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Princesa moderna y camelladora

Princesa moderna y camelladora Princesa moderna y camelladora

Aunque históricamente la labor de los miembros de la realeza ha sido considerada decorativa, Kate Middleton demuestra lo exigente y tedioso que es ser futura reina de Inglaterra de tiempo completo.

Son muchos los que alguna vez han tenido la fantasía de ser parte de la realeza. Las niñas pequeñas sueñan con casarse con un príncipe azul, mientras que no faltan los adultos que añoran una vida de lujo, rodeados de sirvientes que complazcan todos sus caprichos. Es normal que así sea. Se piensa que vivir en la monarquía es equivalente a tener el trabajo soñado, y en el caso de la británica se ha hablado de los zánganos reales, esos familiares de Isabel II que, se considera, viven a expensas de la abeja reina. En especial, se hace referencia a los cónyuges de sus hijos y hasta nietos, unos ‘aparecidos’ que empiezan a disfrutar de los beneficios de la vida en palacio.

Hace un año, Kate Middleton se convirtió en la Duquesa de Cambridge al casarse con el príncipe William, segundo en la línea de sucesión al trono. Desde entonces, aunque ha contado con el guiño de sus ‘súbditos’, que admiran su sencillez y destacan su normalidad y sobria belleza, y aunque en Estados Unidos despierta furor al punto de que la revista Time la escogió entre los 100 personajes del 2012, no han faltado quienes la critiquen por conformarse con vivir a la sombra de su marido. De hecho, Amanda Platell, columnista del diario británico Daily Mail, la bautizó “Waity Katie”, un juego de palabras con su nombre, que significa “Kate la que espera”, no solo porque soportó ocho años de noviazgo, sino como crítica a que solo tuviera que “esperar a que su príncipe le trajera bienes”. La idea de una joven que apenas llega a los 30 dormida sobre los laureles le parecía insoportable.

Pero, en realidad, ¿puede decirse que Kate no tiene un trabajo serio y exigente? Al respecto, la novelista Philippa Gregory escribió un artículo titulado ‘El futuro de una princesa moderna’, en el que debate esta opinión: “No se necesita ser adivino para anticipar lo que le va a tocar. Una gran cantidad de sonrisas y saludos ante el público, ir a cenas aunque no quiera hacerlo, mucha ropa envidiable y un trabajo que no se considera remunerable. Creo que es una ocupación horrenda para una joven: no es un puesto real, ni es rentable, ni recibe educación y, lo peor, es que no tiene tiempo libre”.

Sin duda es un trabajo, al punto de que es famosa la frase adjudicada al rey Jorge VI, según la cual la Familia Real no es una familia: “somos una firma”, razón por la cual a la monarquía británica se le conoce con este nombre. Es por eso que la incansable reina Isabel, ya octogenaria, ha reiterado que para manejar cuatro mil visitas de Estado, dedicaciones en colegios, participar en eventos de caridad y ayudar en hogares de beneficencia, la monarca necesita de su marido, de sus hijos, de sus sobrinos, y de la nueva generación conformada por sus nietos. Esa colectividad es ‘La Firma’, y su negocio, labores de beneficencia y representación, entre otras.

Una vida condenada a la atención de los medios, que por lo general buscan ganar audiencia magnificando hasta el mínimo error, no es tarea fácil, y más, cuando no se ha crecido en una familia aristocrática, sino en una de clase media trabajadora.

De llegar al trono, Catherine Elizabeth Middleton sería la primera reina en la historia británica contemporánea que proviene de una familia hecha a pulso (según los historiadores, hace 350 años hubo otra plebeya, Anne Hyde, quien se casó con James II en 1660).

El ascenso de Los Middleton
Su padre desciende de una familia de abogados y terratenientes y por el lado materno hubo mineros, pero también carniceros, barrenderos y empleados del servicio. Michael y Carole Middleton se conocieron cuando trabajaban para British Airways, ella como azafata y él como el encargado de que los vuelos salieran a tiempo. Cuando en 1981 Carole quedó embarazada de Kate, tuvo problemas para continuar con su trabajo y decidió contribuir al hogar haciendo pequeñas bolsas con sorpresas para piñatas. El negocio subsistía gracias a los pedidos de vecinos y amigos. Sin embargo, Party Pieces creció al punto de que su esposo se unió al esfuerzo.

La compañía fue una de las primeras en usar Internet para recibir pedidos y los tres hijos del hogar, Kate, Pippa y James, servían de modelos para los accesorios de fiesta. A pesar de su auge, muchos se preguntan si solo con las ganancias de ese negocio los tres hijos pudieron estudiar en costosos colegios privados, como Marlborough College. Al parecer, los Middleton recibieron un empujoncito procedente de algunas herencias. Un ancestro por el lado paterno habría especificado en su testamento que su dinero debía ser usado para pagar la educación de futuras generaciones, y ese fondo aún está funcionando.

Gracias a esa suma de esfuerzos, Kate sería una de las futuras reinas mejor preparadas. Estudió Historia del Arte en la Universidad de St. Andrews, donde conoció a William, quien cursaba el mismo programa. Compartieron residencia con un grupo de amigos, y habría sido ella la encargada de aconsejarle que se cambiara a Geografía. Al terminar sus estudios empezó a trabajar en la cadena de moda Jigsaw, donde vendía accesorios. También trabajaba en la empresa familiar, como diseñadora y fotógrafa de la página web.

