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El origen de las palabras y el sexo

Shere Hite

El origen de las palabras y el sexo Ilustración: Ivette Salom

Es probable que los hombres preliterarios no supieran que la cópula permitía la reproducción y relacionaran el alumbramiento con los ‘misterios’ de la naturaleza. Piedra preciosa de color oscuro, brote, tesoro de la vulva, bandera, cresta, pezón y otros orígenes de las palabras clítoris, vulva y las deidades femeninas.

¿Cómo era elsexo en la Antigüedad, antes de la Grecia y la Roma clásicas? No existe una respuesta clara en cuanto al orgasmo femenino. Aunque tenemos varias referencias al sexo en poemas (incluso en el Viejo Testamento), no están nada claras en este aspecto. De forma que vamos a examinar las palabras usadas en la Antigüedad.

El término ‘vulva’ procede de un antiguo jeroglífico egipcio, un triángulo invertido. El signo parece remontarse a la ‘V’ original, el triángulo invertido que se ve en la mayoría de las figuras de Venus o que simbolizan la creación, por lo que tal vez sea el término más antiguo que conocemos relacionado con la sexualidad femenina.

¿De cuándo es el término ‘clítoris’? Aunque se suele considerar una palabra procedente del griego clásico, el Dictionnaire Etymologique de la Langue Grecque no contiene la palabra kleitoris (que es el término en griego moderno); no es una palabra del griego clásico. Un filólogo francés, Marcel Cohen, piensa en un origen indio, porque uno de los libros de Aristóteles, en el que se menciona el río Indo, describe una piedra preciosa de color oscuro llamada klitoris. Otra posibilidad es la palabra egipcia k’t, que significaba ‘vulva’.

En Somalia, kintir significa ‘clítoris’, y hay al menos seis términos para designarlo en sánscrito e hindi: kurah,porejemplo,significa brote, mientras que bhagkosha esliteralmente ‘tesoro de lavulva’.  Las lenguas dravídicas del sur de India contienen kut, que está relacionada con las palabras bandera, cresta, pezón, etcétera. Por desgracia, la verdad es que no sabemos dónde ni cuándo se originó la palabra ‘clítoris’.

Es curioso que ni la Biblia ni las obras indias antiguas, como el Rig Veda, mencionen la masturbación femenina ni el clítoris de forma directa (lo más que se acerca la Biblia es hablar de un hombre que “derrama su semilla”), dado que casi todos los animales se masturban de vez en cuando y los niños empiezan muy pronto a explorarse y descubrirse. 

Se supone que la gente haría lo mismo en la Antigüedad. ¿Por qué no se menciona, ni en un contexto positivo ni en uno negativo? Sería una lástima que se creyera que esta falta de referencias antiguas (que sepamos) apoya las concepciones tradicionalistas del hombre y la mujer, es decir, opiniones como que “el clítoris no es importante”, “a nadie le ha importado nunca mucho”, etcétera. 

A algunos estudiosos les gustaría quizá llegar a esa conclusión, los que buscan ‘pruebas’ de que “el lugar de la mujer está en casa” y confían en demostrar que los papeles de los dos sexos se han definido siempre como los define nuestra sociedad, es decir: la mujer como feliz ama de casa y el hombre como ‘cazador’,la persona que sale al mundo y se enfrenta a él dotado de rasgos de ‘conquistador’.

No encontrar una palabra que designe el clítoris podría parecer un argumento a favor de ese punto de vista, pero sacar esa conclusión sería una ligereza. En relación con la sexualidad, es interesante destacar que decenas de miles de pinturas en cuevas europeas procedentes del Paleolítico (35.000–10.000 a.C.) no contienen una sola imagen de figuras copulando, ni humanas ni animales.

¿Es porque los hombres o las mujeres que las pintaron no consideraban la cópula importante, no sabían aún que la cópula permitía la reproducción? ¿Relacionaban el alumbramiento con los ‘misterios femeninos’ y el enigmático cambio de estaciones en la naturaleza, más que con el coito? ¿Les preocupaba más elaborar un calendario que les dijera cuándo esperar heladas o el rebrote de las plantas, mediante la representación de helechos y plantas en diferentes momentos del año y de animales con y sin cuernos, también en momentos concretos, como sugiere Alexander Marschauck?

Las esculturas de la creación (o ‘Venus’) halladas en toda Europa desde el 25.000a.C. parecen implicar la existencia de una deidad femenina. ¿Acaso esas sociedades primitivas, preliterarias, adoraban la capacidad creadora (reproductora) de la mujer? Las figuras de ese tipo abundan en todo el continente, incluso en Rusia, y desde luego parecen indicar algo así: al fin y al cabo, ¿no sería natural que la gente venerase el proceso de la maternidad, sobre todo si todavía no comprendían que el coito producía el embarazo? Debía de parecer mágico, divino, que las mujeres tuvieran el poder dereproducirse, y no sólo en una versión femenina, sino también masculina. 

Sólo eso debería haber servido para que se considerase a las mujeres las creadoras de vida y, por lo tanto, unos seres mágicos, honrados y divinizados. Sin embargo, como señala la profesora Sarah Pomeroy, algunos especialistas han puesto en duda, en años recientes, la existencia de una diosa madre en la prehistoria; aunque John Chadwizk, que fue uno de los que descifró la ‘Línea B minoica’, escribe: “Es indudable que, desde los primeros tiempos de Hélade, el culto (¿por qué lo llama ‘culto’?;parece quitarle importancia...) a la Madre Tierra dominó la vida religiosa en todo el mundo egeo. 

Y continuó hasta el periodo clásico bajo diversos nombres. El nombre micénico de esta figura era Potnia (después Athena)”. ¿Se masturbaban las mujeres antiguas como las modernas? La verdad es que no existe ningún documento histórico que nos resuelva la duda.

 

 

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