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¿Necesitamos una maestría para aprender a amar?

María Fernanda Gómez

¿Necesitamos una maestría para aprender a amar? ¿Necesitamos una maestría para aprender a amar?

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El Dr. Miguel Ruíz, Médico, Cirujano y Maestro de la Sabiduría Tolteca, autor del   bestseller, Los Cuatro Acuerdos,  nos enseña en su valiosísimo libro: La Maestría del Amor cómo sanar nuestras heridas emocionales, recuperar la libertad que nos pertenece por derecho y reencontrar  la alegría como parte esencial de las relacionales amorosas.

 

Todos somos maestros y somos seres humanos multidimensionales, es decir, tenemos el poder de crear y nuestro poder es tan grande que todo en lo que creemos se nos puede convertir en realidad.  Podemos crearnos a nosotros mismos, ser quien realmente deseamos ser. Somos maestros de nuestra propia personalidad y de nuestras creencias; dominamos cada acción y cada reacción pero también podemos convertirnos en maestros de los celos, de la tristeza o del auto rechazo.

 

Para convertirnos en Maestros del Amor tenemos que amar  y el arte de las relaciones es una maestría completa y la única forma de pasarla es viviéndola. Todos vivimos con el miedo a ser heridos y esto da origen a grandes conflictos donde quiera que vayamos y a fin de proteger nuestras heridas emocionales, creamos algo bastante sofisticado en nuestra mente: un gran sistema de negación y en este sistema nos podemos convertir en unos perfectos mentirosos.

 

Mentimos tan bien, que nos mentimos a nosotros mismos e incluso nos creemos nuestras propias mentiras. El sistema de negación es como un muro de niebla frente a nuestros ojos que nos ciega y nos impide ver la realidad. 

 

Cuando el ser humano nace, su mente y su cuerpo están completamente sanos. Más o menos a partir del tercer o cuarto año aparecen las primeras heridas en el cuerpo emocional y se contaminan del veneno emocional pero los niños de esta edad siempre están jugando. Su imaginación es muy poderosa y su manera de soñar es maravillosa. Si algo no les gusta reaccionan y se defienden pero luego se olvidan del asunto. A esta edad se vive el momento, no hay vergüenza por el pasado y el futuro no es motivo de preocupación. El niño expresa lo que siente y no le da miedo amar.

 

Tristemente, cuando  éramos niños, los adultos nos contaminaron enseñándonos a vivir como grandes. Nos llenaron de información pero el problema reside en cómo nos transmitieron la información y nos domesticaron con castigos y premios y al principio nos dio miedo el castigo y el no recibir la recompensa y nos asustaba no ser lo bastante buenos para nuestros padres, hermanos, amigos o profesores. De este modo es como nace la necesidad de ser aceptado y una simple opinión de alguien, aunque no sea cierta es capaz de hacernos caer en el más profundo de los infiernos.

 

A partir de estas confusas enseñanzas convertimos algo tan espontáneo como el amor en una adicción que nos consume, nos domina y se convierte en una necesidad miedosa y empezamos a crear una serie de ataduras y posesiones malsanas y empezamos a dudar si el amor realmente existe.  Abrimos nuestro corazón, nos volvemos vulnerables y lo que encontramos es egoísmo. No importa cuántas relaciones iniciemos siempre ocurre lo mismo. Entonces ¿para qué buscamos el amor?

 

El principio del amor y para volvernos Maestros en el Amor, debemos concentrarnos en aprender a amarnos a nosotros mismos.  ¿Quién no es amable e incondicional consigo mismo? Cada quien debe ser su mejor amigo y aceptarse con sus virtudes y defectos. Si logramos salirnos de nosotros, observamos y mirar de forma objetiva   qué no nos gustaría que nos hicieran, aprenderemos  a respetar a la pareja a entenderla sin pretender cambiarla y nos volveremos  mucho más amigos de la persona a quien amamos. Recuerda que la amistad entiende y perdona más fácil mientras que el amor censura más rápido. Cuando nos conectamos con nuestra verdad interior, vemos de forma más clara lo difícil que es pretender cambiar a los demás o cambiar por los demás.

 

Nuestras células son totalmente leales, trabajan para mantener la armonía.  Su principio es el de cuidarnos pues están en constante regeneración  pero no podemos abusar de ellas ni mucho menos maltratarlas y si aprendemos a amar y amarnos sin juzgarnos estaremos fortaleciendo nuestra voluntad de perdonarnos  y perdonar. Limpia nuestra mente del veneno emocional  y de las recriminaciones a   fin de vivir un amor en paz y con la generosidad del desapego que nos permite ser y dejar ser.

 

El poder del amor hacia nosotros mismos nos permite disfrutar de la vida, gozar las relaciones, ser verdaderos cómplices y a soltar el miedo al amor. Todos tenemos el poder de crear la generosidad de amar sin condiciones y ser Maestros del Amor espontáneo que da sin la preocupación del  mañana pero con la alegría del día a día con el ser amado.

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