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El fastuoso joyero de María Antonieta

Lila Ochoa Palau

El fastuoso joyero de María Antonieta Andres White. (Foto por: Zizza Limberti)

Las joyas de la última reina consorte de Francia fueron subastadas por el colombiano Andrés White. Historia de un tesoro que estuvo fuera de la vista pública por más de 200 años.

Desde que María Antonieta se casó, en 1770, con Luis Augusto de Francia y cinco años más tarde ascendieron al trono (él se convirtió en Luis XVI), su vida fue una seguidilla de sucesos desafortunados.

Ella llegó con 15 años a la corte francesa y desde el primer día fue recriminada por su frivolidad y gustos caros. Hija de los emperadores Francisco I y María Teresa I de Austria, fue víctima de una campaña de desprestigio desde su nombramiento como reina, pues la consideraban una derrochadora y una presumida que solo pensaba en divertirse. Su mala fortuna comenzó en 1785, cuando estalló un escándalo alrededor de un costoso collar: un joyero le reclamó 1,5 millones de libras por una pieza de diamantes encargada a su nombre por el cardenal de Rohan. Ella no se hizo responsable. El escándalo, del que finalmente salió bien librada, aumentó su mala fama y marcó un punto de quiebre en su reinado, tanto que es considerado como uno de los detonantes de la Revolución Francesa.

Calumniada hasta el último momento, su vida terminó en la guillotina, el 16 de octubre de 1793, en plena Plaza de la Concordia en París. Lo único que logró salvar antes de su muerte fue un cofre de madera en cuyo interior depositó sus más preciadas alhajas. Este tesoro fue puesto en manos de Florimond Claude, el conde de Mercy-Argenteau, confidente de la soberana, y enviado a Viena. María Teresa Capeto, hija de Luis XVI y María Antonieta y única superviviente de la guillotina, se quedó con él. Desde entonces, la familia Borbón Parma se encargó de custodiarlo.

Una puja histórica

La vida de la célebre reina francesa volvió a ser noticia en noviembre a propósito de una publicitada subasta. El director internacional de negocios del departamento de joyas de la casa Sotheby’s, el colombiano Andrés White, fue el artífice de este evento, que se celebró en Ginebra (Suiza). La noche del 14 se subastaron algunas de sus joyas, entre ellas un colgante formado por una perla sobre una montura de diamantes que se vendió por 32 millones de euros.

(Getty)

White llevaba un tiempo largo trabajando el tema junto con su equipo y también era el pujador en representación del coleccionista que la compró. El final fue de película. La puja empezó en 900.000 dólares, pero el cliente de White tenía claro que quería la joya; sabía que era una ocasión única en la historia, no solo por la belleza de la perla, sino por su procedencia… No cualquiera tiene una pieza del siglo XVIII perteneciente a una soberana y menos de la última reina consorte de Francia.

La subasta, que apenas duró diez minutos, tardó doce años en prepararse. “Hay negociaciones más complicadas que otras”, le dijo White a FUCSIA. La existencia de las joyas era un secreto bien guardado, no había salido a la luz pública en más de 200 años. Lo más difícil fue negociar con los propietarios, algo en lo que él es un experto. Como dijo en una entrevista para El País, de España, “hay que estudiar árboles genealógicos, investigar testamentos e innumerables documentos para poder certificar la autenticidad. La labor de publicitar y promover es tan dispendiosa como la de conseguir los objetos que se van a subastar”.

Estas fueron algunas de las piezas de la útima reina consorte de Francia vendidas por la famosa casa de subastas. (Foto vía Getty)

La identidad del comprador quedará en el anonimato, pues así como a algunos no les molesta la notoriedad que trae una noticia de estas, otros prefieren pasar inadvertidos y protegen a toda costa su identidad..

Detrás de la subasta

Andrés White lleva cerca de 18 años trabajando para Sotheby’s y bajo su dirección se han vendido otras joyas de gran importancia histórica, como el collar de jade Hutton-Mdivani hecho por Cartier, que se vendió por 27,4 millones de dólares y que pertenecía a la heredera de Woolworth, Barbara Hutton.

La esmeralda Stotesbury, de 34,4 kilates, famosa por su talla y color excepcionales y sus más de cien años de historia, se vendió por un millón de dólares. También subastó el diamante blanco más caro del mundo por 30 millones de dólares. Todas estas joyas tienen detrás historias increíbles de intriga, pasión, dolor y tragedia, como el fastuoso joyero de María Antonieta.

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