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Dar y recibir Ilustración: Ivette Salom

¿Cómo se puede incluir el orgasmo femenino en un nuevo tipo de relación sexual, sin que haya una discusión que haga pensar al hombre que no es lo bastante bueno? Con una nueva clase de expresión sexual femenina: sexualidad e igualdad.

¿Cómo pueden hacer las mujeres para que su orgasmo sea importante y parte integrante de la relación sin interrumpir el bello contacto entre dos personas? Hoy en día, algunas mujeres están reinventando cómo tener un orgasmo con un hombre; otras, sin embargo, me escriben que se sienten cohibidas o ‘solas’ cuando tienen un orgasmo provocado por sus propias manos mientras practican el sexo con un hombre. 

Una lectora escribe una carta que expresa esa situación, y muestra que algunas mujeres están intentando descubrir una forma nueva de relación sexual con los hombres: “Soy una chica de 18 años. Con mi pareja… sólo he mantenido dos relaciones sexuales completas. La primera, dentro de las circunstancias en las que sedio, estuvo bien; eyaculación precoz, pero puedo llegar acomprenderlo. 

En cambio, la última vez tardó menos de 30 segundos, y me dejó más sola que nadie. Sé que ya nos habíamos estimulado mucho antes y comprendo su nivel de excitación, pero yo llego al orgasmo enseguida mediante la masturbación…

A mi pareja no parece que le moleste… “¿Cómo le planteo el tema? Sé que me quiere, pero yo vengo de estar con otro chico que era fenomenal… y no quiero que vuelva a pasar. Ya sé que lo más importante no es el orgasmo ni la penetración, soy la primera que se provoca a sí misma los orgasmos mientras mi pareja me acaricia… Pero no me gusta quedarme con esa sensación de abandono, egoísmo, despreocupación. El sexo es cosa de dos, y así me gustaría sentirlo: dar y recibir”.

‘Sexo’, como lo hemos venido definiendo por siglos, casi siempre asegura el orgasmo de un hombre, pero deja al orgasmo femenino en una cuestión de “quizá sí, quizá no”. Incluso, Sigmund Freud, el sicoanalista, trajo a colación varios de sus aforismos para condenar a las mujeres a ‘“no tener sino orgasmo vaginal”. Ciertamente, las mujeres tienen menos orgasmos por estímulo vaginal, pero, como mis trabajos lo han demostrado, porque los tienen vía estímulo exterior del clítoris. 

Ellas están en una época en la que deben reconstruir las relaciones sexuales —¡y eso es mucho pedir!—. Están logrando un gran progreso en esta área, pero a menudo se sienten‘extrañas’ o ‘enajenadas’de su nuevo rol, muy a su pesar. 

El testimonio de la lectora expresa la sensación de sentirse ‘enajenada’, privada de algo,  y hasta defraudada voluntariamente cuando tiene que provocarse el orgasmo por su cuenta, al tiempo que participa por completo con su pareja cuando él tiene un orgasmo en su vagina; siente que no es justo, no es recíproco, se siente abandonada y lo considera egoísta, pero no quiere tener esa imagen de él. Lo que desea es cambiar su forma de practicar el sexo. Su pregunta de cómo plantearle el asunto es razonable.

El sexo debería ser un placer que permita el mutuo abandono, un tiempo y un espacio en los que los dos pueden dejarse ir y sentirlo todo, sin tener que preocuparse por contenerse o sin tener que sentir la necesidad de explicarle a la otra persona que vea las cosas desde un nuevo punto de vista; eso es demasiado esfuerzo.

Sin embargo, la lectora que nos escribe se siente sola. Se pregunta cómo cambiar la actitud de él, cómo hacer que sea una relación mutua: de dar y recibir. Quiere tener una mejor relación sexual con él, con toda la razón. No es justo que las mujeres tengan que esforzarse tanto en inventar una nueva  dinámica para el sexo; pero esa es la situación: vamos a ser las primeras que inventemos un nuevo tipo de relaciones sexuales, lo que en el futuro le parecerá normal a la gente.

Ojalá tuviera una varita mágica con la que pudiera desaparecer esa situación. Sin embargo, esta es una oportunidad magnífica de cambiar la historia.

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