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Querer y no poder Foto: Getty Images

Cada vez se develan con mayor certeza las razones que impiden a muchas mujeres gozar del sexo. La penetración, si se produce con excitación y adecuada lubricación, no duele ni siquiera cuando se es virgen.

El cliché es tan conocido como patético: una mujer está tan interesada en el sexo que se ocupa de su lista de compras mientras hace el amor. Sin embargo, esta no es la escena sexual más socorrida en los comerciales de televisión. Porque en la mayoría de los casos el sexo vende; hace que todo —desde los automóviles hasta las toallas higiénicas— sea más atractivo. Y aunque la búsqueda del orgasmo parece ser la fuerza motivadora más grande en las relaciones sexuales, recientes estudios sugieren que no todas las mujeres pueden exclamar, como sus congéneres en los comerciales de televisión, ¡oh!y ¡ah! con tan provocativo placer, porque un alto porcentaje de disfunciones sexuales están haciendo estragos en las relaciones amorosas, y ellas sufren estas disfunciones más que los hombres.

Un artículo reciente de la revista Psychology Today habla sobre la experiencia de dos médicas y científicas norteamericanas, Laura y Jennifer Berman, quienes examinan este tipo de pacientes con mucha frecuencia, y son espectadoras de primera fila de la frustración que las lleva a su nueva clínica en la Universidad de California, en Los Angeles.

El conocimiento de la disfunción sexual es creciente. Pero con toda la atención que se le ha prestado al Viagra masculino y los problemas de próstata en el hombre, se podría pensar que son más los hombres que las mujeres que la sufren. De acuerdo con un artículo aparecido en el Journal of the American Medical Association, más de 43 por ciento de las mujeres tienen alguna forma de dificultad en su función sexual, al tiempo que en los hombres este porcentaje llega a 31 por ciento.

Por dónde empezar

En su afán de forjar una perspectiva más amplia de la sexualidad femenina, las Berman pretenden que la comunidad médica y el público reconozcan que la disfunción sexual de la mujer puede tener componentes físicos y emocionales con comitantes. La disfunción sexual femenina acarrea muchos problemas. 

Un reciente artículo del Journal of Urology la define como una carencia tal de deseo sexual que causa angustia, inhabilidad de los genitales para lograr una adecuada lubricación, dificultad en alcanzar elorgasmo aún después de haber recibido estimulación suficiente, y un persistente dolor genital asociado con el coito: “Vemos mujeres muy jóvenes, entre los 20 y los 30, con varios tipos de problemas”, dice Laura Berman, “la mayoría de los cuales tienen tanto causas emocionales como físicas”. 

Las físicas proceden de fuentes tan variadas como poseer muy poca testosterona o estrógeno en la sangre, tener los nervios desgarrados como resultado de una cirugía pélvica o haber tomado medicamentos como antihistaminas o inhibidores de la serotonina, como Prozac y Zoloft. Los factores sicológicos pueden incluir episodios sexuales vividos, problemas de relaciones afectivas y depresión”.

Las Berman codirigieron la Women’s Sexual Health Clinic de Boston University Medical Center durante tres años, antes de fundar su clínica de la Universidad de California, en Los Angeles. Examinan solamente diez pacientes al día, pero cada una recibe una consulta completísima. “Es básicamente una historia sexual —dice Laura—. “Hablamos acerca del problema, su historia, lo que la mujer está haciendo para manejar su relación amorosa, qué impacto ha tenido esa circunstancia en su estima personal. 

También nos remitimos a su desarrollo sexual, a abusos o traumas sufridos y no resueltos y valores alrededor de la sexualidad, imagen física que tiene de sí misma, autoestimulación, para determinar si el problema es circunstancial o permanente, preexistente o adquirido. Después de la evaluación, Laura recomienda posibles soluciones: “Trabajamos con las pacientes y les hablamos de vibradores, videos u otras alternativas de tratamiento para abordar una terapia sexual”.

Posteriormente, se le practican diferentes pruebas para determinar el balance de su Ph vaginal, el grado de sensibilidad de su clítoris y su vagina y el grado de elasticidad vaginal: “Les damos un par de audífonos con sonido y música sugestivos y un vibrador, y las ponemos a ver un video erótico para que se autoestimulen, para medir la lubricación vaginal y el flujo de sangre en la pelvis”, dice Jennifer.

