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Un setentón moderno Fotos: AFP.

Supermán llega a los 75 años con una nueva película. Henry Cavill, quien tiene la responsabilidad de llevar la “S” en el pecho, busca que el héroe conquiste a las nuevas generaciones y espera demostrar por qué todavía el mundo necesita al Hombre de Acero.

“Vive como si fueras uno de ellos, Kal-El... descubre dónde se necesitan tu fuerza y poder. Conserva siempre en tu corazón el orgullo de tu herencia especial... Ellos pueden ser un gran pueblo, Kal-El, desean serlo. Solo les falta la luz que les muestre el camino. Por esta razón sobre todo, por su capacidad para el bien, les he enviado a ti… mi único hijo”. Salvar a la Tierra: este es el mensaje que Jor-El, encarnado por el actor Marlon Brando en la cinta de 1978, le deja al sobreviviente del planeta Krypton.

Esa ha sido siempre la misión de Supermán, desde cuando el mundo lo vio por primera vez, en 1938. Aquel año, el héroe hizo su aparición en la revista Action Comics N.° 1 y caló fuerte en una sociedad desesperanzada y cansada de las instituciones, en plena Gran Depresión. El personaje invencible se convirtió en la metáfora de la lucha del bien contra el mal, de lo que los seres humanos sueñan ser, en el adalid de la justicia. Los terrícolas lo necesitaban. Pero, 75 años después, ¿es posible que sigan requiriendo de sus servicios?, ¿no ha pasado tiempo suficiente como para que su fuerza esté en decadencia?

Este mes es el estreno del filme El Hombre de Acero, y la fecha no podía ser más acertada, pues coincide con las celebraciones propias del aniversario
y porque, según la mitología del cómic, en junio la familia Kent encontró al bebé extraterrestre. Aun así, ¿habrá cabida para una película más? Su antecesora más próxima es del 2006, pero es considerada por muchos una versión intrascendente. Su protagonista, Brandon Routh, por ejemplo, fue un fugaz supermán, pues no volvió a ponerse la capa, a diferencia de Robert Downey Jr., que ha lucido la armadura de Iron Man en cuatro oportunidades, o de Hugh Jackman, que sigue siendo Wolverine.

“Supermán cumple 75 años, pero no podemos permitir que se retire”, es el sugerente título que el escritor Brian Merchant le dio a una columna de opinión sobre el tema. Reconoce que es “demasiado perfecto”, superfuerte, superimpecable, supermoral, supergeneroso, superbueno, y que eso puede resultar superaburrido en esta época, “un héroe sin un adversario, como Umberto Eco lo llamó. Gana todo el tiempo y punto”. Además cita a Grant Morrison, quien ha escrito para la saga y dijo alguna vez que era el Cristo del siglo XXI: “Como Jesús, el primer Supermán era un socialista, enfrentando a ricos y corruptos, defendiendo a los humildes y pobres”.

 Y es precisamente un asunto de fe lo que hace que siga vigente, “no solo fe en un poder superior, sino en el potencial de la bondad humana”. Señala que el personaje ha permanecido atado a un contexto: en el pasado luchó contra dictadores europeos y emperadores japoneses, durante la Segunda Guerra Mundial y en lo sucesivo ha sido el “campeón de los oprimidos”, una categoría en la que cabe “todo el mundo”. Si bien es ficticio, los valores de esperanza que simboliza son reales.

“¿Podría Spiderman detener una bomba en Boston, una carta con ántrax para el presidente en Washington y una explosión fatal en una planta fertilizante en Texas, en la misma semana? Queremos a Supermán cerca porque clamamos por alguien que pueda con eso, hoy más que nunca”. Merchant reconoce que le gustaría que fuera más que una casualidad el hecho de que en la noticia del atentado durante la maratón de Boston apareciera sugerido en la lista de los videos relacionados de You Tube el tráiler oficial de El Hombre de Acero.

Para el escritor Graeme McMillan, experto en temas culturales, incluso desde su nacimiento el hijo de Krypton iba más allá de la Depresión de los 30. “Era y es más universal que eso, en su papel de defender a los marginados. Aunque los cómic modernos de superhéroes se han apartado ligeramente de esa lectura, prefiriendo una menos alegórica, todavía hay mucho de esa visión que encaja: Supermán es una autoridad protectora que nos mantiene a salvo. El verdadero cambio es cómo la sociedad ve a las figuras de autoridad en el presente, pero sigue siendo inspiración y aspiración”, explicó a FUCSIA.

En estos tiempos de ambigüedad moral es el “santurrón” de los superhéroes, algo que para sus críticos le resta sex appeal frente al arrogante playboy Tony Stark, o al torturado Bruce Wayne. Por eso ha habido en sus diferentes facetas intentos por renovarlo para que no pierda relevancia, y hacerlo tan “hombre” como “súper”, aumentando sus debilidades más allá de la obvia kryptonita, que confronte sus dos identidades: “Las mejores historias de Supermán examinan los límites de sus habilidades para resolver problemas sociales. Muestran cómo ni al más poderoso le queda fácil solucionar el hambre en el mundo”, escribió Kyle Orland en su artículo “Por qué Supermán es interesante todavía”.

Sus creadores, Jerry Siegel y Joe Shuster, empezaron a darle forma a su alienígena en 1933, cuando todavía estaban en el colegio. En su evolución ha muerto y resucitado, así como sus villanos; ha envejecido y rejuvenecido, se ha casado y se ha convertido en un ser de carne y hueso: llegó a la pantalla grande en 1948 interpretado por Kirk Alyn, quien le cedió la capa a George Reeves para que lo representara en televisión. Luego el turno fue para un musical de Broadway y hubo dibujos animados. Su época dorada llegó con Christopher Reeve. En los 90 salió la serie Lois & Clark y en la década siguiente, la exitosa Smallville. “Supermán está en constante movimiento y para hacerlo más atractivo a las generaciones de hoy y del mañana han hecho de todo, como en el 2011, cuando lo volvieron más joven y rebelde”, comentó McMillan.

