para las esposas de los mandatarios de 28 países que participaron en la Cumbre de la Otan, se agotaron inmediatamente en la página web de ventas de firmas de lujo, Net-a-porter.com

Valérie es conocida en su país como una bella mujer de recia personalidad, sobria y elegante, que estudió Historia y Ciencias Políticas en la Sorbona de París, y entró a trabajar como reportera política en la revista semanal Paris Match, e hizo entrevistas sobre este mismo tema en la cadena de televisión Direct 8.

Muy joven se casó con Frank, un amigo de infancia, luego se separó y volvió a casarse con el filósofo y jefe de redacción de Paris Match, Denis Trierweiler, padre de sus tres hijos, hoy adolescentes, y de quien conserva su apellido por estar en trámite su divorcio.

Fue bautizada Valérie Massonneau, apellido de una familia fundadora y propietaria de bancos de la ciudad de Angers, que quedó en la ruina durante la Segunda Guerra Mundial, época en que Jean-Noël Massonneau, de 12 años, quien posteriormente sería el padre de Valérie, perdió una pierna cuando jugaba en un campo minado y al cabo de un tiempo vivió sobre todo de su pensión de invalidez.

Valérie nació el 16 de febrero de 1965 y creció como la quinta de seis hermanos, en un pequeño apartamento de protección social, lleno de libros, mientras que su madre trabajaba como cajera en una pista de patinaje sobre hielo. “No eran burgueses, pero tampoco gente de un medio popular”, contó un vecino de la familia.

El hombre de su vida

En las elecciones parlamentarias francesas de 1988, Valérie conoció al profesor de Economía de la Universidad de París, François Hollande, de 34 años, pero su romance no comenzó sino hasta el 2005, estando ella todavía casada con Denis Trierweiler, mientras Hollande compartía su vida con la política Ségolène Royal, madre de sus cuatro hijos. En el 2006, ambos se separaron y se fueron a vivir juntos en un discreto apartamento situado en el barrio Quince de París, pero su historia de amor permaneció en secreto hasta que oficializaron su relación en el 2010. Durante las últimas semanas de la campaña electoral de Hollande, Valérie empezó a salir de la sombra para acompañarlo en las reuniones más importantes del Partido Socialista. Para no tener conflicto de intereses, dejó de cubrir la información política, empezó a escribir las reseñas culturales de la revista, y no volvió a participar en las juntas de redacción donde se escogen los temas y los enfoques de los artículos. Pero dejó en claro: “Quiero seguir trabajando. Tengo que mantener tres hijos, que naturalmente no vivirán del presupuesto del Estado”, pero, siendo realista, declaró posteriormente: “Ya veremos. Ninguna solución es fácil”.

En el despacho general de la campaña de Hollande le fue asignada una oficina, que según algunos apenas utilizó, porque solamente se ocupaba de detalles menores; mientras otros aseguran que ella le escribía los discursos y le conseguía las citas con personajes importantes. Por su parte, Valérie dijo en la revista Femme Actuelle: “Me siento orgullosa de cuidar a un hombre al que nunca me canso de escuchar. Por supuesto, aplaudir al hombre que amo y seguir siendo periodista ya no es para mí un problema. Lo aclamo con los brazos en alto, como si fuera la mujer de un futbolista”.

El 6 de mayo, cuando se anunció la victoria de Hollande, la pareja se besó por primera vez en público, mientras al fondo se oía un acordeón que interpretaba La vie en rose, canción que Valérie había escogido para la ocasión. Y cuando le preguntaron por qué Edith Piaf, contestó graciosamente: “Es un secreto de Estado”.

Librepensadora
La llegada de François Hollande y Valérie Trierweiler al Palacio del Eliseo ha puesto de cabeza a los encargados del protocolo, ya que es la primera pareja no casada que llega a la Presidencia en la historia de la República francesa. Al parecer, su estado civil puede afectar los temas de Estado porque no todos los países son tan condescendientes como Estados Unidos, donde voceros de la Casa Blanca afirmaron que para ellos este tipo de situación no representa ningún problema.

“Creo que la mayoría de los estadounidenses está de acuerdo con esta relación porque es parte de la forma particular de vivir de los franceses”, dijo a la AFP, William Galston, experto en política y filosofía del centro de investigación del Instituto Brookings. Y agregó: “Muchos de nosotros no hemos olvidado la reveladora foto del funeral del presidente Mitterrand”, aludiendo a la presencia de la familia legítima e ilegítima del expresidente socialista. Y añadió: “Los estadounidenses aceptan presidentes divorciados, como Ronald Reagan, pero no creo que hubiesen elegido a uno que no estuviera casado con su pareja, pero esto podría cambiar”. Por su parte, Brian Williams, famoso presentador de la NBC, concluyó: “Francia es un país muy diferente al nuestro cuando se trata del amor, el matrimonio y la política”.

Probablemente en Gran Bretaña sean igualmente tolerantes, si se tiene en cuenta que la reina Isabel II invitó al cantante Elton John y a su compañero David Furnish al matrimonio del príncipe Guillermo. Mientras que Alemania también aceptó en todos los actos protocolarios al ministro de Relaciones Exteriores, Guido Westerweller, con su compañero sentimental, el empresario Michael Mronz.

La actitud del Vaticano y de la mayoría de los países árabes puede no ser tan flexible y menos aun la de la Casa Imperial japonesa, tajante y estricta en materia de protocolo. En India también pueden presentarse problemas, a juzgar por la experiencia vivida por Nicolas Sarkozy durante las primeras semanas de su relación con Carla Bruni, cuando tuvo que viajar solo porque las costumbres de ese país prohibían recibir a un presidente acompañado de una mujer “ilegítima”.

Sin embargo, parece que en principio la situación no va a cambiar, porque según dijo Valérie recientemente a la prensa: “No queremos casarnos por obligación, este es un tema que solamente concierne a nuestra vida privada”.

Una mujer ‘chic’
Sencilla, independiente y franca, la octava Primera Dama de la V República Francesa ha dejado en claro en el diario The Times de Londres que no será una figura decorativa: “Estoy de acuerdo con representar la imagen de Francia, estar bien vestida, hacer las sonrisas necesarias, pero no pienso limitarme a los aspectos protocolarios, ni seré una mujer florero”. Lo que muchos ponen en duda es que sí pueda seguir siendo la discreta mujer que pasa inadvertida para ir en bicicleta al mercado, al gimnasio o a la piscina.

Atractiva, femenina, glamurosa e indiscutiblemente francesa, sus fanáticos ponderan su look clásico de gabardina y tonos tierra, y su belleza complementada con escaso maquillaje que camufla tras unas gafas oscuras.

Contemporánea, inteligente, culta y al día en la tecnología, sus 57 mil seguidores en Twitter la llaman cariñosamente ‘la Tuitweiler’, y admiran sus eruditas reflexiones sobre escritores como Mario Vargas Llosa o Tennessee Williams.Enérgica, decidida y de carácter firme, sus tajantes actitudes levantan ampolla en detractores como el diputado de la derecha Lionnel Luca, quien en lugar de ofenderla al llamarla ‘Rottweiler’, logró un torrente de críticas en su contra.

En medio de unos y de otros, pero sin tomar más partido que el de su gran amor, Valérie asegura con calma y complacencia: “Simplemente estoy orgullosa de acompañar al nuevo Presidente de la República y me siento feliz de compartir la vida con François”.

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