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Un vistazo a las semanas de la moda

Un vistazo a las semanas de la moda

Nueva York inicia las pasarelas de primavera 2013. La primera fila de un desfile es el reflejo de quién se considera importante en el mundo de la moda. Hace unos años eran reconocidos miembros de la sociedad, hoy el panorama cambió totalmente. París sigue mandando la parada en la creación de tendencias.

 Los desfiles no solo son para ver moda. Más bien diría que son para los fanáticos del tema y para los que quieren ver y ser vistos. Diseñador que se respete tiene sentados en primera fila a actrices, cantantes, bandas de hip hop, estrellas del show business y hasta jugadores de baloncesto. Todo vale cuando se trata de atraer a los fotógrafos para lograr un espacio en periódicos y revistas.

El lunes 10 de septiembre por la mañana se presentó el desfile de Carolina Herrera en el Lincoln Center de la Gran Manzana, a donde las magias de la tecnología permitieron que los invitados entraran con el código de barras que les llegó a sus teléfonos. Esta vez me tocó en una esquina de la segunda fila. Un sitio privilegiado para ver las modelos de pies a cabeza. Parte del espectáculo es sentarse a esperar cuáles son las celebridades que llegan y observar las vestimentas de todos los asistentes que se esmeran en vestirse de manera elegante y sofisticada. Otros más bien se disfrazan para atraer la atención, como un tipo que apareció en el desfile de Carlos Miele con zapatos de tacón alto, vestido rosado, pelo largo y barba.

En primera fila estaban sentadas Ivanka Trump y Bianca Jagger, exesposa de Mick Jagger, uno de los Rolling Stones. También estaba Julianne Hough, cantante y actriz, más conocida como una de las ganadoras del reality Bailando con las estrellas, una actriz que es célebre más por su novio, Ryan Seacrest, presentador de American Idol, que por sus películas. Ella estaba junto a Glenda Bailey, la directora de Harper’s Bazaar. Vimos una colección bien estructurada dirigida a mujeres jóvenes, con una sensualidad poética en el diseño, sobre todo en los vestidos largos en tonos pasteles fríos. Especialmente bello, un gris perla azulado con acentos de rojo y bordados muy sutiles en el cuello y dobladillos. Hombros estrechos, siluetas lánguidas, la cintura marcada y telas ligeras y fluidas como la organza, el tul y el georgette. La maestra de las blusas, Carolina, recurrió a los vestidos de dos piezas con gracia y destreza, en faldas largas muy amplias y minishorts con blusas de chifón o con tops ceñidos. Finalmente fueron los estampados abstractos los que le dieron el tono joven y contemporáneo a la colección.

Posteriormente, Michael Kors, inspirado en los años 60 y en las fotografías en blanco y negro de Helmut Newton, sacó a la pasarela una colección fresca y joven. Para mí con un cierto aire a Courrèges. El desfile empezó con un gran aplauso a la llegada de la famosa pareja formada por Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones. Los fotógrafos se enloquecieron y los de seguridad tuvieron que actuar. Ella, mucho más linda de lo que aparece en las películas; él envejecido y fascinado con los flashes de los fotógrafos. Cielo, sol y palmeras. Azul marino, amarillo, verde y rojo conformaron la paleta de color de Kors, que se ha convertido en la marca con mayor crecimiento en el último año, al alcanzar el cuarenta por ciento.

Por su parte, Oscar de la Renta, quien nunca ha sido considerado un diseñador vanguardista, abrió su pasarela con una falda estrecha de látex, un sastre de pantalón color crema y un vestido de encaje, prendas bastante lanzadas para su clientela conservadora, pero perfectas para la nueva generación. No podían faltar los shorts, los favoritos de las jóvenes. Una colección muy tradicional en cuanto a siluetas, pero vibrante en el color y los materiales, en la que también se vieron muchos bordados que hacen de cada prenda una joya.

Las ilusiones ópticas de Marc Jacobs fueron su tema de inspiración para lo que presentó en Nueva York y en París. Este genio de la moda siempre está pensando en lo opuesto. Esta vez él quería algo sin emoción, simple y fuerte. Si la colección pasada fue superromántica, con sombreros gigantes y exceso de decoración, esta es minimalista en color, silueta y formas: estampados gráficos en blanco y negro muy a lo op art con efectos de arlequín. Muchas rayas verticales en negro, beige y café, siempre combinadas con blanco. Un look muy poderoso y único que crea una imagen de la marca que se sincroniza con las tendencias del momento.

