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Una belleza sagrada

Una belleza sagrada Foto: Paloma Villamil.

Rossina Bossio es una artista en constante cambio. Expuso su obra en el Grand Palais de París y regresó a Bogotá con sus madonas contemporáneas que cuestionan el papel de la mujer en el arte religioso. Presentó ‘The Holy Beauty Project’ en el Museo Iglesia Santa Clara y habló con FUCSIA acerca de sus obsesiones artísticas.

Visita guiada

¿Cómo nació la idea de‘The Holy Beauty Project’?
A partir de mi fascinación por el arte religioso, con sus catedrales, rituales, atuendos y representaciones. Encuentro un gran placer en visitar una iglesia, por su riqueza histórica y estética.

¿Cómo logra esa conexión entre arte, religión y moda?
Intento manifestar el paralelo que existe entre los iconos de ayer y de hoy. Aunque los valores hayan cambiado, seguimos inventando ídolos que nos digan cómo percibir nuestro cuerpo.

¿A quiénes admira en lo artístico y en el mundo de la moda?
En el plano artístico, la obra de Jenny Saville, Yinka Shonibare y Doris Salcedo. En la moda, los universos de Ricardo Tisci, Haider Ackermann y Alexander McQueen.

¿Cómo define su estilo como artista y como amante de la moda?
Huyo de los fenómenos de masas, las modas y tendencias. Me gusta ir a contracorriente y hacer elecciones originales en cuanto a mi obra y mi clóset.

Una obra de arte para no dejar de ver antes de morir…
Cualquier pintura de Lucian Freud.

Una pieza de arte que quisiera tener en la sala de su casa…
‘Stare’; de Jenny Saville.

Un sitio donde quisiera exponer su obra…
El Templo de Santa Teresa la Antigua, en Ciudad de México.

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