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Los mitos del sexo: Nada más que la verdad

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Los mitos del sexo: Nada más que la verdad Foto: Thinkstock

¿Eres una maestra de las “artes amatorias”? No importa qué tanta cancha tengas en el tema, siempre existe uno que otro tabú que cohíbe algunas de nuestras prácticas sexuales, leyendas urbanas que parecen graciosas pero que preferimos creer que son verdad. Lo que expertas y no expertas del sexo deben saber.

No existen los orgasmos múltiples
Mentira: No tiene poderes sobrenaturales el hombre que puede eyacular varias veces en una sola “faena” sexual. Depende de la rapidez con la que pueda hacer la liberación y producción de esperma, pero de igual forma puede tener picos de excitación en este periodo de espera. El buen estado físico, una alimentación sana, poco o un uso nulo de medicamentos y la no adicción a las drogas o al alcohol, son los principales factores que permiten un mejor desempeño por parte de ellos (cuantas veces quieran.). El doctor Ian Kerner,  fundador de GoodInBed.com y experto en sexología,  propone un truco para  que las mujeres les den una manito a sus compañeros: en el momento en el que esté a punto de eyacular, aprieta suavemente la cabeza de su pene para tirar de él hacia atrás. Cuando se da la primera eyaculación, dale un tiempo de no más de 40 segundos para que descanse un poco, mientras lo estimulas con caricias y besos que no permitan que pierda la erección. De ahí en adelante, tú serás la que le pida un alto.

El punto G existe solo en la mente de las mujeres
Mentira: Es una zona erógena que requiere de una exploración juiciosa y de tener estímulos previos (corporales o imaginarios). Cuando el hombre se da la tarea de buscarlo y llega a la meta, hay éxito asegurado para los dos: la mujer se excita considerablemente, hay lubricación vaginal y es un juego previo ideal previa a la penetración realmente placentera. Eso sí: si lo quieres encontrar como quien busca un zapato perdido, no funcionará; requieres de la excitación, pues éste aparece solo en esta fase. Una investigación francesa concluyó que existe evidencia física de esta zona erógena gracias a que los tejidos entre la vagina y la uretra son  más gruesos de lo normal cuando se estimula y se llega al orgasmo.

La madurez sexual de las mujeres es alrededor de los 30, la de los hombres, a los 20 años
Mentira:
La idea de que la mujer llega a su clímax sexual después de los 27 años no está muy acorde con la realidad. Existen “picos” de producción de hormonas en ciertas etapas de la vida, pero esto no indica que el ser humano tenga ciclos específicos con mayor apetito sexual. Según explica el doctor Marc Goldstein a la revista norteamericana Women’s Health, las hormonas son solo un pequeño factor de rendimiento. De otra manera, tendrías que sincronizar tu libido para poder tener relaciones sexuales.

Tragarse el semen es perjudicial para la salud
Mentira:
A menos que de por medio existan enfermedades sexuales como el SIDA, no hay ningún problema. Para muchos hombres es excitante no solo que les practiquen el sexo oral, sino que puedan eyacular en la boca de su pareja. Otro tanto encuentra placer en que la mujer ingiera el semen.

Entre más grande, mejor
Mentira:
Aunque es divertido ver a los hombres obsesionarse con el tema, la verdad es que van a morir engañados si se preocupan más por el diámetro de su pene que por explorar y estimular nuestras zonas erógenas, puntos clave para que seamos una máquina de placer. Otra cosa que ellos deben tener en cuenta, es que la vagina tiene sensibilidad en los cinco primeros centímetros: rozar el pene con el clítoris de manera adecuada es una de las formas de excitar a la mujer y permite la lubricación para el acto posterior. Unas prefieren el sexo clitoriano, otras el vaginal. El chiste no es de penetración, aunque aún muchos no lo logren comprender.

El alcohol produce deseo sexual
Cierto:
Lo que sí es falso es que requiera de un consumo excesivo, casi hasta que la borrachera absoluta haga bajarte los pantalones. El alcohol tiene un efecto desinhibidor y promueve la fácil excitación, pues opera directamente sobre los centros inferiores del cerebro donde se ubican los campos neurovegetativos y del deseo sexual. Aún así, este resultado solo aparece con pequeñas cantidades de alcohol y cuando el efecto en nuestro organismo es breve (es decir, durante el tiempo que se conoce como “estar entonaditas”). Después de embriagarte, los resultados y placer no serán los mismos.

No hay un buen rendimiento físico después del sexo
Mentira:
  Andrés Flores, profesor de sexología, explica que el impacto físico del sexo antes de una actividad extrema, es mínimo. "Una persona con un peso normal pierde durante un acto sexual entre 400 y 700 kilo-calorías. Y eso se recupera con un vaso de leche y dos galletas".


 

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