Para lograr una estadística amplia, las Berman conducen una investigación sicológica y fisiológica sistemática sobre los factores que inhiben el desempeño sexual de la mujer. Uno de sus primeros estudios sugiere que la revolución farmaco –sexual, que ayudó a muchos hombres a superar su disfunción sexual, haprobado ser menos efectiva en el caso de las mujeres: “El Viagra no actuó con la misma efectividad en mujeres quehabían sufrido abuso sexual que en las que no habían pasado por esa experiencia traumática”, dice Laura.

“Lo que indica que este no actúa por sí mismo, sino que es me diatizado por la experiencia sexual de la mujer, y obra en un contexto, y ningún grado de medicación logrará encubrir raíces sicológicas, problemas emocionales o de relación de pareja”.

Alteraciones Sexuales

Isaac Benjamin, ginecobstetra de la Universidad Central de Venezuela, especializado en Técnicas de Reproducción Asistida en el Hadassah Medical Center de Jerusalén, Israel, es uno de los directores de la Unidad de Fertilidad Clínica El Ávila —Unifertes—, conformada por profesionales en ginecología, urología,biología de la reproducción, sicología y sexología. Benjamin afirma que en la mujer se producen tres alteraciones sexuales. La primera, y tal vez la más difícil de tratar, es la frigidez. La segunda es la disfunción orgásmica y la tercera el vaginismo.

En la frigidez, la mujer no siente ningún deseo o sensación sexua la la hora de establecer un coito. En relación a la disfunción orgásmica, equivaldría a la eyaculación retardada en el hombre. La mujer siente excitación, pero no llega al orgasmo. “A su vez, el vaginismo es una contracción de todos los músculos a nivel vaginal; la mujer siente un gran dolor cuando se intenta la penetración. 

Lo hay superficial y profundo, dependiendo de hasta dónde se deja penetrar ella. En esto puede influir el que no conozca a su pareja, tenga miedo de adquirir una enfermedad venérea o sienta que no va a tener orgasmo. Y, obviamente, hay pacientes que han sufrido violaciones, en las cuales se ven más las disfunciones sexuales. 

Cuando la paciente con vaginismo acude a la consulta no permite ni siquiera que se les coloque elespéculo. De hecho, cuando hacemos in vitro o inseminación artificial y la paciente presenta vaginismo, hay que dormirla paraque se deje realizar el procedimiento. “Generalmente —dice Benjamín— el ginecólogo es el primero que tiene contacto con la paciente cuando se presenta una disfunción sexual, y debe identificar el problema. 

Muchas veces se convierte en su internista porque ella no consulta a ningún otro médico. Viene a hacerse su control ginecológico porque teme que le hayan contagiado algo o porque quiere encontrar solución a su problema sexual. Obviamente, en media hora ó 40 minutos no atina a decir qué es lo que quiere. Sus antecedentes personales deben indicar si sus relaciones sexuales son regulares o no, qué ritmo tienen. 

No hay que ahondar mucho al principio, pero uno puede, con base en la periodicidad de su relación y a los problemas que expone, deducir lo que pasa. Tal vez no se le pueda dar un diagnóstico final, pero se ha identificado el problema. A partir de ahí se evalúa si la paciente necesita un terapeuta sexual, un sicólogo o sencillamente lo necesita a uno como ginecólogo”.

Causas de las disfunciones 

Benjamin estima en 90 por ciento las causas de origen sicológico de las disfunciones sexuales en la mujer, y en 15 a 20 por ciento las orgánicas o farmacológicas. Éstas pueden ser generales, neurológicas, vasculares y locales, y entre las locales, las más frecuentes son la infección urinaria, bien sea una uretritis (a nivel de la uretra), una cistitis (a nivel de la vejiga), o una inflamación de la glándula de Bartolino, que se encuentra alrededor de la vulva.

