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Morado, fucsia y naranja. Composición festiva

Morado, fucsia y naranja. Composición festiva Juan Antonio Monsalve.

Estos tres colores se articulan exquisitamente tratando de abrirse un espacio en la baraja de opciones para matrimonios.

La variedad floral de tonos morados y púrpuras es inmensamente amplia, tanto así, que estos colores lograron traspasar la delgada línea que divide los arreglos florales de los artículos decorativos, para integrarse como una gama fuerte e impactante en cuanto a las últimas propuestas que se observan en las bodas.

Justamente esta combinación permite armar un montaje lleno de sofisticación que funciona tanto de día como de noche, manteniendo la sobriedad, la fortaleza y la elegancia que busca fijársele a cada detalle.

Para Gloria Zuluaga, decoradora de su propia firma, Full Service Eventos, fue un sueño jugar con esta gama de colores al preparar la propuesta. Su experiencia de doce años en el negocio la convence cada día más de que ninguna boda es igual a otra, que todo depende de la identidad y el gusto de la pareja que tiene que estar representado en todo el espacio. Para lograr esta composición se contrastó el morado en su amplia oferta, con toques de fucsia y punzadas de naranja, además de usar bases limpias, cintas de agua y cristal de distintas formas geométricas.

Originalidad en la mesa
Con la clara idea de reunir en una misma mesa a familiares y amigos cercanos, se utilizó una mesa de vidrio imperial con capacidad para ubicar entre 12 y 14 personas, que podría ser fácilmente la mesa principal. La nueva tendencia es usar dispositivos dobles de vidrio que permiten incluir objetos entre ellos. Aquí se usó un tafetán morado que dejó que la estructura de vidrio rígida oprimiera la textura y diera una sensación suave y sedosa en la mesa.

Las sillas inglesas color plata que alumbran el recinto, están marcadas con el nombre de cada invitado en su espaldar: una nueva forma de personalizar cada puesto sin necesidad de poner un aviso sobre la mesa. Además, cada nombre está decorado con un dendrovio que cae junto con la tarjeta.

El mayor impacto visual que se dibuja en este espacio son los aglomerados de hortensias moradas con pequeños toques de mócaras naranja y dendrovios fucsia que sobresalen en medio de tantos visos púrpura.

El cristal que rodea la mesa contiene manojos oblicuos de minicartuchos morados y orquídeas Phalaenopsis fucsia, una especie de esta exótica flor nacional que se cultiva únicamente en el oriente antioqueño.

Los manojos se impregnan de movimiento y diseño con las velas que relucen en medio de tanta flor. Vasos bajos, cilindros de parafina morada, y hasta copas de martini invertidas que sirven de soporte de la velas, permiten jugar con las formas y lenguajes de la gran cantidad de decorados.

Otro elemento clave para engalanar la mesa es la cubertería. Para lograr acentuar la gama de colores, se utilizaron servilleteros con aros de cintillo y apliques que están cubiertos por dendrovios fucsia. La vajilla, toda cuadrada, resalta entre tantas figuras circulares y cilíndricas, junto con la cristalería importada.

El espacio aéreo se deslumbra con gotas de cristal con agua que encierran la belleza de las flores fucsia. El objetivo de este tono es suavizar un poco el morado, mientras que el naranja se convierte en puntos fijos de luz.

Detalles de lujo
Salirse del molde de lo que se acostumbra hacer en los matrimonios es muy fácil. Un primer paso es cambiar la popular y aburrida invitación de papel. La propuesta de Gloria Full Service es la de enviar una botella de vino en la que su etiqueta transmita toda la información que se escribe en la invitación. Esta es una forma distinta para salirse del esquema, además, se está mandando implícitamente un mensaje considerando que el vino es sinónimo de compartir, de celebrar, de brindar.

La solemnidad que caracteriza el morado también puede aplicarse a las bebidas. Es tal el caso del martini violeta, que se une a esta gran fiesta de violáceos.

Se suma a los deleites al paladar, una mesa exclusivamente de postres. Para muchos, la foto de los novios cortando el ponqué matrimonial está mandada a recoger, y por lo tanto, también lo estaría el ponqué. Para suplir este, la propuesta abarca una exploración de gustos inimaginable. La nueva tendencia es reunir en un mesón cuanta variedad de postres se pueda, además, esto ayuda a que los invitados no se sientan obligados a comer un solo plato, sino que puedan extasiarse con sabores ácidos, chocolates, frutas y nueces. Esta oferta encierra desde los tradicionales pais de manzana y de limón, hasta las donuts, eclaires, milhojas, mousse de chocolate con jengibre y la tartaleta de maracuyá con amapola.

El acompañamiento para la mesa de dulces debe ser una taza de café o de té. Las porciones pequeñas tienen el objetivo de no empalagar a los comensales. Otra opción son las ya famosas aguas saborizadas que pueden ser la compañía perfecta para un pecan pai o una milhoja. Agua de menta, flor de jamaica, hierbabuena y canela pueden convertirse en la alternativa para la gente que no gusta del licor.

Dentro de todas estas múltiples opciones, lo que más recomienda Gloria Zuluaga es hacer la voluntad de los novios
. “Hoy en día se invita a los que se quiere, ya no es por compromiso. El matrimonio es de los novios y no de los papás”, apunta la decoradora.

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