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10 cosas de los tipos que soportabas con 20 y que con 30 no aguantas

Fucsia.co

10 cosas de los tipos que soportabas con 20 y que con 30 no aguantas Foto: Ingimage

A medida que uno cumple años, tiene más claro que quiere para su vida y que no está dispuesto a aceptar. La inexperiencia de los 20 años se torna en aprendizaje cumplidos los 30, más en tema de hombres.

Si a los 20 cualquier cosa que nos brinden parece maravilloso, llegados a la treintena no todo vale cuando hablamos de hombres (Lee el articulo Las 10 cosas que hacías a los 20 años y que ya no haces a los 30) Estas son algunas de ellas:

1. Los halagos estúpidos.
Si bien es cierto que con 30 nos sigue encantando que nos digan cosas bonitas, ahora exigimos que tengan cierto fundamento, cierta lógica, en base al contexto de la relación y en el punto en el que está. Con 20, el  recién aparecido te podía decir a la semana de conocerte que eras la mujer de su vida y te parecía lo más normal y coherente del mundo.  Con 30 años la labia fácil no funciona. De hecho, asusta un poco. El adulador, mejor de lejitos.

2. Las conversaciones sobre su miembro. Los hombres deberían ahorrarse este tipo de charlas a cualquier edad. Al margen de utopías, por alguna razón incomprensible, a los 20 aceptamos tener esta conversación sin poner mucho impedimento y con el único fin de reconfortarles: “todo va bien por ahí abajo cariño, tranquilo que es perfecta”. A los 30, que un tipo te venga preguntando qué te parece su miembro es inaceptable: si en todos estos años no es consciente de sus atributos, que pague un psicólogo para superar sus problemas de tamaño y amor propio.

3. Que se salte los preliminares.
La ignorancia e inexperiencia de los 20 es un mal aliado en el sexo, sobretodo porque a esa edad, a las mujeres nos cuesta hablar y demandar lo que queremos en esa situación. Así pues, acabamos manteniendo relaciones sexuales en las que, al final, el que disfruta es él y a nosotras nos dejan con las ganas. A los 30 uno es capaz de hacerle entender a la pareja que hay un mundo más allá de la penetración.

4. Hoy te quiero, mañana no. A los 20 nos encanta meternos con tipos tormentosos porque, por algún motivos, identificamos la intensidad y toxicidad de las relaciones con el amor verdadero. A los 30, uno entiende que la tranquilidad en una relación es el bien más preciado y que el bipolar, ese que un día te quiere, al otro no y días después vuelve a buscarte porque otra vez te quiere, está mejor fuera de nuestras vidas. 

5. Los chupones. No, no y no. No hay más. A los 30 uno no se puede presentar en su trabajo luciendo un moretón en el cuello porque el desjuiciado de tu novio no se controla. Ni en el trabajo, ni con la familia, ni con los amigos. No, no, no. A los 20, uno los lucía con orgullo, pero a los 30 no aguanta.

6. Que te presenten a la familia a la semana de estar cuadrados. Formalizar una relación es un momento importante a los 20 y a los 30, de eso no hay duda. Sin embargo, a los 30 uno es más consciente de la importancia que tiene conocer a la familia de la persona querida, del paso que supone y lo que implica: reuniones familiares, soportar a la suegra, bodas, bautizos, comuniones…  A los 20, cuanto antes nos llevaran a conocer el hogar familiar mejor: signo inequívoco de que nos querían. Hasta que uno se enteraba que con la misma rapidez que nos llevó a conocer a su mamá, también llevó a las 20 novias que nos antecedían…

7. Que no te toque durante el sexo. A los 30, el sexo de película porno no es una opción. Por más casual que sea el encuentro, uno busca cierta pasión y contacto humano, algo que a los 20, por una falta total de decir en voz alto lo que nos gusta en la cama, lo dejábamos pasar.

8. Que se emborrache hasta perder la conciencia. A los 30 es una exigencia irrevocable que el hombre con el que mantenemos algún tipo de relación tenga, por lo menos, la misma edad mental que tú. No es atractivo tener que soportar a un borracho con 20, menos lo es 30, cuando esperas que la otra persona sea lo suficientemente madura y responsable para saber decir “hasta aquí bebo”.

9. Que sea un vanidoso. A los 20, eso de salir con el tipo más guapo, el que más se arregla, el que más gusta al resto de mujeres, incrementa nuestro ego. Ahora, cuando pasa lo mismo a los 30 y te das cuenta que él está más preocupado que tú por como se ve, por si su pelo está despeinado, por no repetir la pinta de la última vez que vio a tus amigos, por no salirse de los estereotipos, por lo que vayan a decir de él, por gustarle a todo el mundo, lo único que piensas es qué pereza de tipo.

10. Que decida siempre por ti.
Con 30 años podemos elegir plato y lo que queremos comer esa noche en el restaurante. También podemos  decantarnos por un plan y descartar otro. Podemos estar cansadas y decidir que no queremos salir. Somos mayorcitas y tenemos capacidad de decisión, lo que no quita que de vez en cuando nos sorprendan. Sin embargo, lo que nos parecía a los 20 años un gesto inequívoco de iniciativa por parte del tipo, a los 30 es un exceso de control y egocentrismo.

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