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El "Bergoglio-estilo" llega al Vaticano

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El "Bergoglio-estilo" llega al Vaticano Foto: EFE

Sin esclavina, usando la estola solo para el momento de la bendición e insistiendo en que es el Obispo de Roma, el nuevo papa Francisco mostró ya desde su primera aparición pública un estilo diferente, más sencillo, más franciscano, en la línea del nombre adoptado, aunque él es jesuita.

Algunos observadores vaticanos le llaman ya el "bergoglio-style", subrayando, sobre todo, la frescura de sus primeras palabras: "parece que los cardenales han tenido que ir casi al fin del mundo para buscar al Obispo de Roma, pero ya estoy aquí".

Esas palabras, aseguran, suponen un nuevo estilo de comunicar.

No fue lo único, hasta ahora estábamos acostumbrados a ver al papa recién elegido presentarse a los fieles con la esclavina roja.

Francisco salió al balcón de la logia central de la basílica de San Pedro sólo con la sotana blanca y la esclavina blanca y sin estola, que sólo se colocó para el momento de la bendición.

Comenzó con un "buenas tardes", como suele hacer cualquier persona cuando llega a un lugar, y pidió a los fieles que antes de bendecirlos pidieran a Dios que le bendijera a él.

La imagen de un papa inclinado ante los fieles, desde el balcón principal del centro de la cristiandad, como es el Vaticano, pidiendo que Dios le bendiga fue otro "punto a favor", ganándose a los romanos, que acostumbrados desde hace 35 años a no tener un papa italiano, no tuvieron en cuenta su pronunciación italiana, más al contrario, alabaron y corearon a su nuevo obispo.

Pero no sólo eso, esa inclinación ha sido entendida como un gesto de "humildad, de total disponibilidad ante la Iglesia".

Y es que hasta ahora era un gesto insólito para un pontífice recién elegido.

Entre los retos del papa Francisco está la nueva evangelización y la potenciación del diálogo ecuménico con las otras iglesias cristianas.

El hecho de que se presentara como Obispo de Roma e incidiera varias veces en ello, aunque es normal, ha sido visto por los observadores como su intención de potenciar el ecumenismo, en aras de la unidad.

Los ortodoxos rechazan el primado de Roma y visto que es uno de los escollos para la unidad, ya Benedicto XVI expresó su deseo de que se estudien las formas para que su ministerio como obispo de Roma pueda realizar un servicio reconocido por todos.

En noviembre de 2007 las iglesias ortodoxas reconocieron al obispo de Roma como "primer patriarca", aunque siguen discrepando con los católicos sobre la interpretación de sus prerrogativas, según un documento conjunto aprobado por la Comisión Mixta para el Diálogo Teológico entre Católicos y Ortodoxos.

Las palabras de Francisco parecen ir en esa dirección de profundizar en ese diálogo.

La elección de su nombre también supone un cambio. Por primera vez en la historia de la Iglesia un papa, en este caso un jesuita, elige como nombre el del Santo de Asís, Francisco, el gran reformador de la Iglesia de su tiempo.

Jorge Mario Bergoglio tendrá que afrontar, sobre todo, la renovación de la curia vaticana, envuelta en enfrentamientos y con una maquinaria lenta que dificulta su funcionamiento.

Tras la renuncia de Benedicto XVI se daba por hecho que el nuevo papa tenía que ser joven, es decir entre 65 y 70 años (edades "juveniles" para la Iglesia) para poner en marcha esa reforma. Sin embargo, el elegido tiene 76, por lo que algunos observadores hablan ya de papado de transición.

Todas las miradas están puestas en la persona que elija como Secretario de Estado (primer ministro) para afrontar el escándalo Vatileaks (las intrigas, enfrentamientos y supuestos casos de corrupción en el pequeño estado) y la transparencia financiera en el banco vaticano IOR, con el objetivo -como pretendía Benedicto XVI- de entrar en la llamada "lista blanca" de Estados que respetan las normas para la lucha contra el lavado de dinero.

La elección del argentino Bergoglio también supone un reconocimiento al continente de la esperanza, como Juan Pablo II llamó a latinoamérica, donde viven cerca de la mitad de los católicos de todo el mundo.

Aunque iglesia viva, la fuerte penetración de las sectas, está causando un gran abandono de fieles de la iglesia católica.

Francisco conoce perfectamente esa situación. Habla español y ese lenguaje directo, sin traducción, puede suponer un "tapón" a esa salida y una recuperación de fieles.

Una vez más la Iglesia ha sorprendido y la elección del primer papa suramericano puede propiciar la renovación tan necesaria que necesita para propagar de nuevo el Evangelio en un mundo cada vez más secularizado.

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