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El temor a estar solas Foto: Pantherstock

Alguna vez nos ha ocurrido, no queremos seguir en una relación que no nos hace felices, pero tampoco queremos estar solas. Pensamos en cortar un lazo que no nos hace bien, pero es allí cuando ese temor reaparece y no nos permite ser libres. ¿Será que olvidamos que lo primero es el amor propio?

El hecho de volver a nuestros días de soltería nos aterra, tanto que nos apegamos a los aspectos positivos de la relación y obviamos los negativos. Cambiamos nuestra tranquilidad por el hecho de sentirnos “amadas”, cuando en realidad, el primer paso para lograr amar a otra persona es amarnos a nosotras mismas.
 
En eso se basa la dependencia afectiva o emocional, un estado psicológico de apego en el que, en vez de resignarnos y  aceptar el rompimiento, continuamos en una relación carente de sentido, en la que muchas veces la palabra amor ya no es la filosofía.

Así lo afirma el reconocido psicólogo clínico Walter Riso, en su libro “¿Amar o depender?”, en el que expone casos reales en los que sus pacientes eran adictas a la relación, por el simple hecho de “tener a alguien” así se tratara de la peor compañía. En todos los casos, las mujeres sufrían del síndrome de abstinencia, tal y como si su pareja fuera una droga y necesitaran de esta para alcanzar un estado de bienestar.

¿La solución? El autor plantea el desapego como el único antídoto para la adicción afectiva, basándose en tres conceptos: independencia, no posesividad y no adicción, y, teniendo en cuenta, que el despego no es sinónimo de frialdad, indiferencia o desamor.


¿Cómo identificarlo?


1. Una relación sentimental debe enriquecernos y hacernos crecer en todos los ámbitos de nuestra vida. Nos debe hacer más felices de lo que vivimos, pero jamás intentar llenar vacíos emocionales pasados. Es necesario que nuestro corazón esté sano para poder iniciar una nueva relación.

2. 
Si no somos felices ¿Para qué continuar? Una relación sentimental no significa tener a alguien al lado para no sentirnos solas. Implica amor, respeto y libertad. si alguno de estos elementos falta, es necesario hacer un stop en el camino.

3. ¿Amo estar con él o es solo costumbre? Que la rutina no te confunda. Pregúntate si aún sientes esas “mariposas en el estómago” cuando lo ves o, simplemente, son parte del pasado. ¿Se divierten pasando tiempo juntos? ¿De vez en cuando le dices que lo amas sinceramente? Si no es así, tal vez el amor que alguna vez existió se convirtió en apego.




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