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Los chicharrones del amor

Odette Chahín

Los chicharrones del amor Foto: Thinkstock

Cuando tu relación parece una fritanguería de tanto chicharrón, ¿es mejor cambiar de dieta o de pareja? Los chicharrones son pequeñas pruebas de amor para ver qué es capaz de hacer uno por la pareja.

Erase una vez un tipo muy astuto que todos tomaban por ‘penbécil’ (pendejo imbécil), siempre le lavaba los trastes a su novia cuando la empleada tenía salida, le recogía la merluza a su perrito, e incluso le prestaba su carro mientras él cogía bus. Todos decían que se merecía el premio al más huevón, pero él sabía que si acumulaba puntos por todos esos chicharrones, su novia lo recompensaría haciendo algo que lo hacía muy feliz a él, y que a ella se le hacía un chicharroncito, ponerse en cuatro para hacerlo por el ‘¡ayayay!’

Y es que el amor viene con pasión, con locura…, pero también con su porción de chicharrones, que son aquellas cosas por las que arrugamos la cara como un pedazo de cerdo al contacto con el aceite caliente, como cuando nos dicen “amor, ¿me acompañas al matrimonio de mi ex?”

Los chicharrones son difíciles de digerir porque son pequeños tests de paciencia o pruebas de amor, para ver qué es capaz uno de hacer por su pareja. Cada relación tiene chicharrones diferentes y cada persona tiene que aguantarse un karma único y especial. El que tiene pareja diabética, debe olvidarse de la dolce vita; la que tiene novio médico, debe acostumbrarse a que en plena venida le toque una salida al hospital; la que tiene novio traqueto, debe acostumbrarse a visitarlo en la cárcel; y el que sale con Angelina, le toca conocer a un hijo nuevo cada vez que llegue a casa.

Existen también los chicharrones del tipo seudofamiliar, es decir, aquellos compromisos sociales que uno adquiere automáticamente por ser pareja de alguien, que se traduce en asistir a todo tipo de eventos sociales desde bautizos hasta funerales; e implica dar regalos que la dejen bien parada aunque usted ni los conozca. Otro de los chicharrones más recurrentes entre parejas, son los de la categoría de entretenimiento; una de las grandes desventajas de que los hombres sean de Marte y las mujeres de Venus es que mientras en el planeta de ellos sólo transmiten deportes, películas de acción y porno; en el de nosotras sólo vemos telenovelas, programas de decoración y cocina y comedias románticas; razón por la cual siempre es un chicharrón tener que ajustarse a los gustos del otro planeta, y cuando él le dice con voz de emoción: “¿Vamos a ver la última película de Tarantino?”

Usted traga entero, y le dice: “Bueno, pero sólo si después vamos a ver la última de Julia Roberts”. En realidad, la única razón por la cual uno ve a hombres en los conciertos de Paulina Rubio y a mujeres en estadios de fútbol es porque están ‘enchicharronados’ por petición de su pareja.

También están los chicharrones del tipo sexual. A más de uno se le ha fritado el oído cuando su pareja le pide que por favor se salga del esquema básico del misionero e intente algo diferente como hablarle sucio o hacerlas de sadomasoquista. Hace poco una amiga me contó que su novio le pidió de cumpleaños un tremendo chicharrón: tener un trío con otra mujer. Ella aún está viendo cuántas botellas de guaro se tiene que tomar para lograrlo o cómo hace para buscar a una mujer que se parezca a Johnny Depp.

Todos hemos escuchado cuando nuestro amorcito suelta el chicharrón en el aceite y nos pringa con palabras como: “Amor, ¿me puedes prestar plata para el arriendo?”; “Gordis, nos vamos de vacaciones, pero con mis hijos”; “Baby, en realidad yo no nací mujer sino hombre”; “Cuchi, ¿será que tú le puedes donar medio hígado a mi mamá?” Todos los chicharrones son diferentes, pero en general siempre son chiquitos fáciles de digerir o extra crispy con los cuales uno se atora por momentos, lo conveniente es darse cuenta de lo que ese sacrificio le puede aportar para soldar su relación.

Algunos confunden el amor con la estupidez, no saben decir no a nada, pero hasta el amor tiene sus limites sanos. Los chicharrones deben venir en porción doble, es decir, unos para usted y otros para su pareja. La filosofía debe ser como la canción “Hoy por ti, mañana por mí”, y no la canción “Hoy por ti, mañana por ti, y por mí ¿cuándo, cuándo, cuándo?” Lo importante es que su pareja valore su esfuerzo y ella también dé su brazo a torcer. O todos comen chicharrón, o todos comen filet mignon.

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