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¡Yo no me voy a dejar!...es un pensamiento de guerra que te producirá dolor y soledad...

Carlos Devis

¡Yo no me voy a dejar!...es un pensamiento de guerra que te producirá dolor y soledad... ¡Yo no me voy a dejar!...es un pensamiento de guerra que te producirá dolor y soledad...

¿Cómo puedo con ese pensamiento lograr algo verdaderamente bueno para mí? ¿Cómo puedo con ese pensamiento reconocer, valorar o disfrutar lo que quieren hacer por mí? ¿Cómo con ese pensamiento podría lograr más paz y felicidad? ¿Cómo podría mejorar o disfrutar mis relaciones?

Camila estaba saliendo de un matrimonio muy tormentoso cuando la conocí.  Además de ser una mujer muy hermosa, era muy inteligente. Ella luchaba con tenacidad y con un ánimo increíble por superar sus dificultades y sacar sola adelante a sus hijos, aunque se encontraba en una situación económica muy complicada.

Me contó que a pesar de que la vida en pareja para ella era tan importante, no había podido construir una relación estable y feliz con ningún hombre y aún sus relaciones cortas habían sido difíciles...o por lo menos distantes.

Cuando le pregunté, a qué atribuía ella su inestabilidad con los hombres, me respondió con certeza: A mí sí me gustaría tener una buena relación, pero eso sí, "yo no me voy a dejar de ningún hombre...todos son iguales ", lo único que quieren es aprovecharse de uno y luego cuando tienen lo que quieren te dejan o  cambian su manera de actuar…guardó silencio mientras su cuerpo se tensionaba en una posición rígida y defensiva.

‘No me voy a dejar’ es un pensamiento con el que asumes que "todos los hombres van a aprovecharse de ti " ¿Es cierto que todos los hombres van a aprovecharse? Le pregunté... 

Bueno, ya sé como son todos, respondió ella, medio en serio, medio en chiste.

Cuando piensas que no te vas a dejar de alguien, ¿cómo actúas con esa persona? le pregunte...

Un poco sorprendida con la pregunta, me respondió después de una pausa…no confío, me alejo, me pongo muy defensiva, impositiva, imperativa y en algunos casos arbitraria. En mi afán de defenderme, me aseguro que el otro tenga  bien claros cuáles son mis derechos, entonces, me adelanto a imponerlos, por si se le llegara a ocurrir violarlos. Tu sabes, enfatizó: Los hombres son así, ellos hacen lo que quieren, pero exigen que uno haga lo que ellos desean….

Después de una larga pausa, continuó… pero al final me doy cuenta de que he tomado todo lo que hace esa persona, primero, por el lado negativo o en contra mía y me he defendido ante lo que aún no sé si ha sido un ataque -me contestó Camila.

 

¿Cómo te tratas a ti misma cuando piensas que no te vas a dejar de alguien? Le pregunté... 

Camila reflexionó un poco y dijo – pienso que soy tonta como todas las mujeres. Que dejo que todo el mundo tome ventaja de mí, que los hombres se quieren aprovechar de mí, que me quieren someter…pero al final… pienso  que  no merezco que alguien me cuide y me tenga en cuenta. 

 

Se quedó silenciosa... como si conversara consigo misma y siguió – ¿Sabes?  Ese pensamiento... ahora que lo pienso, ha marcado todas mis relaciones. Soy de las que pienso que la gente es culpable hasta que no pruebe lo contrario, que todos los hombres son iguales.  Para mí ha sido difícil expresar mis necesidades en forma balanceada o entender las de la otra persona, no desde la rabia, sino desde la fe en el otro.  Me cuesta trabajo confiar,  especialmente en los hombres... 

 

La interrumpí y le pregunte de nuevo - ¿Es cierto que todos los hombres quieren hacerte daño?

En realidad sí he conocido buenas personas, que han sido increíbles conmigo, pero tal vez por mi prevención he sido dura, lejana y no me he permitido  a mí misma entregar mis afectos,  ni le he permitido a  ninguno de ellos acercarse a lo que realmente soy...

 

Es como si yo fuera otra persona, además, como pienso que  no me voy a dejar, hago lo que quiero, para demostrarme a mí y a él, que soy independiente, que yo estoy en control. Por eso, algunas veces no tengo en cuenta lo que la otra persona piensa o siente…pues pienso, que si no demuestro que yo no voy a dejar que nadie controle mi vida, después me hacen daño.

 

 - Me dijo,  con una leve sonrisa como si ella entendiera cómo ese pensamiento suyo, había arruinado o por lo menos maltratado gravemente muchas de sus relaciones-

- Continuó diciendo después de un momento - Con frecuencia no solo le causé daño al otro, sino lo peor, me hice daño a mí misma...Me traicioné muchas veces y me encontré actuando de manera contraria a lo que sentía... y cuando más afecto necesitaba o quería dar, más me contenía y reprimía.

