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Perder la custodia de los hijos no significa perder su confianza

Perder la custodia de los hijos no significa perder su confianza Foto: Thinkstock

Nadie discute el escenario ideal para el desarrollo infantil junto a ambos padres. Cuando se presenta una separación es imprescindible pensar en las consecuencias emocionales que esto trae a los hijos; la madurez y la permanente muestra de cariño son fundamentales para que el proceso no tenga consecuencias nefastas.

Con frecuencia, los jueces suelen otorgar la custodia de los niños menores de 7 años a la madre casi de manera automática, pero en estos tiempos de inestabilidad económica y de retos profesionales para ambos géneros, ambos padres suelen confiar el cuidado a terceros porque deben salir a trabajar. Si tal es el caso, la custodia es evaluada más a fondo y se abre la posibilidad de que la madre la pierda.

Esta situación, por aterradora que parezca, debe ser asumida con la mayor madurez posible, evitando peleas y altercados, procurando generar un ambiente de confianza, y haciendo lo posible por hablar bien de la ex pareja, para no generar en los hijos ningún sentimiento hostil. A continuación una breve lista de sugerencias que te facilitarán la relación con tus hijos durante y después del proceso de divorcio, sin importar quién haya ganado la custodia.

•    Que el niño pueda contar con determinados puntos de referencia, que le sirvan de enlace con el mundo exterior, es imprescindible para el adecuado desarrollo infantil. Para el niño menor de cinco años, el punto de referencia más fuerte suele ser la madre, cuando es ella quien se ocupa de él. En caso de que ambos padres salgan a trabajar y dejen el niño al cuidado de otras personas, la custodia del niño es evaluada más a fondo porque los dos progenitores estarían en las mismas condiciones de asumir el cuidado responsable del hijo.
•    Muchas madres piensan que, después de los dramáticos momentos del divorcio, los niños necesitan un tiempo para recuperarse, esto es un error. Según explica Jacqueline Borgoyne en su libro “El divorcio, los hijos y usted”, el alejamiento de los hijos justo después del divorcio puede ser nocivo para los niños porque les transmite un mensaje de desamparo.
•    Tras el divorcio de los padres, los niños necesitan saber y sentir que ambos progenitores siguen ocupandose de ellos; aunque la pareja haya fracasado su compromiso como padres debe seguir intacto. El diálogo tiene un papel fundamental en esta situación. De acuerdo con la psicoanalista francesa Françoise Dolto, todos los niños, incluso los bebés, comprenden mucho más de lo que los adultos creen, por eso es fundamental hablarles, explicarles incluso antes de la ruptura.
•    Es importante que los niños se mantengan en la misma casa, sin importar quién se quede con la custodia. De la misma manera que existe un adulto de referencia, existe un espacio de referencia, que se prolonga también al colegio, los amigos, los profesores, etc. Gran parte del éxito de la recuperación emocional de los niños después del divorcio depende de la cercanía que ambos progenitores mantengan.
•    Cuando los hijos de una pareja que se divorcia son más grandes, el jurado suele preguntarles con cuál de los dos padres quieren vivir, esto es bueno siempre y cuando la pregunta no se haga abiertamente, porque la presión que ejerce la lealtad será de tal magnitud que, sea cual sea la decisión que tomen, el sentimiento de culpa por no haber elegido al otro padre puede durar durante varios años, aunque el niño sea muy maduro.

Jacqueline Burgoyne relata en su libro el caso de una niña de trece años cuyos padres se habían divorciado y tenían nuevas parejas, piden para la niña una consulta con la psicóloga para que le ayude a tomar la decisión de en dónde quiere vivir. “La niña me preguntó de forma muy directa porqué sus padres le habían pedido que fuera a visitarme. Al explicarle que ambos querían que viviese en el hogar donde fuese más feliz y por ello necesitaban saber lo que ella pensaba…la niña dijo aliviada: ¡ah, pensaba que querían que yo tomara la decisión!”.

Tan sólo con saber que sobre ella no recaería la responsabilidad de la decisión, la niña se sintió aliviada y pudo hablar abiertamente de los pros y contras de ambas opciones, confiando en que sus padres tomarían la mejor decisión para su felicidad, tomando en cuenta la información proporcionada por ella misma.

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