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La eterna musa impresionista de Christian Dior, al descubierto en Normandía

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La eterna musa impresionista de Christian Dior, al descubierto en Normandía Foto: EFE

El diálogo permanente entre el movimiento impresionista de finales del siglo XIX y los tejidos de la casa de alta costura Dior protagoniza la exposición "Impressions Dior", que este fin de semana abrió el museo del creador de la "maison" en la localidad normanda de Granville.

Una selección de más de setenta vestidos y accesorios acompañados de una veintena de lienzos, acuarelas, dibujos y fotografías sugieren los lazos estéticos, formales y temáticos entre el arte y la moda en la muestra, que puede visitarse hasta el próximo 22 de septiembre en el domicilio donde creció del célebre modisto.

Liberándose de la sobriedad decorativa del período de entreguerras, Christian Dior trazó en su primera colección, presentada en 1947, las líneas de la "feme-fleur" (mujer-flor), a la que concedió la cintura fina de la liana y la falda larga y opulenta propia de las corolas, perfilada con unos hombros suavemente descubiertos.

Aquella colección, que el diseñador llamó "New Look" y con la que quiso que sus vestidos-jardín fueran una cita de la mujer con el paraíso, se consideró entonces una verdadera revolución estética.

"El vínculo indiscutible con los impresionistas era el interés por la naturaleza. Estos pintores, amantes de los paisajes, trasladaron sus caballetes al aire libre, rehusando el taller. Dior ideó también muchas de sus colecciones en el jardín de sus refugios en Granville, Milly-la-Forêt y Montauroux", explicó a Efe la comisaria de la muestra, Florence Müller.

No es casualidad que la Villa Les Rhumbs, reconvertida en el museo de la casa de moda, esté erguida sobre un acantilado de la costa normanda, la misma que nutrió tantos motivos impresionistas y que el modisto francés combinó, años después, con la dulzura bucólica de sus composiciones.

"La nueva línea marca la apertura del busto y el desvanecimiento de las caderas, mientras que, cada vez más, el talle se emancipa. Los colores están inspirados en los cuadros impresionistas y evocan los campos de flores de Renoir y Van Gogh", confirmó el propio Dior en la presentación de la colección "Tulipe" (Tulipán), de 1953.

Las lilas fueron las flores de la suerte de Christian Dior, quien festejó sus campanillas en forma de joyas, adornos y estampados, recordando obras como el lienzo "Primavera. Ciruelos en flor", ejecutado por Camille Pissarro en 1877.

El jazmín, la rosa blanca y las notas verdes de sus vestidos evocaron los efectos de color y luz de algunos de los paisajes frecuentados por los impresionistas, como el que representó Claude Monet en 1914, "Jardín entre lirios".

Después de la prematura muerte de su fundador en 1957, los diferentes directores artísticos de la Maison Dior continuaron homenajeando a los impresionistas.

Yves Saint Laurent, que tomó el relevo de Christian Dior cuando este falleció en Italia, sugirió en 1960 la línea "Silhouette de demain" (La silueta del mañana), con constantes referencias al agua y, especialmente, a los nenúfares, en clara alusión a Claude Monet.

Del mismo modo, con los tejidos en terciopelo negro cubiertos de satén y adornados con flores de seda rosa, Saint Laurent conmemoró a la pintora francesa Berthe Morisot.

Otro ejemplo de esa relación que la casa de moda se esfuerza por subrayar es la retrospectiva que el Grand Palais de París le consagró a Paul Cézanne en 1995, que inspiró al que entonces dirigía las agujas de Dior, Gianfranco Ferré, para crear una colección que bebía de su paleta de colores y en la que despuntaba el abrigo Arlequín, en negro y granate.

El polémico y fructífero modisto John Galliano también se dejó seducir por los trazos impresionistas e invocó, en rosa pálido, las danzas de ballet de Edgar Degas, así como por la seda, los sombreros y el azul de Auguste Renoir.

El actual director artístico de la casa de alta costura, Raf Simons, ha sido el último de los sastres de la "maison" en sucumbir, en su caso, al puntillismo de Georges Seurat y de Paul Signac, a partir de una multitud de pétalos en muselina que creaban un juego de luces y recordaban el aspecto efímero de las flores.

"En las representaciones artísticas, el uso de las flores se asocia, habitualmente, a la fugacidad de la belleza femenina, que en la línea de Simons se interpreta por la fragilidad de los materiales", relató Müller.

La muestra no soslaya la importancia que Christian Dior otorgó a los accesorios en su himno a la perfección femenina, complementos a los que los impresionistas recurrieron también para magnificar la actitud de la modelo, retirando delicadamente un guante o apoyándose de forma sugerente sobre un paraguas. EFE


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