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Tacones que matan Pocos creen que los tacones altos pueden incidir en el biomecanismo de la marcha y causar daños a los músculos de las piernas (Fotos: Thinkstock)

El uso continuo de tacones altos puede ser mucho más peligroso de lo que crees. Las investigaciones son concluyentes y los consejos apremian.

Déjennos contarles que varias amigas, muy cercanas a FUCSIA, han sufrido incidentes menores por andar montadas en unos zapatos de altura descomunal. Entre ellas, nuestra directora, Lila Ochoa, quien literalmente se cayó encima de un periodista en Colombiamoda, cuando trastabilló por causa de sus zapatos de 20 centímetros de tacón.

Uno se pregunta si las tendencias de la moda o el deseo de verse más grande son más importantes que todo lo demás. Y lo mismo se preguntaron el doctor Neil J. Cronin, un investigador de posdoctorado, y dos de sus colegas del Programa de Investigación de la Musculatura Esquelética, de la Universidad de Griffith en Queensland, Australia, mientras se tomaban un café en el campus de esa institución y vieron pasar a una mujer tambaleante, subida en unos tacones altísimos que, por supuesto, se veía inestable y nada confortable.

Los que la observaban, en especial las mujeres, debieron hacer una mueca de compasión o preguntarse dónde compró esa joven sus ‘stilettos’. Pero los tres investigadores, quienes estudian justamente la biomecánica del desplazamiento humano, quedaron impresionados por las implicaciones científicas del andar de esta muchacha y empezaron a considerar qué pasa con los músculos cuando se usan zapatos muy altos.

Cómo afectan los zapatos el desplazamiento humano es un asunto controversial. El hecho incuestionable de que los tacones altos pueden incidir en el biomecanismo de la marcha y causar daño a los músculos de las piernas recibe hoy una escasa atención por parte de los científicos, a pesar de que millones de mujeres usan tacones a diario.

Pero estos doctores australianos, que sintieron que no podían evadir el tema, reclutaron en su pesquisa preliminar a nueve mujeres jóvenes (entre los 20 y los 30 años) que habían usado zapatos altos al menos 40 horas semanales por un espacio mínimo de dos años. Al lado de ellas, también llamaron a otras diez mujeres que raramente usaban zapatos altos, para que les sirvieran como una especie de grupo de control.

Los científicos les pidieron a las jóvenes escogidas que llevaran su par de zapatos favorito al laboratorio, y dotaron a los dos grupos de electrodos para seguirles la pista a su actividad muscular mientras caminaban, lo mismo que de marcadores reflectivos que capturaran sus movimientos. Pruebas de ultrasonido medían la longitud de las fibras musculares en sus piernas.

Ellas debían ir y venir varias veces a lo largo de una plataforma de ocho metros recubierta de metal, con el fin de calcular el impacto que generaban a su paso. Con los pies descalzos, el grupo de diez mujeres cubrió esa distancia diez veces. El grupo de las nueve hizo otro tanto, diez veces descalzas y otras diez en sus tacones.

Era obvio, como lo sospecharon los doctores observando pasar a la joven entaconada mientras se tomaban un café, que las habituadas a los tacones altos caminaron diferente a las que no los usaban, aun cuando las que solían usar tacones altos caminaran descalzas. Pero la naturaleza y alcance de las diferencias fue sorprendente.

Los resultados, publicados hace poco en The Journal of Applied Physiology, se refieren a que los científicos encontraron que las jóvenes en tacones altos se movían con pasos más cortos y fuertes que las del otro grupo, y que los dedos de sus pies estaban permanentemente flexionados y en puntillas. Este patrón de movimiento persistía cuando las entaconadas se bajaban de sus zapatos y caminaban descalzas, con el resultado de que las fibras de los músculos de la media pierna se habían acortado y ellas ejercían una fuerza mucho mayor sobre éstos que las del otro grupo.

Las mujeres que raramente usaban tacones estiraban y tensionaban sus tendones al caminar, en especial el tendón de Aquiles. Pero cuando usaban los tacones altos, caminar involucraba mucho más a sus músculos.

Esta distinción biomecánica es importante, reveló el doctor Cronin, ahora investigador de la Universidad de Jyvaskyla, en Finlandia: “Varios estudios han demostrado que la óptima eficacia de los músculos y tendones mientras se camina ocurre cuando el músculo permanece aproximadamente en la misma longitud del tendón al alargarse. Cuando el tendón se estira, guarda energía elástica que recupera en el instante en que el pie se aparta del suelo. Los tendones son mejores saltando que los músculos, de modo que al flexionar y tensionar los músculos de la media pierna, las mujeres entaconadas caminan menos eficientemente, y requieren más energía para cubrir la misma distancia que las que usan zapatos bajitos, causando fatiga muscular”.

Lo que importa en este caso es que las fibras musculares de la media pierna se acortan y las mujeres no usan sus tendones mientras caminan en un par de preciosos Jimmy Choo, Louboutin o Manolo Blahnik. Los doctores creen que la tensión que se presenta en los músculos de esa área cuando se anda en zapatos muy altos puede incrementar la probabilidad de que éstos sufran un esguince u otro daño.

Los riesgos se extienden al tiempo libre, cuando las entaconadas se bajan abruptamente de sus zancos y se ponen zapatos planos. Una persona que usa tacones toda la semana y se baja de éstos, hace que sus pies y piernas, desacostumbrados a los zapatos planos, estén en mayor riesgo de rebelarse ante su nueva posición y se puedan afectar.

El consejo es claro: si usas tacones altos y está al tanto de lo que significa un músculo o una articulación que sufre un esguince, trata de bajarte un buen rato de las alturas. Usa tacones altos una o dos veces por semana. Si esto no te es posible, trata de quitarte sus zancos cuando puedas, mientras que permaneces sentada en tu escritorio.

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