Quienes le son fieles al septuagenario argumentan que fue el primero y que dejó listo el prototipo de los héroes que le siguieron.
Larry Tye, estudioso del fenómeno, opina que es muy viable que una nueva franquicia cinematográfica vuele alto “porque tenemos demasiados héroes oscuros y merecemos un gran boy scout que nunca se aleje del camino correcto a causa de sus ansiedades”.


Sin calzoncillos rojos

Zack Snyder fue enfático en que su misión como director de la nueva cinta era presentar un ídolo más accesible, cuya kryptonita no fuera de piedra sino una de tipo emocional. “Hicimos una versión más actual, con la que todos se pueden identificar”, agregó Henry Cavill, el nuevo Hombre de Acero, quien bromea con que su Clark Kent será más creíble: “Si ves al Kent de Christopher Reeve por ahí, en el mundo real, te preguntarías ¿qué le pasa a ese tipo?”, dijo refiriéndose a lo caricaturesco del papel de su predecesor. Por eso, esta historia es independiente de las películas anteriores. Con el mismo fin los creativos eliminaron el mechón retorcido, aunque la ausencia más notoria es la tanga roja que ya no representa, como en el pasado, la fuerza masculina. Para ese efecto bastan los músculos y el mentón anguloso y partido del actor británico de 30 años.

Cavill tiene la misión de sacudirle los restos de polvo al héroe y hacer que DC Comics, la casa de Supermán, venza a su némesis Marvel en la superbatalla de la taquilla. Esta última ha dado golpes mortales con filmes como Los vengadores y la respuesta podría consistir en abonar con la cinta de Snyder el terreno para una de la Liga de la Justicia. Al mismo tiempo, el personaje llegó al rescate de su intérprete, pues se despoja por completo del mote de “el hombre con menos suerte de Hollywood”, que le dio la revista Empire. También era apodado la “dama de honor”, una alusión a que nunca era la novia, porque no conseguía el rol protagónico.

A pesar de tener una hoja de vida digna en la que figura su participación en El Conde de Montecristo e Inmortales, y de conocer la fama con la serie Los Tudor, protagonizó una década de sonados rechazos: Cavill asegura que es más leyenda que verdad, pero se dice que Robert Pattinson le arrebató el protagónico de Twilight y el de Cedric Diggory en Harry Potter. También que Daniel Craig le ganó a James Bond, un personaje que sueña interpretar, así como a Alejandro Magno. Y hasta se rumora que no pudo quedarse con el Batman del director Christopher Nolan, quien es el productor de su versión de Supermán. Lo más curioso es que en el 2006 no logró llevar la “S” en el pecho porque este honor le tocó a Routh.

Durante algún tiempo trabajó en bares y discotecas con el propósito de pagar sus viajes a Los Ángeles y realizar las audiciones, porque desde niño supo que quería ser actor. Así se lo aseguró a su ídolo Russell Crowe durante una grabación en el internado donde Cavill estudiaba. Entonces tenía 16 años y el veterano actor quedó tan encantado con su entusiasmo que días después le envió un paquete con recordatorios de sus películas y una carta que decía: “Querido Henry, una travesía de mil millas empieza con un paso”. Lo guardó como amuleto y este dio resultado: un año después, gracias a su capacidad representando obras de Shakespeare escolares, fue descubierto por cazadores de talentos que le ofrecieron actuar en Montecristo, con la condición de que adelgazara. Y luego de un largo camino, volvió a encontrarse con Crowe, pero esta vez como padre e hijo en El Hombre de Acero. El círculo de estrellas lo completan Amy Adams, quien será Lois Lane, y figuras como Kevin Costner, Diane Lane y Laurence Fishburne.

Los directores de casting supieron que sería la perfecta elección cuando lo vieron vestido con el viejo traje de Christopher Reeve, que estaba archivado en los estudios de Warner Bros. Cavill tuvo una impresión distinta: “No van a darme el trabajo, soy un Supermán gordo”, pensó, debido al complejo que le quedaba del pasado porque sus compañeros de colegio solían burlarse de su sobrepeso. De esos kilos de más ya no quedaba nada, al punto que sus músculos de acero rompieron parte del vestuario. Y casi no se entera de que había conseguido el papel: él, que ha llegado a pasarse veinte horas seguidas sumergido en juegos de video, estaba en medio de uno cuando Snyder lo llamó para darle la gran noticia, pero hizo caso omiso de su teléfono para no interrumpir su jornada.

Cavill pasó por una intensa preparación física de más de seis meses, acompañada de una dieta que lo obligaba a consumir 5.000 calorías. Como es fanático de los cómics, se devoró la serie de Supermán para fundamentar su interpretación. Sin embargo, pese al esfuerzo, la tarea no debió quedarle del todo complicada. Dicen que es un caballero y él mismo se define como “monógamo”, “conservador” y “patriota”, de hecho, alguna vez pensó en seguir los pasos de sus hermanos mayores en las fuerzas armadas. Por eso, según Snyder, no es un héroe impostado: “Es muy serio y esto va a sonar cursi, pero tiene las cualidades que se esperan de Supermán”. ¿Muy perfecto para ser real? Quizás este sea el Hombre de Acero que las nuevas generaciones merecen.

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