 

Muchas veces  me sentí tan enamorada… pero temía mostrarme vulnerable, tenía miedo que mi pareja no me valorara. Cuando en realidad, era yo la que sentía que no valía porque  mi sufrimiento no era por lo que la otra persona hacía, sino por la forma como yo lo interpretaba y actuaba para supuestamente defenderme de lo que yo creía él hacía.

 

¿Cuándo fue la primera vez que tuviste el pensamiento " Yo no me voy a dejar de ningún hombre "?  - Le pregunté… me contestó: cuando era niña, mi abuela me decía: Camila, uno como mujer, no se puede dejar, tiene que demostrarles a los hombres que con uno no pueden hacer lo que quieran, las mujeres tenemos que ser independientes...

 

 - Continuó diciendo: eso lo aprendieron mis tías que son mujeres increíbles que nunca se casaron, porque creo que ese era su pensamiento.

Mi mamá, además me decía que en los hombres no se podía confiar, porque ellos siempre se salían con la suya y las mujeres terminábamos dando todo y al final, ellos no lo valoraban. Mi madre, aunque vive con papá tiene un matrimonio muy difícil, ahora veo que con ese pensamiento cuánto dolor nos ha causado... 

 

Camila le pregunté: ¿Qué te ha hecho más daño: algunas actitudes de los hombres en tus relaciones o tu pensamiento acerca de “no soy tonta no me voy a dejar de ellos“ ?

Mi pensamiento - Me respondió, sin duda- Nada que hiciera ningún hombre lo podía ver bien, si era muy amoroso, pensaba que quería algo; si era indiferente, pensaba que me estaba traicionando. Si me invitaba a salir, pensaba que lo hacía porque le tocaba, pero que él prefería quedarse en la casa viendo televisión. Si trabajaba mucho, pensaba que no me dedicaba tiempo. Si trabajaba poco, pensaba que yo no le importaba lo suficiente. 

No quiere decir que mi pareja no hubiera tenido responsabilidad en lo que falló en mis relaciones, pero ahora puedo ver cómo en muchas ocasiones, reaccioné más a mis pensamientos que a lo que en la realidad estaba pasando…

¿Cómo sería tu vida sin el pensamiento “no me voy a dejar  de ningún hombre“ ?

Camila suspiró y cerró un poco los ojos... uff... me dijo, me sentiría más en paz, disfrutaría más de mis relaciones, confiaría con más tranquilidad, pondría límites no desde la rabia o la defensa, creería más en mí, en lo que soy, en lo que valgo, pararía mi lucha en probar que valgo. Todo esto, lo haría, buscando el balance y la felicidad para los dos en la relación, no para conseguir que él haga lo que yo espero.

Además, así podría disfrutar más de la otra persona, porque aceptaría sus actitudes,  incluso sus reacciones sin tomarlas en contra mía. Así, lo que vivamos juntos aunque fuera difícil, perderá el gran peso adicional que le pongo con mi pensamiento: tengo que defenderme del otro. También podría ver  lo que me puede aportar,  sus gestos para cuidarme que muchas veces en mis relaciones interpreté como una manera de controlarme.

Tiempo después encontré de nuevo a Camila y me dijo que ahora se cuida de no dejar que sus pensamientos tiranicen su vida. 

Dice Byron Katie que el primer acto de guerra es la defensa...

Si mi pensamiento es: No me voy a dejar… de mis padres… de mis hijos… de mi jefe… de mis clientes...de las mujeres...de los hombres....

 

¿Cómo  puedo con ese pensamiento lograr algo verdaderamente bueno para mí?

¿Cómo puedo con ese pensamiento reconocer, valorar o disfrutar lo que quieren hacer por mí?

¿Cómo con ese pensamiento podría lograr más paz y felicidad? 

¿Cómo podría mejorar o disfrutar mis relaciones? 

 

Para terminar una clave: Cada vez que vayas a comenzar una batalla para discutir  o quejarse del otro, aún si es solo en tu cabeza, asómate  primero a la realidad y pregúntate... ¿Es totalmente cierto lo que estoy pensando?

 

En la mayoría de las ocasiones encontrarás, que la única fuente de balazos y conflictos en tu cabeza... son tus pensamientos.

Ensaya, aguanta la reacción, la crítica, el juicio, por media hora, cuestiona sin piedad tus pensamientos y te ahorrarás incontables malos momentos de dolor y sufrimiento. 

Si solo yo, que escribí este articulo hubiera sabido esto mucho antes en mi vida… cuantas balaceras me hubiera evitado...


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