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Bogotá se viste de vintage

Bogotá se viste de vintage La fantasía de época americana y europea tienen un rincón especial en The Vintage Shop, un escaparate lleno de accesorios que da la bienvenida a este refugio del pasado. Foto: Alberto Newton.

Catalina Aristizábal y su socia, la italiana Carla Sigismund, se la jugaron toda para darle a la capital un espacio a la moda del pasado, en tiempos en que la aterradora globalización textil manda la parada.

Ropa usada, de segunda, disfraces y hasta trapos, son conceptos erróneos de lo que se cree que es la estética vintage, pues lo que realmente representa el espíritu de esta tendencia, es el rescate de la alta moda posterior al año 1900. Sin ánimo de mirar al futuro, como lo hacen muchos diseñadores hoy en día, lo vintage busca enamorar de nuevo con prendas exclusivas, de cuidadosa confección y en perfecto estado, que evocan la majestuosidad del siglo pasado.

Una acérrima seguidora de las prendas vintage, es la actriz, modelo y presentadora, Catalina Aristizábal que, cautivada con la magia que estas tiendas le han dado a ciudades como Nueva York, Los Ángeles y París, quiso asignarle toda esa onda hippie, bohemia y muy chic a la capital. Su aliada para llevar a cabo este sueño fue la artista y experta en antigüedades, Carla Sigismund. Un acogedor local en plena Calle de los Anticuarios, en el barrio El Nogal de Bogotá, es la puerta de entrada a un universo de piezas únicas que tejen la historia de una época determinada. The Vintage Shop aloja tesoros irrepetibles de importantes firmas de moda en el mundo como Versace, Missoni, Balenciaga, Gucci, Hugo Boss, Hermès, Dolce & Gabbana y Balmain. La selección de estas prendas se hace con toda la minucia posible. Miami y Nueva York son los destinos que Catalina frecuenta en busca de la buena costura y el estilo urbano que la caracteriza. Mientras que Carla visita las principales ciudades europeas consiguiendo piezas en excelente estado, sin olores y que casi siempre salen directamente de la pasarela a la tienda. Chez Chiffons en París y C. Madeleine’s en Nueva York, son reconocidos almacenes vintage que son parada obligatoria para las nuevas empresarias, de donde obtienen artículos para su negocio.

Carla, que en su juventud fue modelo para Armani y Valentino, confiesa que le gusta vestir trajes llamativos, con tacones, para robarse las miradas de los hombres en la calle. Catalina define su estilo como hippie, es amante de la mezcla de colores, las plataformas y su diseñador estrella es Emilio Pucci. Su hija Oriana, de 5 años, fue su inspiración para que ella se arriesgara a diseñar una pequeña colección de minivestidos estampados para niña, que también están a la venta en la boutique. Dos generaciones han logrado fusionar la elegancia magna de los broches, los sobres de cadenas estilo coctel y hasta sombreros sesenteros, en un espacio decorado con espejos Art Déco, elementos de anticuario y escaparates típicos de las abuelas que le imprimen un inconfundible aire de antaño. “A Bogotá le urgía un sitio así, en pleno auge de los almacenes de cadena y la globalización de la moda que obliga al consumidor a usar lo que se pone todo el mundo, teniendo a la mano la oportunidad de adquirir un accesorio o una prenda que no tiene nadie más”, reafirman las socias de The Vintage Shop, acerca de la importancia que un almacén de este calibre le puede ofrecer a la ciudad.

Para los más incrédulos en invertir en una prenda antigua, aquí se puede conseguir desde los 120 mil pesos una auténtica pañoleta Hermès o Dior, hasta una chaqueta Yves Saint Laurent o una cartera Isabella Fiore por un millón de pesos. Más que cualquier precio, el lema que convence al cliente de comprar es: “La historia es más valiosa que cualquier marca”.

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