Cuando esto ocurre, la penetración produce mucho dolor. Igualmente, hay infecciones a nivel del endometrio (la parte interna del útero) o endometriosis (implantación fuera del útero del endometrio), que si es muy avanzada hace que la paciente sienta mucho dolor, no sólo durante la menstruación y el ciclo, sino cuando tiene relaciones sexuales, porque su útero hace más adherencias anivel pélvico. 

Estos úteros generalmente están al revés y el pene, al penetrar, choca con ellos y produce dolor. También hay pacientes con enfermedades inflamatorias pelvianas, que suelen pasar inadvertidas para el ginecólogo. En esos casos ellas suelen decir: “Me duele un poquito cuando tengo relaciones”. Se excusan diciendo que el problema es de ellas, y aceptan que no deben comportarse así durante el acto sexual, cuando en realidad lo que tienen es un proceso inflamatorio crónico no atendido. Generalmente son bacterias que pasan inadvertidas tanto para ellas como para el médico porque son silentes y crean un dolor sordo. Pero esta dolencia puede terminar en un proceso de adherencia preocupante o una trompa obstruida.

Como casos infrecuentes están los hímenes imperforados: la mujer tiene relaciones sexuales pero el himen no se traspasa. Las causas de índole general se resumen en cuadros anémicos, de desnutrición o endocrinopatías como la diabetes o hipotiroidismo (alteración dela tiroides). En ellas el deseo es menor y, por lo tanto, hay una alteración de la relación sexual.

Las neurológicas se ven poco. Son pacientes con tumores cerebrales o epilépticas, o con patologías como esclerosis múltiple. Las causas vasculares son escasas. En estas patologías disminuye el flujo sanguíneo a nivel pélvico, hay un menor aporte de sangre, y la paciente no siente lo que debería sentir en el momento de la excitación.

El deseo frustado y el tabú 

Sofía Behrens, sicóloga venezolana, trabaja en sicología clínica y sexología, y su libro Del pensamiento al placer, escritoen colaboración con el doctor Rómulo Aponte, se orienta al tratamiento de las disfunciones y desviaciones sexuales. Sus planteamientos sobre éstas arroja nuevas luces sobre la disfunción orgásmica, que se da cuando “la mujer tiene buenos niveles de deseo sexual, se excita —y esto se nota por la lubricación—, siente placer, pero presenta problemas para alcanzar el orgasmo.

Si tiene dificultad para lograr orgasmo cuando está con su pareja, pero sola puede tenerlo, esta se considera una disfunción específica de la pareja; pero si no logra el orgasmo con estimulación genital cuando el hombre la toca, ni con la masturbación, ni con el coito, existe una disfunción general.

En este punto existe una controversia. Hay mujeres que alcanzan el orgasmo con su pareja a través de métodos distintos al coito y a la penetración. Algunos consideran a ésta una disfunción orgásmica específica del coito, otros, entre los cuales me encuentro, no, porque creemos que si la mujer puede lograr su respuesta orgásmica a través de otros métodos, aunque no sea por el coito, y se siente bien con su relación sexual, ésta no debería ser catalogada como una disfunción. Sobre todo, considerando que 70 por ciento de las mujeres presenta esta dificultad”.

La doctora Behrens menciona entre las disfunciones la dispareunia, que ocurre cuando la mujer desea tener sexo, se excita, pero siente dolor al ser penetrada. Entonces hay que hacer un descarte ginecológico, porque en 50 porciento de los casos tiene una causa ginecológica. Hay factores biológicos que podrían estar asociados, como hongos, bacterias o algún tipo de infección. El otro 50 por ciento de las causas relacionadas con la dispareunia son de origen sicológico y muchas veces se combinan. 

Puede iniciarse con una causa biológica y terminar conectándose con el factor sicológico, que muchas veces responde a un esquema de pensamiento que se sustenta en la fragilidad genital. La mujer piensa cosas como: “Mis genitales son muy frágiles, muy estrechos y se pueden romper”, “no van a soportar la penetración, se pueden desgarrar”. Un esquema totalmente equivocado, porque el tejido estructural de los genitales es muy flexible, se lubrica con la excitación, por la vagina la mujeres paren bebés de tres kilos de peso y cincuenta y pico centímetros de largo. Esto es errado porque la penetración, si se produce con excitación y adecuada lubricación, no duele ni siquiera cuando se es virgen.


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