COMENTARIOS

Cosas que uno no puede decirle a ella

Gustavo Gómez Córdoba

Cosas que uno no puede decirle a ella Cosas que uno no puede decirle a ella

Hay cosas que un hombre no puede decirle a una mujer. Y no puede, porque están claramente descritas en el ‘Código Penal Femenino’, y sujetas a penas bien duras.

 
Uno nunca puede, por ejemplo, decirle a una mujer que está gorda… pero tampoco que está flaca. Use las palabras más suaves y delicadas, no importa, el efecto es el mismo: las mujeres, extremistas por naturaleza, detestan el extremismo de báscula, así que si se les dice que están pasadas de peso, la furia es tanta, como si se les dice que están muy flacas. Porque si bien todas las mujeres del mundo sueñan con la delgadez, enunciada ésta en la boca de un hombre el lío es ‘gordo’. Una hecatombe, como bien (¿bien?) diría el presidente Uribe y nunca, ni para bien ni para mal, diría doña Lina Moreno acerca de reelección.

A una mujer tampoco puede decírsele que la comida está salada. Y sobre esto quiero hacer tres anotaciones básicas: a) se enfurece aunque haya sido la empleada de casa la que cocinó y no ella; b) se enfurece si el episodio sucede en un restaurante y ella sugirió el plato; c) se enfurece si la prueba y ella considera que no está tan salada como uno cree. Dado el caso de que la comida no esté salada, sino excesivamente simple, el hombre debe guardar prudente silencio (callar, a veces, es la ‘sal de la vida’ marital). Sólo un Kraken podría medírsele en batalla a una mujer acusada de servir comida que no sabe. ¡No sabe el marido a lo que se expone!

Siempre que su mujer (esposa, novia, concubina, amigovia, amante, tiniebla) le pregunte, recién llegada de la peluquería, cómo le quedó el pelo, no dude un instante la respuesta y, si le es difícil recordarla, anótela en un papelito y llévela siempre en la billetera: “Quedaste preciosa”. Comentarios como “¿no te lo dejaron muy cortico?”, “¿no te cortó el de siempre?”, “no sé, hay algo como que no me cuadra” o “me gustaba más como lo tenías antes”, pueden causar un episodio de llanto en el baño con desarrollos novelescos de varios días. La ira y el dolor de una mujer nacen y crecen en milésimas de segundo; el pelo femenino, en cambio, tarda meses en tener semejantes desarrollos.

Hablar con una mujer requiere de un ‘chip de tacto’ que por lo general los hombres no conectamos cuando hablamos con otros hombres, así que no está de más tener en cuenta la lista de temáticas en las que uno se mueve en aguas movedizas cuando conversa con una mujer: la mamá de ella, las vacaciones en compañía de la familia de uno, el manejo de los asuntos domésticos (en especial con los empleados que dependen de ella), las salidas con los amigos, las llamadas a la oficina para tratar cuestiones que podrían resolverse en casa, la manera de reprender a los niños, ese saco que ella adora y que no le combina con nada, el color de las uñas, las llamada de cierta amiga que siempre tiene un drama telefónico para contarle a ella entre 7:30 y 9:00 p.m., y el uso de videojuegos en horas de convivencia familiar.

Hay muchas otras cosas que un hombre no debe decirle nunca a su mujer. Me las reservo: mi mujer siempre lee esta revista.

También le puede interesar

COMENTARIOS

Este es un espacio de participación de los usuarios. Las opiniones aquí registradas pertenecen a los internautas y no reflejan la opinión de Publicaciones Semana. Nos reservamos el derecho de eliminar discrecionalmente aquellos que se consideren no pertinentes.
Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.