BCBG, diseñada por Max Azria y su mujer, fue una de las primeras en presentarse en la Semana de la Moda. Las prendas parecían inspiradas en el famoso libro de Fifty Shades of Grey, con cortes y elementos superpuestos que parecían arneses, combinaciones de encaje y seda muy sensuales y una paleta de color en la que dominó el blanco y negro con acentos de color. Para Max Azria las faldas se usarán debajo de la rodilla. La tienda de Bogotá pronto tendrá la colección.

El nuevo orden

Estamos viviendo uno de esos momentos en los que surge un grupo de jóvenes talentosos que hacen historia. En París, Phoebe Philo para Celine; Raf Simons para Dior, y Nicolas Ghesquière para Balenciaga fueron las estrellas más fulgurantes, en tanto que en este lado del Atlántico lo fueron los diseñadores de Proenza Schouler, Lorenzo Hernández y Jack McCollough, así como las hermanas Mulleavy para Rodarte. También estamos viendo a celebridades como Victoria Beckham y Katie Holmes incursionar en la industria contando con que su fama les va a ayudar a vender. Falta ver si lo logran.

Esta mezcla de jóvenes talentosos de diferentes orígenes con celebridades que entran a la industria con sus marcas hacen de la Semana de la Moda de Nueva York un evento único. Todos luchan por llegar al hall de la fama utilizando materiales novedosos y técnicas muy complejas que no pasan inadvertidos. Algunos de ellos solo han mostrado unas pocas colecciones y otros ya son una marca establecida. De todas maneras, ya están en boca de los que saben de moda y se presiente un cambio de guardia. Algunos no lograrán sacar más de tres colecciones, pues la competencia es dura y el público exigente.

Por un lado, Rodarte nunca deja de sorprender con el uso de materiales inusuales: para esta colección diseñó una serie de prendas en jacquards y encajes de guipiure incrustados en una especie de coraza metálica, en tanto que los estampados eran de enrejados con hojas de enredadera verde. Algunas prendas llevaban las joyas incrustadas, en otras como los pantalones estaban pegadas con ojales metálicos que hacían pensar en las armaduras de la Edad Media. Una mezcla de femenino con el masculino de las pandillas callejeras.

Por otro, Proenza Schouler, la marca de Lorenzo Hernández y Jack McCollough, es para mí lo mejor que he visto en muchos años. Ellos se inventaron una técnica para producir prendas tejidas en cuero con diseños geométricos. Sus estampados digitales para esta colección se basaron en dibujos del artista Gerhard Richter. Su característico trabajo de patchwork se transforma ahora en franjas anchas que combinan estampados y van construyendo la silueta de vestidos y tops. Las chaquetas de cuero también están intervenidas con estampados. La paleta usada fue: blanco y negro con toques de rojo y verde neón con varios tonos de azul. Su nueva tienda en la Avenida Madison en Nueva York es una especie de galería del arte de la moda, algo digno de visitar.

Ahora bien, la sorpresa, si se puede aplicar el término, la dio Victoria Beckham con sus faldas largas y estrechas y bloques de color. Después de varias visitas a diversos puntos de venta, entendió que ninguna mujer se viste solo con esos vestidos pegados al cuerpo, que son su marca registrada. Para esta temporada, Victoria decidió dar un paso adelante con prendas más pensadas de cortes interesantes, como algunas chaquetas sin abotonadura. Aunque nadie la considera una artista de la moda, ni una diseñadora seria, a su desfile asistieron y se sentaron en primera fila Suzy Menkes, Anna Wintour y Candy Pratts, las grandes expertas en moda, junto con su marido David y la tenista María Sharapova. Al contrario de Katie Holmes, la Beckham sí llevó a su pequeña hija al desfile. Desde luego hubo conmoción en el público, pero es triste ver a esas niñas que crecen disfrazadas de adultas y que se vuelven objeto de atención desde la cuna, lo que nunca acaba bien.

            

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