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Juventud en éxtasis Sustancias que antes eran "exóticas", como la heroína, ahora son consumidas por escolares (Foto: Thinkstock)

Enterarse de que su hijo usa drogas puede ser la peor pesadilla de un padre. Las cifras son contundentes y hay que mantenerse alerta. Claves para enfrentar una realidad que golpea a los jóvenes y no esquiva a los adultos.

“Cuando me llamaron del colegio pensé que se había lastimado y tenía que ir a recogerlo, como cuando era chiquito, pero cuando me pasaron a la sicóloga y me dijo que quería conversar conmigo y con mi esposo, me asusté mucho. Nos explicó que habían hecho una requisa porque sospechaban que algunos estudiantes estaban llevando droga al colegio. A mi hijo le encontraron marihuana y una bolsita con seis pastillas de éxtasis. Me sentía como en esos comerciales de Telemundo para familias hispanas, pensaba que estas cosas pasaban en esas high–schools donde los niñitos son tremendos y se mezcla de todo. Sólo podía preguntarme en dónde estaba el error. Ingenuamente, le rogaba a Dios que no las hubiera probado. Mi  hijo era feliz, juicioso, pero se equivocó y afortunadamente me di cuenta a tiempo”. Así narra María Beatriz  la noticia que recibió hace varios años atrás.

Jugando con fuego
Alejandro Álvarez —supervisor de diseminación del centro de rehabilitación Narconon­­— comenzó a consumir marihuana cuando tenía 9 años y después de pasar por casi 12 intentos y fracasos logró recuperarse. Para él las razones que terminan por involucrar a un adolescente con las drogas son diversas y consabidas. “Puede ser desde la simple curiosidad o la necesidad de escape ante los problemas, o el deseo de hacerse notar y sobresalir en un grupo. Una vez que la persona ha ingerido las drogas o el alcohol, estas toxinas se acumulan en los tejidos grasos, quemando a su vez vitaminas, en especial la B1 (tiamina), calcio y magnesio. Por esta razón, aparecen los espasmos musculares, la depresión, y el mal estado físico y síquico; esto hace que la persona consuma de nuevo”.

Del jardín al laboratorio

La marihuana continúa siendo una droga de alto consumo, especialmente por el precio y porque muchos creen que es ‘natural’ y eso la hace menos adictiva. Lo cierto es que hoy en día la yerba es sembrada y manipulada químicamente para hacerla aun más adictiva. Hay ‘cultivadores de patio’ que orinan las matas para que el ácido úrico las haga crecer más rápido. El consumo de drogas siquiátricas o tranquilizantes como Rohipnol, Diazepan, entre otros, también es preocupante, pues todavía los controles en ciertas farmacias no son lo suficientemente estrictos y cualquiera puede acceder a ellas.

Las drogas sintéticas son aquellas que se elaboran a partir de la sintetización de sustancias como la anfetamina. El éxtasis o metilendioximetanfetamina (MDMA), es la más conocida y es una droga que tiene tantas leyendas alrededor de su origen como letras en su nombre. También se les denomina en ingles Design drugs (drogas de diseño), término que ha generado controversia. Augusto Pérez considera que el nombre es errado ya que “no fueron seres maquiavélicos en laboratorios quienes se propusieron diseñar sustancias parecidas a las que ya existían en el mercado ilegal, lo que realmente pasó, fue que alguien dejó de usarlas como un medicamento y esto se generalizó. Por ejemplo, es claro que los anestésicos sirven para dormir el sistema nervioso durante una operación, si alguien se acostumbra a mantener su cuerpo en este estado no tiene nada que ver los fines exclusivamente médicos y científicos para los que fueron fabricados estos productos”. Por otra parte, entidades como la DEA se rehúsan a usar el término porque les otorga cierto glamour a las sustancias nocivas.

