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Una lección de vida Una lección de vida

El talento y la pasión actoral de Marion Cotillard iluminan Rust and Bone, una película descarnada y sombría que contrasta con su belleza y poesía.

Semejante a las princesas de hielo inventadas por el cine francés, al estilo de Catherine Deneuve, aparentemente fría e imperturbable, dulce e introvertida, a los 37 años Marion Cotillard parece una jovencita con su 1,68 de estatura, pero crece y se convierte en un gigante de la pantalla cuando da rienda suelta a su fuerza interpretativa. Criada con una noción de libertad que la hace sentir que todo es posible y que puede aspirar a cualquier cosa, escoge el papel que se le mete en la sangre, que la obsesiona, y siente la necesidad de contar esa historia. Nunca elegiría un proyecto por dinero y se siente afortunada de no tener que hacerlo.

Admira a los hombres auténticos, que expresan sus emociones y están conectados con el mundo y con la vida. Y como pudo comprobar en Little White Lies (‘Pequeñas mentiras sin importancia’), la inspira trabajar con su pareja, el actor y director Guillaume Canet, a quien considera un trabajador empedernido que siempre encuentra belleza en las historias que cuenta y es el padre de Marcel, su hijo de año y medio, que desde que nació ilumina su vida.

Dueña de ese glamur que caracteriza a las francesas, Marion ha sabido descubrir el arte de la moda realizando proyectos creativos en internet y revistas, en estrecha relación con la casa Dior. Cree en la gente que tiene una fe inquebrantable, como Wangari Maathai, la fundadora del movimiento Cinturón Verde a favor de la protección ambiental en África y Premio Nobel de Paz 2004.

Defensora de la naturaleza y miembro de Greenpeace, ante la reacción negativa del grupo Animal Defenders International por haber utilizado ballenas en cautiverio en la película Rust and Bone, Marion declaró: “Me sentí muy angustiada al ver a las ballenas fuera de su hábitat. Allá conocí personas maravillosas que aman los animales y sienten pasión por lo que hacen, y las respeto, pero nunca las comprenderé. Yo no conozco un zoológico y jamás volveré a un Sea World, pero tenía que hacer mi trabajo”.

Hija del actor y realizador Jean-Claude Cotillard y de la actriz y profesora de arte dramático Niseema Theillaud, Marion nació en París el 30 de septiembre de 1975, dos años antes de que sus hermanos mellizos, Guillaume y Quentin. “De niña me fascinaba la vida de mis padres, por la relación que tenían con la gente con la que trabajaban y con el público, personas que muchas veces no se conocían, pero que compartían historias y emociones”.

Después de actuar en teleseries, a los 19 años, ambiciosa y muy segura de sí misma, Marion ganó el primer premio en el Conservatorio de Arte Dramático de Orléans. Actuó en la película L’histoire d´un garçon qui voulait qu’on l’embrasse, en la comedia Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle), en La belle verte, traducida como ‘Planeta libre’, y en Taxi, largometraje que le otorgó una nominación al César como Mejor Actriz Revelación. En el 2000, para actuar en Les jolies choses, recibió clases de canto que después le sirvieron mucho para encarnar a la estrella de la canción francesa Edith Piaf. En 2003 debutó en el cine estadounidense con Big Fish, y descubrió que le interesaban más los directores que Hollywood.

Alternó teleseries con una docena de películas, hasta que recibió el César como Mejor Actriz de reparto en el 2005 con Largo domingo de noviazgo. En el 2007, el director Olivier Dahan la escogió para protagonizar La vie en rose, atraído por el brillo de sus ojos grises, que le recordaban la melancólica mirada de El Ruiseñor de París. Después de muchas lecturas y ensayos para lograr el ritmo y la respiración correctas, capturó el alma de Edith Piaf en una interpretación íntima, intensa e inmortal que rebasó las ovaciones, conquistó a la crítica, ganó en los festivales de Cannes, Cabourg, Palm Springs y Vancouver; un Satellite Award, un César, un Globo de Oro, un Bafta, una ovación de quince minutos en Berlín… y el Oscar en el 2008. Este reconocimiento la convirtió en la primera actriz que lograba este premio con una película francesa.

