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La moda y la libertad de culto

Lila Ochoa

La moda y la libertad de culto

Es la moda un mecanismo para expresar nuestras creencias o una mera expresión estética, esa es la cuestión que enfrenta la industria de la moda en la actualidad.

¿Debería la moda ser responsable de mostrar las diferentes identidades y requerimientos religiosos o simplemente de expresar una estética?

Esta no es una pregunta que se haga la industria de la moda precisamente. A nadie se le ha ocurrido que un diseñador presente una colección con vestimentas para las musulmanas, las judías o las cristianas. La moda no es cuestión de política o de religión, pero el debate está sobre la mesa en Francia, cuna de esta industria.

La pregunta surge al ver que almacenes de marca propia como Mark & Spencer en Inglaterra le ofrecen al público vestimentas modestas. Eso quiere decir prendas sin escotes o, por ejemplo, un vestido de baño de manga larga y de cuerpo completo con una capucha. Esta prenda no solo la venden en sus tiendas sino también por Internet.

Hace unos años, Donna Karan creó una colección llamada Ramadán pensando en las mujeres que practican el Islam. Eran vestidos hasta el piso, overoles de manga larga y faldas largas, prendas que no dejaban ver 1 cm de piel diferente al de las manos y la cara. Esta colección fue hecha exclusivamente para vender en Medio Oriente. Muy pronto otras marcas como Tommy Hilfiger y Uniqlo siguieron los pasos de esta famosa tienda norteamericana.

Ahora le tocó el turno a diseñadores de la talla de Dolce & Gabbana quienes para su colección de este año sacaron unas abayas en encaje y con estampados en flores y en pepas. Todos con pañoletas compañeras. El éxito en ventas fue inmediato en el Oriente y en una serie de selectas tiendas en Alemania, Inglaterra e Italia. Tal vez lo más importante de esta estrategia de ventas fue el mensaje de inclusión que mandó la marca.

Pero como es tan difícil darle gusto  a todo el mundo, la ministra para los derechos de las mujeres, Laurence Rossignol, salió a criticar que la moda se inclinara por acatar los preceptos de una religión. Para ella lo que está en juego es el control social sobre el cuerpo de las  mujeres. “Cuando las marcas invierten en el mercado islámico, están sacándole el quite a sus responsabilidades y promoviendo la idea de que el cuerpo femenino es algo pecaminoso”, dijo.

Según ella, las mujeres musulmanas son “esclavas por consentimiento”. No tardó mucho en armarse un escándalo, pero la verdad es que la polémica quedó sobre el tapete. Pierre Bergé, uno de los fundadores de la casa Saint Laurente, se unió a la pelea en una entrevista radial al apoyar a la ministra. Para él es una vergüenza eso de hacer colecciones basadas en preceptos religiosos.

Hace unos años, cuando tuve la oportunidad de asistir a la Semana de la Moda en Tel- Aviv, tengo que confesar que me impactó ver las cabezas de las modelos cubiertas y las faldas hasta el piso en algunos de los desfiles. Sin embargo creo en el respeto y en la tolerancia y no le veo sentido a la polémica. Las mujeres tenemos derecho a escoger cómo nos vestimos sin que los demás tengan que opinar. En estos tiempos en que las guerras de religión están como plato del día, no me parece muy sabio echarle leña al fuego.

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