‘Drug & Co’

Las drogas sintéticas son cada vez más populares debido a su facilidad de consumo, pues sólo basta con llevarlas a la boca y ya. El éxtasis es la más utilizada no sólo por los adolescentes, sino por adultos jóvenes entre los 25 y 35 años que la usan como ‘recreación’. “Les ponen unos nombres llamativos pokemón, smile, love–pill y los ‘pelaos’ llegan todos emocionados a contar que tienen la ‘superpepa’ y pagaron un dineral por ella, pero en verdad es el mismo componente con grabados y colorcitos diferentes. Cosas del mercado” cuenta Jaime, o Jimmy, como le dicen sus clientes a quienes vende éxtasis y ácidos “de vez en cuando, nunca a menores y siempre de la mejor calidad, porque casi 60 por ciento de éxtasis que circula en Colombia no es de verdad, sino unos derivados de anfetaminas, pero ‘el que sabe, sabe’ y siente la diferencia de una”.

Dice que es un buen negocio: “Yo no voy a bares, nos encontramos en algún sitio o yo les hago el domicilio. Ah, y eso sí, que sea cosa de fin de semana, no me gusta esa gente que se embala porque sí,  los intermediarios a cambio de recibir sus dosis gratis. Es una forma de aumentar sus ingresos, evitar controles y, sobre todo, de no tener la mercancía en sus manos, de tal manera que ante una requisa si es un menor el que está traficando, entonces no va a la cárcel. Este tipo de consumidores presenta cuadros de adicción difíciles porque el acceso ilimitado a la droga los lleva hasta el fondo.

Salida de emergencia

“Si un papá o mamá descubre que su hijo está consumiendo drogas, debe pensar inmediatamente en la posibilidad de llevarlo a un centro de rehabilitación, lo más seguro es que el niño o la niña ejerza resistencia, pero no puede quedarse de brazos cruzados. Es muy importante que se informe bien sobre los tratamientos que ofrecen. Tiene que ser un lugar donde puedan manejar el síndrome de abstinencia, primer paso en un proceso de desintoxicación.

Hay jóvenes que han caído en sitios donde en lugar de recuperarse, aprenden a consumir nuevas sustancias”, explica Alejandro González. “Lo primero es entender que el problema no son las drogas como tal, sino la dificultad de  la persona para manejar su vida. No es conveniente el uso de drogas siquiátricas para tratar a la gente, ni tampoco esos programas que ponen a sus pacientes a hacer ventas en la calle, esa no es la mejor opción”. 

Señales de humo

Si tienes sospechas de que un adolescente está consumiendo drogas, presta atención a los siguientes síntomas. No se trata de hacer un curso acelerado de paranoia, simplemente abre los ojos.
Motricidad más lenta de lo normal.
Ojos rojos y uso de gotas sin prescripción.
Pérdida de memoria o dificultad para recordar hechos recientes.
Hablar pausado.
Olor a marihuana en la ropa o el pelo.
Uso de inciensos o ambientadores.
Signos de deshidratación como piel seca o labios partidos.
Pérdida de peso sin razón aparente.
Episodios de hambre desaforada fuera de las comidas.
Cambios en el estado de ánimo.
Ausentismo escolar.

Padres e hijos
No son consejos. Son simplemente frases no tan repetidas, aplicables en ciertas etapas de la vida, cuando los padres se preguntan ¿qué nos pasa?
La prohibición sólo genera mayor deseo frente a la adicción.
Aprende a diferenciar la rebeldía de la agresividad.
No juzgues a los jóvenes sólo por la música, la ropa, aretes o tatuajes o corte de pelo.
Sentarse a beber con tus hijos, o enseñarles a fumar con la idea de “romper el tabú y quitarles la gana”, es una dinámica poco efectiva.
Lee e infórmate.
No le entregues a un niño grandes sumas de dinero, después de las ganas, es la segunda condición para mantener un vicio.
Preocúpate por conocer a los amigos de tus hijos.

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