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Tantra – el camino más perfecto hacia un placer sexual sin inhibiones ni fronteras

María Fernanda Gómez

Tantra – el camino más perfecto hacia un placer sexual sin inhibiones ni fronteras Tantra – el camino más perfecto hacia un placer sexual sin inhibiones ni fronteras

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El Tantra no constituye una religión o un credo, sino un estilo de vida y de conducta centrada en la conquista del éxtasis. Asume la energía sexual como una potencialidad vital divina y abarcadora que reside naturalmente en el individuo, impregna la totalidad del universo y afecta todo lo que el hombre y la mujer hacen desde que nacen hasta que mueren. El adepto tántrico practica intensos rituales que le permiten abrir, desarrollar y refinar sus sentidos, a fin de que lo masculino y lo femenino se desplieguen en el cuerpo como si fuera un templo para la adoración sin reservas.

 

El sexo ocupa notoriamente un plano central en la simbología tántrica.  En la India, todas las circunstancias que rodean al amor, desde los primeros encuentros de las miradas, el lenguaje de los roces, las sutiles manifestaciones corporales hasta el abandono final de uno mismo son siempre considerados bajo un significado espiritual. Por ello la representación sexual aparece de modo general libre y directo en el simbolismo religioso.

 

Los maestros tántricos enseñan que los seres humanos poseen una verdadera cualidad divina y que la esencia del individuo es totalmente pura. Para poder comprenderlo y que esto sea parte integral de la propia vida y no una mera idea intelectual, es necesario asumirse y emanarse como una deidad. Asimismo, la persona tiene que abandonarse en los brazos del otro y dejar que la energía del tantra lo impregne todo y conduzca la situación. Si por alguna razón hay algún miedo latente con relación al amante, es preferible olvidarse momentáneamente del tantrismo.  El tantra no es una aventura casual para un fuego  de un fugaz episodio carnal en un motel ni para poner punto final a una borrachera de despedida de soltero.

 

El amante tántrico no fabrica pensamientos eróticos y no planea situaciones exóticas. No fuerza los acontecimientos: deja que todo fluya de forma natural. Permite que su alma se empalme con el alma de su ser amado, en el marco armónico de la totalidad cósmica. Se embarca fluidamente en el acto sexual: ese abandono profundo es suficiente. Se relaja y nunca olviden que cuando el hombre y la mujer están relajados, suceden cosas extraordinarias.  La trampa que siempre tiende a la mente humana consiste en tratar de adelantarse a los hechos en pos de algún resultado, lo cual hace que uno jamás esté completamente presente en sus actos. Tal aceleración suele perturbar muchas relaciones humanas. No olviden que la verdad transformadora se encuentra en el “aquí y el ahora”.

 

Al comenzar su experiencia del tantra, el hombre occidental nunca debe de tratar de ponerse de inmediato en la postura erguida de Shiva, sentado con las piernas cruzadas a la manera de un yogui hindú y mucho menos con su lingam erecto, porque lo único que logrará es acalambrarse antes de que pasen cinco minutos. Las etapas iniciales deben ser  mucho menos esforzadas (esta posición puede ser explorada un poco más adelante). Lo que sí debe asumir el varón es un rol receptivo en vez del típico rol activo que sitúa su cuerpo encima del de la mujer, quien queda prácticamente sujeta a los movimientos de su compañero. Cuando él se acuesta de espaldas y ella se ubica encima, cambia de modo fundamental toda la dinámica del acto sexual. Este no significa que el hombre quede en un estado completamente pasivo.

En esta instancia hay un elemento complementario que aporta un importante factor para los contactos corporales: una crema lubricante o humectante y aquí puede empezar a abordar el cuerpo de su compañera. Es importante que los dos decidan no apresurarse en dirección al coito propiamente dicho, que en situaciones corrientes no pasa de un acto que no dura más de 10 minutos. La intimidad se intensifica si a las acciones paulatinas se añade un diálogo ceñido expresamente a los preliminares de la cópula, que según la imaginación de los amantes puede contribuir inmensamente  a la excitación mutua y así llegar a la máxima satisfacción del deseo del sexo para que todos seamos felices.

 

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