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Desintoxica tus relaciones

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Desintoxica tus relaciones Desintoxica tus relaciones, foto: Thinkstock

Algunas relaciones son tóxicas, no sólo para nuestras mentes sino también para nuestros cuerpos. ¿Por qué dejamos que esto pase? Si aprendes a reconocerlas y a removerlas de raíz, podemos invertir energía y tiempo en vínculos más positivos.

Por RevistaFucsia.com 

Algunas relaciones son tóxicas, no sólo para nuestras mentes sino también para nuestros cuerpos. ¿Por qué dejamos que esto pase? Si aprendes a reconocerlas y removerlas de raíz, podemos invertir energía y tiempo en vínculos más positivos.
‘Me enferma saber que él tiene poder total sobre mí’, confiesa Juliana, de 34 años, con una amargura que no puede esconder. Él es Juan, uno de sus mejores amigos. Ellos compartían todo, se contaban todo… Al menos eso es lo que Juliana pensaba. Con el tiempo, y porque sus otros amigos estaban muy pendientes de lo que estaba pasando, su papel en esta relación finalmente fue claro para ella: ella era la compañera fiel que le daba a Juan seguridad sobre él mismo.

‘No me daba cuenta de todo lo que él hacía para brillar más que yo’, dice Juliana. ‘Era Juan el intelectual, el exitoso, versus Juliana, la mujercita amable, un poco loca. Incluso olvidé que obtuve el grado de abogada con honores, olvidé mis propios logros. El golpe final fue el nacimiento de mi primer hijo, cuando Juan me mando un cortísimo mensaje para felicitarme. Eso fue todo’. Como él no podía tener hijos propios, entendí finalmente lo que yo entendía como amistad pero no lo era en realidad. Era simplemente una relación inequitativa de poder’.

El poder es, de acuerdo a los psicólogos, el motor de las relaciones tóxicas. Manipular a otros para satisfacer nuestras necesidades narcisistas se puede lograr mediante la seducción, emoción o miedo. Otras personas están dedicadas a disminuir nuestra autoestima y frecuentemente es con nuestro consentimiento. Esto es lo que duele a fin de cuentas. ‘¿Por qué no me di cuenta?’ Es usualmente la primera pregunta que viene a nuestra cabeza, incluso si dudamos a que pueda surgir una simple respuesta a una pregunta tan complicada.

Identificar el elemento tóxico
En el psicoanálisis, las relaciones humanas están guiadas por las necesidades e influencias del subconsciente, lo que explica por qué no estamos conscientes de ellas. ‘Dos personas se reconocen las unas a las otras porque imaginan que van a encontrar lo que están buscando en el otro, eso es una nueva persona que va a satisfacer sus deseos, miedos, las cosas que les hacen falta’, sugiere Thierry Janssen, un especialista en la conexión mente/cuerpo.

Esta es la razón por la cual desarrollamos ataduras. Toma tiempo transformar este vínculo neurótico en algo más maduro y respetuoso de nuestros límites. Excepto, algunas veces, el tiempo no tiene nada que ver. Si permanecemos en relaciones tóxicas sin poder descifrarlas, esto se debe a que una parte de nosotros busca revivir el pasado.
‘Nuestro subconsciente está buscando lo que conoce, no anda por territorio desconocido’, explica la psicoanalista Isabelle Korolitski. ‘En principio el vínculo que es tóxico, que nunca hemos experimentado, puede llevar a otro vínculo igual’. También destaca que la manera en la que creamos lazos con alguien que nos manipula, nos domina, o incluso, nos evita, nunca es accidental.

En su libro, Toxic Parents, la psicoterapeuta norteamericana Susan Forward reconoce que algunos padres exhiben un comportamiento ‘disfuncional’. Manipulación, incertidumbre, alcoholismo, violencia física y psicológica, inmadurez, padres que se presentan como perfectos… éstos conceptos venenosos pueden contaminar la psiquis de un niño, condicionando sus relaciones y su futuro.

