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El color en su más depurada expresión

El color en su más depurada expresión Fotos: Juan Antonio Monsalve. Detalle de la mesa con la disposición de los platos y el camino de la mesa.

Un matrimonio ausente de estridencias, en el que los colores forman una paleta impresionista y el círculo representa la perfección.

Cuando a las socias de Santa Boda les pidieron crear la decoración de esta fiesta basándose en los tonos pasteles, no dudaron en elegir una gama de colores que les permitiera jugar con la técnica del degradé que, como su nombre lo indica, es una transición gradual de un color a otro. Así como en un amanecer, los colores del sol van pasando del rojo al amarillo, sin que haya en este fenómeno una transición brusca, el degradé es algo que aparece casi imperceptible para los ojos. El degradado es un recurso muy útil porque se pueden crear mediante su uso apropiado sombras artificiales. En el caso de esta decoración, si bien los elementos cromáticos escogidos por Santa Boda no llegan a la decena, hay en ella un propósito implícito de ‘no molestar’ con demasiadas combinaciones de tonos pasteles ni demasiados detalles, pero esta empresa echa mano de una gran cantidad de recursos de diseño que contribuyen a una puesta en escena muy original. Para empezar, los colores de los cuales partieron estas especialistas en decoración para matrimonios fueron el azul claro y oscuro, el magenta, el lila y el rosado, con toques de dorado, beige, arequipe y blanco, que sirven de fondo a esta presentación de mesas que sorprende por su sencillez y que también lleva una carga de humor que hace que los participantes en esta fiesta se sientan a gusto. Como se trata de una pareja de jóvenes a quienes les interesa el diseño contemporáneo, la firma Santa Boda decidió ‘bendecir’ esta unión con la elección de formas redondeadas que se basan en el círculo, forma que finalmente da significado al concepto de lo que completa cualquier acción o situación, y el matrimonio equivale en sí mismo a completar la idea del amor.

El círculo

Valga aquí recordar que en el campo de la simbología, el círculo es una forma que se cierra sobre sí misma, y por ello representa la unidad, lo absoluto, la perfección, conceptos que le van como anillo al dedo a la unión matrimonial. Es, igualmente, símbolo del cielo en relación a la tierra, de lo espiritual en relación con lo material. Por ello, el círculo se relaciona con la protección en nociones esotéricas o tradicionales como los círculos mágicos, los anillos de poder, las coronas reales o los cinturones invisibles.

Si bien el círculo representa el cielo, lo celestial, a Dios o al alma, se usa en lo terrenal como representación de la perfección de Dios en la tierra, de su manifestación arquetípica en la materia. Todas las culturas que han existido en nuestra historia nos han legado su experiencia a través del lenguaje simbólico. Relacionarse con el mundo espiritual y sintetizar esa mística relación con la vida a través de los símbolos es fundamental para el encuentro entre lo divino y lo humano. De allí que el círculo sea un motivo muy a propósito para pensar en el matrimonio.

Toques de humor

Sobre una mesa de madera clara se dispuso una especie de camino de mesa hecho de círculos de papel que se suceden como una continuidad en la que, sin que apenas se note, va cambiando el color: del azul más claro al magenta, de este al lila y de este al azul oscuro. Es el fondo perfecto para el único adorno que se eligió como centro de mesa: unas velas que reemplazan a los tradicionales floreros y que cumplen la función de darle realce al camino de mesa e iluminar esta superficie de una manera muy discreta. La técnica del degradé también se hace presente en los colores de las velas, que van de las blancas a las color arequipe y beige.

Sí. Hay que hablar aquí de nuevo de que los novios son una pareja muy joven, como lo son la mayoría de sus invitados. Este hecho ameritaba la escogencia de algunos detalles que se posan en la mesa para darle un cariz lúdico, de cierta intención humorística, tanto en las tarjetas que identifican los puestos de los invitados, que son unos círculos de papel con sus respectivos nombres, como en el cartelito que señala la silla donde se sienta la novia, también hecho de varios círculos de colores que se van degradando, y de igual manera en el número que sirve de marca a cada mesa, en este caso el ‘4’, hecho de madera y pintado en dorado.

Siguiendo esta premisa un poco juguetona, sobre las servilletas, que también son de diferentes tonos y que fueron pintadas por las diseñadoras de Santa Boda con pintura especial para telas, hay unos palitos endulzantes para revolver el café que llevan cada uno una cabecita de vidrio de colores coordinados con los de toda la decoración y que están atados con una cinta y un cartelito que agradece a los invitados por su asistencia a la celebración con estas palabras: “Una dulce manera de decir gracias”. Los platos de base son dorados y también guardan armonía con la vajilla blanca y las copas de cristal. Además, las sillas Chivari se escogieron en tres colores: blanca, chocolate y dorada, todas con cojines en color crudo, como para que ningún objeto de la decoración marcara una nota discordante.

Un dulce remate

El ponqué que se puso sobre la mesa, más que constituir el único postre de la reunión, tuvo como finalidad el contribuir a la decoración. Se trata de una pieza cubierta de chocolate, con una banda dorada alrededor y un cartelito de banderitas que dice “amor”, que elaboró para Santa Boda la pastelería Marie Antoinette y que lleva por dentro varias capas que coinciden con los tonos de la decoración. Las carpetas de papel de pepas que están bajo el plato del ponqué hacen de este un motivo precioso para amenizar la mesa. Por otra parte, el ponqué que se servirá para todos los invitados lleva unas ramazones de pastillaje que hacen juego con el ambiente y la decoración en general y un ramo de orquídeas rematando el piso superior. Los pequeños brotes florales que surgen entre las ramazones, redondos, son botones (sí, botones de mercería), lo que habla del esmero y maestría que puso la persona que lo elaboró, Gloria de Santana, en reflejar una verdadera naturaleza en esta pieza central.

Por lo demás, hay que alabar el trabajo meticuloso y dedicado que hicieron estas decoradoras, por cuanto no solamente crearon un concepto general para obtener un ambiente en el que se notara el empleo de los tonos pasteles, sino que diseñaron y elaboraron a mano muchos de los elementos que enriquecen este ambiente jovial e inspirador. Lo que prueba que una idea como la de los tonos pasteles, que puede parecer algo simple a primera vista, puede resultar llena de significado si se desarrolla con esmero.

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