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Las gorditas también quieren

Arnoldo Mutis.

Las gorditas también quieren Las gorditas cuyos maridos las adoran como son, pueden verse a sí mismas poco atractivas si creen que su silueta no encaja en la 'norma'.

La gran mayoría de las mujeres con sobrepeso que buscan ayuda médica lo hacen porque están teniendo problemas de desempeño en la cama, señalan los expertos.

El tiránico régimen de los medios de comunicación les impone a las mujeres sentirse, verse y, sencillamente, ser sexis. A la vez, la obsesión con el peso corporal, que ha llevado al alza de los trastornos alimenticios y la proliferación de dietas perjudiciales para la salud, dicta que el atractivo sexual y los kilos de sobra son como el agua y el aceite. En otras palabras, ello prácticamente significaría que cuando de seducir se trata, las gorditas tienen pronóstico reservado a la hora de competir con las rivales esbeltas calcadas de los figurines de moda o de las protagonistas de series de televisión como Sex and the City o Amas de casa desesperadas, que tanto han contribuido a fijar esos estereotipos.

“La gente esta interiorizando las definiciones que la sociedad ha creado acerca de lo que envuelve el sexo, particularmente en lo que tiene que ver con la forma del cuerpo. Hay claros sesgos que nos están influenciando en el campo individual y no de la mejor manera”, dijo vía correo electrónico Martin Binks, sicólogo clínico y director de salud conductual del Centro de Dieta y Estado Físico de Duke University, en Durham (Carolina del Norte).

Preocupada por el incremento en su consulta de mujeres que renunciaron a las relaciones íntimas por su sobrepeso, Cindy Meston, una colega de Binks, estudió la relación entre el cuerpo femenino y la satisfacción sexual, y concluyó que la seguridad física y emocional actúa dramáticamente en la excitación de ellas. “Todas las mujeres anhelan ser extraordinariamente deseadas”, dice Meston en su estudio, y continúa: “Novias o esposas no solo anhelan estar con un hombre que quiera tener sexo, sino con un hombre que quiera tenerlo exclusivamente con ellas”. Más aun, las mujeres a menudo fantasean con la idea de ser tan irresistibles para sus hombres, que estos las raptan y las violan, según testimonios recogidos por otra sicóloga, Marta Meana, también intrigada con el tema. Ello explicaría, según ella, el actual éxito sin precedentes en Estados Unidos de la novela erótica Fifty Shades of Grey, que si bien gira en torno a parafilias como la sumisión y la dominación, ilustra la interminable fascinación de las mujeres con el deseo de los hombres de poseerlas, al decir de Meana.

Hoy, el bombardeo de publicidad de aparatos para mantener la línea, el repudio a las tallas superiores a seis, las pasarelas con modas que solo les vienen bien a las flacas, está minando ese sensible aspecto de la sexualidad en muchas mujeres con sobrepeso. Tanto, que según un estudio dirigido por Martin Binks, la mayoría de las mujeres que buscan ayuda por problemas de obesidad, lo hacen motivadas porque padecen inconvenientes en sus experiencias de alcoba.

Lo curioso, es que la ciencia médica, de cierto modo, les da la razón a los que creen que al sexo no le simpatiza mucho la gordura, pero por razones que van más allá del verse bien. Al buscar las causas del bajo o nulo deseo sexual o la falta de orgasmo, resulta que están ligados a condiciones que coexisten con la obesidad. “Problemas como el colesterol alto o la diabetes tipo 2 afectan el desempeño sexual y, por ende, aminoran el deseo, tanto en hombres como en mujeres”, afirmó recientemente el doctor Andrew Collough, director de salud sexual del Centro Médico de la Universidad de Nueva York. En un artículo sobre sexo y sobrepeso, aparecido en The Hufftington Post, el médico explicó que las diminutas arterias que irrigan sangre al pene, en el caso de los hombres, se pueden cerrar cuando empiezan a formarse depósitos de grasa. Ello desemboca en problemas de disfunción eréctil. Lo mismo, agrega McCollough, les puede suceder a las mujeres con los vasos sanguíneos que conducen sangre al clítoris (el área de la vagina más estrechamente relacionada con la respuesta sexual), lo cual conduce a una baja motivación para la pasión.