Cuando se cuestiona a Juliana acerca de quien en su familia se parece a Juan, ella recuerda a ‘un padre dictador, brillante pero arrogante’. Desde chantaje disfrazado hasta consejos que son ‘por tu bien’, pueden envenenar una relación en muchas maneras. Esto es lo que hace difícil identificar una relación así rápidamente. ‘También tiene un componente adictivo’, afirma el psiquiatra Francois-Xavier Poudat, ‘porque si no estuviéramos emocionalmente y psicológicamente atrapados nos iríamos, y nunca caeríamos en esa misma trampa. Como todas las toxinas, tiene sus recompensas: placer, seguridad y una forma de reconocimiento’.

Entendiendo las señales físicas
Laura, de 39, recuerda su primer jefe con angustia. ‘Ella me enseño como ser una contadora, pero, después de cuatro años, aún era como una aprendiz. Yo nunca me atreví a tomar iniciativa propia y estaba trabajando como loca todo el tiempo. Cuando finalmente renuncié, me di cuenta que me encontraba pensando más en ella que en mí o mi pareja’.

De acuerdo al psicoterapeuta Thomas D’Ansembourg, ‘las relaciones no saludables, cualquiera que sean, conllevan a tres tipos de pérdidas – pérdida de autonomía, pérdida de energía y pérdida de confianza en uno mismo’.
Mientras que una relación saludable está acompañada de un sentimiento de ligereza, libertad, confort o seguridad, la psicóloga Béatrice Milletre cree que la versión tóxica siempre está acompañada de incomodidad. Siempre genera estrés, así nos demos o no cuenta. ‘Todo lo que afecta la mente, aunque lo haga inconscientemente, afecta el cuerpo, sostiene Anne-Marie Filliozat, una psicoanalista especializada en enfermedades psicosomáticas. ‘Cuando nos encontramos en una relación tóxica, experimentamos ansiedad, tensión muscular, pérdida del sueño y falta de apetito. Si hacemos caso a nuestros cuerpos, podemos descifrar estas alertas’.

Todos hemos experimentado esto: algunas personas sacan lo mejor de nosotros, otras nos hacen reír, pero muchas nos hacen sentir que no valemos nada y nos bajan la moral. Todos estos son ejemplos de las formas en las que nos afectan físicamente, y debemos prestar atención a esto. Desde que una relación nos haga sentir mal físicamente debemos cuestionarla.

Gillian, de 32 años, se dio cuenta que andaba últimamente exhausta todo el tiempo. ‘Un día, en mi clase de Yoga, mi profesora preguntó que estaba haciendo para sentirme tan cansada, y de pronto me di cuenta que mi madre había estado controlándome por años con su vulnerabilidad crónica. Apenas hablé con ella me di cuenta cómo me tensionaba. No sé por qué no me había dado cuenta de esto antes’.

Crear distancia
No es fácil desintoxicar nuestras relaciones. ‘Porque no se trata de neutralizar una persona tóxica, sino desligarnos de un vínculo tóxico’, afirma D’Ansembourg. ‘Esto es lo que la hace diferente de una relación infantil, en la cual podemos culpar al otro. En una relación adulta, nosotros también somos responsables de este vínculo. Lo complicado es que una relación tóxica se hace más fuerte con el tiempo, a medida que hay contacto con más frecuencia y mayor intimidad.

Entre más tiempo pasa, nos volvemos más lúcidos acerca del tipo de relación, pero a la vez estamos más inmersos en ella. Milletre identifica 3 patrones que nos hacen permanecer en relaciones tóxicas: pasividad, miedo de cortar el vínculo y sus consecuencias, y el miedo también de causar dolor.

‘Debemos estar conscientes de este tipo de relaciones y después distanciarnos’, afirma Milletre. ‘Trabaja en tu responsabilidad, entiende tus necesidades y pon ciertos límites –estas son etapas claves en el camino hacia la desintoxicación’, dice Poudat. ‘Restablecer tu autonomía financiera es otra forma de reducir el poder de la otra persona. Entre mejor nos tratemos a nosotros mismos, entre mejor nos conozcamos y satisfacemos nuestras necesidades, menos susceptibles seremos’.









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