En noviembre del 2012, con 82 músicos de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y más de cien cantantes y actores dirigidos por Marc Soustrot, protagonizó el oratorio Juana de Arco en la hoguera, del suizo Arthur Honegger (1938), escrito en forma de flashback, en el que la mártir recordaba toda su vida antes de morir. El concierto fue transmitido en directo por medici.tv, plataforma digital líder mundial en música clásica que permite reproducirla a la carta durante los tres meses siguientes .

Frente a la adversidad
El cineasta francés Jacques Audiard, ganador del Premio del Jurado 2009 por El profeta, quería trabajar con Marion desde que la vio en La vie en rose: “Es la única actriz que conozco que literalmente es capaz de transformarse en sus personajes”. Ella no entendía por qué la había escogido para protagonizar Rust and Bone (‘Metal y hueso’), al lado del actor belga Matthias Schoenaerts, pero aceptó venciendo su temor de representar a una minusválida.

Esta película es una adaptación del brillante escritor canadiense de 27 años Craig Davidson. Cuenta la historia de Stéphanie, una joven bella, exitosa, arrogante y segura de sí misma que trabaja entrenando orcas, pero la vida le da una dura lección de humildad cuando tienen que amputarle las dos piernas después de ser atacada por una ballena asesina. Entonces se convierte en una minusválida que debe adaptarse a una nueva vida, lejos de las personas que formaban parte de su existencia anterior.

“En poco tiempo preparé este papel. Miré videos de personas sin piernas para descubrir su lenguaje corporal. Quería llegar al alma de Stéphanie, pero después de leer el guion le comenté a Jacques Audiard: ‘Realmente no la entiendo’, y él me respondió: ‘Yo tampoco, tendremos que recorrer el camino juntos y descubrir quién es ella’. Buscarla fue una experiencia increíble y descubrí que Stéphanie era más discapacitada con sus piernas que sin ellas”.

“Fue una aventura para mí, porque yo ya había empezado en Estados Unidos el rodaje de The Dark Knight Rises (‘El Caballero Oscuro: la leyenda renace’), también llamada Batman 3, y aproveché un receso de un mes en la grabación para volarme a escondidas a grabar Rust and Bone, ya que mi contrato no me permitía actuar en dos películas al mismo tiempo. Pero cuando la revista Variety descubrió que yo había mentido sobre las fechas, me tocó volver a Los Ángeles. Cuando regresé a Rust and Bone, filmada sobre todo en Cannes y Antibes, me di cuenta del magnetismo, la intensidad y el talento de Matthias Schoenaerts, un actor sublime, soltero e innegablemente guapo, que encarna a un boxeador que se gana la vida combatiendo en peleas callejeras”.

“La primera vez que vi a Marion —recuerda el actor— fue antes del ensayo. Estaba sentada en su silla de ruedas, como desmadejada, y pensé que iba a ser muy difícil trabajar con una mujer tan encerrada en sí misma, pero ella estaba totalmente inmersa en el universo de Stéphanie”. Marion replica: “Normalmente me sumerjo de lleno en el personaje, pero, en realidad, mi primer contacto con Stéphanie fue durante el rodaje y psicológicamente tardé en comprenderla. Además, cada cuatro horas debía volver a la realidad porque estaba amamantando a mi bebé, tenía que ponerlo a dormir… fue muy tensionante…”.

Esta historia trágica y sombría se desarrolla en la Riviera francesa, un lugar luminoso que Audiard captó magistralmente con una cámara digital que siempre llevaba en la mano, logrando bellos planos que contrastan con la dureza de la trama que envuelve a los personajes. Para darles realismo a las escenas de sexo, contó con hábiles profesionales y con los avances de la tecnología: “Por lo general, no me gustan las cosas técnicas. Pero reconozco que con los aparatos actuales se puede hacer cualquier cosa que hace diez años no hubiera sido posible”, declaró el director.

“Mientras grabábamos esos momentos íntimos —cuenta Marion—, yo debía poner las piernas en determinada posición para que no se vieran sombras y pareciera que no las tenía, pero lo más importante fue la manera como el director recreó las imágenes con su acertada visión y poesía. Desde que actué en La Vie en rose estaba esperando un papel protagónico de esta envergadura, en el cual una mujer con prótesis de hierro no se deja vencer por la adversidad y, al encontrar el amor, vuelve a la vida”.

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