A mayor gordura, de otro lado, más altos los niveles del químico natural conocido como globulina fijadora de hormonas sexuales, llamado así porque se fija a la hormona testosterona, responsable del apetito libidinoso. Estudios sugieren que cuanta más testosterona acapare la globulina fijadora, menor será el deseo.

Bajar de peso ayuda
Recientes análisis del Instituto de Salud Pélvica y Sexual del Graduate Hospital de Filadelfia, mostraron que perder al menos cinco kilos contribuye a menudo y casi de inmediato a liberar más testosterona y, por consiguiente, a aumentar las ganas de hacer el amor. Una de las líderes de la investigación, la doctora Susan Kellog, explicó que incluso no es necesario rebajar para gozar más en la cama, sino hacer cambios en la dieta, como comer alimentos bajos en grasa y más frutas y vegetales, que mantienen el azúcar y al colesterol bajo control. A propósito, Martin Binks anota: “He notado que cuando los pacientes (con sobrepeso) empiezan a cuidar mejor de sí mismos, refieren una sustancial alza en su interés por el sexo. Adoptar un estilo de vida saludable, favorece, así no se reduzca el peso”.

Las nuevas estrategias, además, no le dan al ejercicio la misión única de disminuir los kilos, lo cual a veces resulta fastidioso para los pacientes. Ahora se trata de beneficiar a la líbido por medio de rutinas pensadas para el área genital, lo que se traduce en una mejor actividad sexual, como lo advierte Kellog. “Cualquier actividad que incremente el flujo de sangre a los músculos de las caderas, los glúteos y la pelvis, como el yoga, la caminata a paso ligero o el ciclismo, durante 20 minutos, tres veces a la semana, va a irrigar a los genitales con una mejor circulación”, aconseja. En concreto, los beneficios son el retorno del deseo, mayor excitación y lubricación de la vagina, al igual que mejores orgasmos.

Kellog habla de “suplementos” para reforzar los efectos de un régimen sano, como la lectura de textos eróticos durante 20 minutos, tres veces a la semana. Esto con el fin de dejar de pensar por un momento en temas tan demandantes como las oficios del hogar y el trabajo, o el cuidado de los niños, para enfocarse únicamente en el sexo. “Ello le hace bien a la líbido”, promete la experta.

Como se recuerda, el principal órgano sexual es la mente, donde hombres y mujeres, tanto gordos como flacos, elaboran la imagen que tienen de su propio cuerpo. Si esa apreciación es pobre, lo más probable es que se empiece a odiar ese cuerpo, un pase seguro para dormir solos. El problema de las que tienen sobrepeso, o se sienten que lo tienen, es que están demasiado conscientes de cómo lucen y ello inhibe su erotismo. Y tiene que ser así, según aclara la sicóloga experta en imagen, Abby Aronowitz, autora del libro Your Final Diet: “El epítome de la sexualidad es abandonar la conciencia de sí mismo para experimentar el momento intensamente. Si alguien está pendiente de este gordito aquí o de esta “llantica” allá, o de cómo se le ve el trasero, es muy difícil disfrutar de ese momento y mucho menos estar ahí para la pareja”. Para la doctora Kellog, las mujeres sienten más el impacto de esta obsesión que los hombres. Aquellas que tienen maridos o compañeros sexuales que las adoran como son, incluso, pueden verse a sí mismas poco atractivas si creen que su silueta no encaja en la “norma”. ¿La solución? Buscar ayuda profesional con un experto en imagen y peso, especialidades hoy en auge, gracias a este nuevo fenómeno.

Y puede ayudar, acota Martin Binks, recordar que solo 30 por ciento de las personas con libras de más tienen dificultades con el sexo, mientras que al 70 por ciento restante le va divinamente. “No le compre a la sociedad de consumo la idea del cuerpo perfecto y permítale a su propia sexualidad y sensualidad florecer en la figura que la naturaleza le dio”, concluye Aronowitz.

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