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¡Que todos se inclinen ante un perfume!

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¡Que todos se inclinen ante un perfume!

La marca del perfume no es tan importante como un estilo muy propio de usarlo. Las fragancias estimulan nuestros sentidos, pero la gracia está en encontrar el aroma que seduce.

El anecdotario acerca de lo que es un buen perfume deja huella: una mujer entra a un bar y un par de personas la abordan para preguntarle cuál es la fragancia que lleva puesta, otra entra a un salón de té y un grupo de sus congéneres discute acerca de cuál es el perfume que ella usa, en tanto que una más llega a un almacén y la dependienta le dice: “¡Usted huele muy rico, me encanta su perfume!, ¿cuál es?”. Estas situaciones ponen de manifiesto que el hecho de llevar un perfume, bien sea este costoso o de precio asequible, crea muchas reacciones a nuestro paso.

Las fragancias que se destacan entre un universo cada vez más heterogéneo de componentes y maneras de mezclarlos pueden proceder de elaboraciones experimentales o de tradiciones sutiles que le han dado nombre a una sola casa, por ejemplo los perfumes de Chanel, de Dior, de Yves Saint Laurent y muchos más. Fragancias cautivantes, de aroma inusual, las hay muchas, pero hay que saber que estas tienen una carta de presentación que pasa por la elegancia o el prestigio de quien las usa.

Y es que cualquier persona con cierto conocimiento acerca de la moda puede responder por qué le gusta tal o cual diseñador, pero hay algo mucho más intangible y a la vez caprichoso en por qué usamos un perfume determinado, a lo que exactamente no podemos contestar.

Encontrar la fragancia que satisface nuestras expectativas o a nuestro olfato es algo que cuenta mucho en la escogencia que hacemos de un perfume. Pero pesa todavía más la percepción de las personas que nos rodean.

“Casarnos” con una fragancia tiene que ver con la aprobación que obtenemos de los demás, y si dicen a nuestro paso, “¡qué rico hueles!”, nos están dando el principal argumento para sustentar nuestros gustos. Todos querríamos que nos preguntaran acerca del perfume que estamos usando, pero hay uno, dos o tres que son nuestros preferidos porque, justamente, dejan una vigorosa emanación a nuestro paso.

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