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Las cuatro formas del orgasmo

Revista Fucsia

Las cuatro formas del orgasmo Getty Images

La liberación sexual operó como palanca de la agitación social que marcó la época de los 60. Pero, además, a esa década le debemos el orgasmo, tal y como lo conocemos hoy. Cuatro orgasmos para marcar la historia sexual de la mujer.

A partir de los años 60, con la píldora, las mujeres, por primera vez, asumían la responsabilidad de la reproducción, imponiéndose como sujetos sexuales, con lo que comenzó la liberación femenina. Pero no sólo fue una década que rompió paradigmas establecidos con el pacifismo, sexo, drogas y rock and roll, sino que hubo más hechos que marcaron las relaciones de pareja en otros frentes, que demuestran que los 60 fueron más que revolución sexual.

En sexología, Master y Johnson, pioneros de la terapia sexual, estudian la relación en laboratorio. Y Shere Hite esboza su principal aporte ideológico (a menudo atribuido a Foucault) que confirmaría con el Informe Hite, publicado en los 70: “el sexo es una institución creada y diseñada culturalmente y no una realidad biológica inevitable; la sexualidad y la erótica tienen múltiples facetas”.

Culto y cultura del orgasmo

En los 60 las mujeres dieron señales de estar jartas de tener que encorsetar su deseo sexual, de fingirlo, y de no poder expresarlo con naturalidad. Antes, el orgasmo femenino, aunque no ignorado, parecía prescindible, hasta que fue objeto de estudio, mientras a los hombres se les pedía que separaran el orgasmo de la eyaculación, lo que sólo ha presentado problemas, pero promovió la iniciación en el Tantra y la revisión del Kama Sutra y de otras técnicas orientales.

Pero, antes de saber cómo se obtiene, hay que saber qué es: Se inicia en el cerebro, es el clímax de la excitación sexual, cuando todos los músculos contraídos por la estimulación se relajan, los latidos del corazón de la mujer aumentan, la respiración se acelera y la presión arterial sube; se sienten espasmos musculares por todo el cuerpo, especialmente en la vagina, el útero y el perineo. 

Las endorfinas entran al flujo sanguíneo causando sensaciones placenteras en todo el cuerpo, y hacen que las mujeres se sientan felices, mareadas, enardecidas o con sueño.

Primero: oral repetido y sostenido 

Según Kim Cattrall, más reconocida como Samanttha en Sex and the City, es el más seguro de conseguir en pareja. Y como herencia para todas las mujeres dedicó 140 páginas ilustradas para explicarlo en su libro Satisfaction, the Art of the Female Orgasm: “la primera vez, muchas mujeres vuelan hasta el clímax en la boca del hombre hasta no poder seguir más. Después de una experiencia con este tipo de relación, la mayoría encuentran que se pueden venir repetidamente si el hombre aligera la presión de su lengua cuando ella culmina y después sigue muy lenta y suavemente por un rato, evitando el contacto directo con el clítoris

El hombre debe seguir dibujando con su lengua círculos alrededor del clítoris, pero sin tocarlo. Sería mejor que se miraran a los ojos (en esa posición: él con su cara entre las piernas de ella), para demostrarse que están realmente allí, el uno para el otro, mientras él sigue lamiendo los labios vaginales y hace como si los aspirara, para luego dejar los labios de la vagina alrededor del clítoris.

Lentamente, y llenándose la boca de la lubricación, vuelve suavemente a dibujar círculos lentos con su lengua, apenas tocando el clítoris, para luego aumentar paulatinamente el contacto hasta que la mujer esté lista para más”.

Segundo: Simultáneo en pareja 

Sucede con la penetración. La pareja debe asumir una postura en la que el clítoris entre en juego durante la penetración, o que las manos de ambos queden libres para estimular las zonas erógenas. La vagina para poder cubrir el pene en su interior, debe estar lubricada, ya sea por excitación o por ayuda; y después de la penetración, conviene seguir estimulando la vulva para que la excitación siga subiendo, de lo contrario, tocaría volver a empezar.

La mujer debe elegir el momento de la entrada del pene, que suele ser en el estado de meseta, cuando se siente venir el orgasmo. Las investigaciones declaran menos frecuente el orgasmo por penetración inmediata, por lo que requiere de mayor estimulación.

Tercero: por el "Punto G"

Este tiene bastantes contradicciones y detractores. Beverly Whipple, de la Asociación Mundial de Sexología, quien lo redescubrió, le contó a FUCSIA que “es difícil, aunque no imposible, encontrarlo, a menos que utilice un vibrador diseñado para alcanzarlo. Es más fácil con ayuda de la pareja; está dentro de la vagina en su pared anterior, detrás del hueso pélvico. Si se empuja con dos dedos detrás del hueso pélvico y se hace un movimiento como de ‘ven acá’ esa área empezará a hincharse. A algunas mujeres les produce sensación de querer orinar, pero luego de unos segundos de masaje se pasa a un placer sexual intenso. 

Algunas mujeres han reportado orgasmos por la estimulación de esta área”. El ‘Punto G’ parece estar en el interior, pero de la cabeza: en el cerebro. Lo admite Whipple: “es importante conocerse y experimentar con sigo misma para comunicarle a la pareja lo que le gusta. He trabajado con mujeres que nunca habían tenido un orgasmo y lo logran con el pensamiento, sin contacto físico”.

Cuarto: Manual del clítoris 

Muchos estudiosos apuntan a que todos los orgasmos femeninos guardan relación fisiológica con el clítoris y, según esta teoría, otras percepciones son subjetivas ya que todos los orgasmos femeninos entrañan un contacto con la zona púbica, que genera fricción entre el clítoris y su propia capucha. Shere Hite confirma en sus estudios, que la misma fricción que ocurre durante la masturbación puede ocurrir durante el acto sexual, aunque en menor grado. 

Lo único que se ha revalorado de las teorías es que el clítoris no es sólo ese timbre rosado a la entrada de la vagina: mide unos 10 centímetros y el botón encapuchado que asoma discretamente entre los labios de la vagina es la punta de un enorme iceberg como “una masa de tejido piramidal—según la doctora australiana Helen O’Connell—  profusamente inervado” hacia cada uno de los labios menores.

El clímax es por manipulación directa. Para hacerlo en pareja, hay que guiar la mano del hombre hasta el monte de Venus, “la mejor manera de llegar no es usar uno o dos dedos intentando encontrar el clítoris —dice Hite—, sino cubrir suavemente la zona con la palma y moverse en círculos. Mientras tanto, la mujer puede poner la mano sobre la de su pareja y enseñarle cómo le gusta que la toquen”.

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