Cambio de destino
Con el anuncio del compromiso, Kate renunció a su cargo para aprender a ser princesa y acompañar a su futuro esposo en eventos y en su posición como piloto de búsqueda y rescate de la Royal Air Force. Algunos no ven con buenos ojos el hecho de que haya abandonado su carrera para dedicarse a ser princesa de tiempo completo. Su primer discurso fue para una fundación infantil, Treehouse Children’s Hospice, y ella misma lo escribió, sin tener experiencia en la materia. A su cargo tiene una serie de labores benéficas y respalda un amplio número de fundaciones para “complementar la labor que lleva a cargo su esposo”, como expresó un portavoz del Palacio de St. James. La consigna de la Familia Real, y en especial la del príncipe William, es que Kate no esté sola en sus funciones para que se sienta apoyada, y de esta manera no repetir los errores cometidos en el pasado con Lady Diana, a quien le costó caro aprender a vivir como princesa. Así lo explicó para FUCSIA la escritora Claudia Joseph, autora de los libros The Making of a Princess y Kate Middleton: Princess in Waiting: “Entre William y su esposa hay un amor genuino.

Trabajan como un equipo, aunque son competitivos cuando se trata de deportes. Con el apoyo de William ha aumentado la confianza de Kate y la está ayudando a entrar suavemente a la vida pública”.

Hace poco llamó la atención la participación de Kate en un evento de caridad en compañía de su suegro. Una de las actividades consistió en una carrera de planchado entre ambos miembros de la realeza. La ganadora fue la Princesa, pues se hizo evidente que su suegro no había tocado una plancha en toda su vida. Según la autora, Kate “ha traído nueva vida a la monarquía y brinda una perspectiva fresca a una institución que enfrenta recriminaciones por ser elitista. La pareja pasa la mayor parte del tiempo en una casa de campo rentada en Gales, sin mayordomos ni mucha servidumbre. De hecho, en la primera foto de Kate después del matrimonio ella empujaba el carro de compras en un supermercado. Todo indica que la Reina quiere que ella disfrute la vida de esposa común y corriente”.

Pese a su sacrificio de dejar de trabajar con independencia, Kate no sería la única en tener que hacerlo. Es más, los antecedentes indican que el trabajo real y el del resto de mortales es incompatible. El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II, cumplió un sueño cuando trabajó como oficial de la Fuerza Naval en la isla mediterránea de Malta. Pero su suegro Jorge VI se enfermó y “tuvo que abandonar su prometedora carrera para caminar por siempre dos pasos detrás de su esposa, quien subió al trono”, como cuenta BBC en su artículo ‘La realeza y el trabajo real’. Tuvo tantos problemas para ajustarse a su nuevo papel, que se atrevió a decir la frase: “Constitucionalmente, yo no existo”.

Nadie duda del empuje de la familia Middleton, pero algunos los señalen de aprovechar su conexión con la realeza para incrementar su fortuna. En el año 2000 la empresa familiar contaba con diez empleados y tenía alrededor de mil órdenes semanales. En la actualidad, en gran medida por el enlace entre Kate y William, Party Pieces tiene 30 empleados en dos amplias casas de campo ubicadas cerca de la residencia familiar, en la zona rural de Berkshire. Según el Daily Mail, manejan una docena de camiones y vanes para la entrega de sus pedidos.

El mismo diario estima el valor potencial del negocio en 30 millones de libras (cerca de 50 millones de dólares). Hace algunos meses, Carol, quien en su infancia vivió en una modesta residencia y ahora vive en una de un millón de libras, mostró interés en adquirir una mansión del siglo XIV, avaluada en cinco millones de libras. Las malas lenguas dicen que los Middleton no la compraron porque allí habrían vivido Andrew y Camilla Parker Bowles, y, por obvias razones, el nuevo suegro de Kate, el príncipe Carlos, habría sido visitante asiduo del lugar.

Además de haber invertido en costosos caballos de carreras, la fortuna de sus hijos menores también crece. A sus 28 años, Pippa es una de las solteras más cotizadas. Recientemente firmó un acuerdo por 400 mil libras (más de 650 mil dólares) por escribir un libro sobre cómo ser la anfitriona perfecta. Muchos miran con sospecha la jugosa cifra y se preguntan si le hubieran pagado lo mismo si no fuera hermana de la Princesa. Pippa trabaja medio tiempo editando la revista virtual de Party Pieces, y el resto de días los ocupa en Table Talk, una empresa de eventos de Londres. Por su parte, su hermano James, quien abandonó sus estudios universitarios, a sus 25 años maneja una creciente cadena de repostería.

Ahora a Kate le toca demostrar que puede con el peso de la corona en una agotadora labor por muchos menospreciada, por considerar a la monarquía como una institución anacrónica. En el 2011, la Reina tuvo 444 compromisos, cerca de 60 en el exterior. Además, a sus 86 años es patrocinadora de 600 organizaciones benéficas. El príncipe Carlos tuvo que cumplir con 585 compromisos oficiales en el 2010 (recuerden que el año tiene 365 días). Su grupo de 20 organizaciones sin ánimo de lucro consiguió más de 120 millones de libras para crear nuevas empresas y generar más oportunidades.

Quienes apoyan el trabajo real aseguran que este trae beneficios económicos al Reino Unido. Por ejemplo, la boda de Kate y William generó un gran interés mediático y aumentó el turismo. Ella sola se ha convertido en un motor para la economía británica: “Se calcula que la figura de la Duquesa de Cambridge genera unos 1.200 millones de euros anuales. Cada británica se gasta una media de 300 euros al año tratando de copiar su estilo”, asegura la revista Vanity Fair. El costo de mantener a la monarquía británica se calcula en 62 libras por persona al año, pero los monárquicos afirman que ellos retribuyen la inversión en turismo, labores caritativas e impulso a los medios de comunicación.?Aun así, por su presencia renovadora que hace que el ciudadano británico promedio se identifique con ella, muchos esperan que aproveche su talento y que no solo se dedique a plantar árboles mientras se deja fotografiar con su brillante sonrisa.

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