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Pumas urbanas Foto: Thinkstock

Se llaman las Urban cougars o las pumas urbanas. Es un grupo de mujeres ya no tan jóvenes, que se dedican, literalmente, a ‘cazar’ hombres jóvenes. La mujeres puma solo quieren sexo, y ellos también. Es la situación perfecta.

Parece que uno nunca termina de aprender, y más si en cuanto a relaciones entre hombres y mujeres se refiere. Se trata de un fenómeno social que empezó en Estados Unidos hace unos diez años, y que poco a poco se está volviendo una tendencia generalizada gracias a las series de televisión, a los artículos de revistas y a la globalización. Se inició en Nueva York y en California al mismo tiempo y hoy se está extendiendo por el mundo entero. Se llaman las Urban cougars o las pumas urbanas. Es un grupo de mujeres ya no tan jóvenes, que se dedican, literalmente, a ‘cazar’ hombres jóvenes.

Es un caso de estudio sociológico, en el que vemos cómo los roles tradicionales se están reversando. Los tabúes relacionados con la identidad sexual, que por años mantuvieron a las mujeres dentro de unos códigos de comportamiento estrictos, desaparecieron. Ellas encontraron su verdadero ser y ahora viven la vida a plenitud, como los hombres lo hicieron durante los últimos tres mil años. La historia me la contó un amigo que no comparte esta forma de pensar y por eso busca novias de otras nacionalidades, pero que ve cómo muchos de los hombres de su generación optan por este estilo de vida.

Sus amigos lo hacen y lo disfrutan. Su consigna es ser ‘cazados’, en lugar de cazadores. Todo sucede de una forma muy sencilla. Mujeres que han dedicado su vida al trabajo, que ocupan altos cargos, especialmente en el sector financiero, y que trabajan 80 horas a la semana, pero que no tienen tiempo para buscar marido, ven cómo les pasan los años y se quieren divertir un poco, saben qué quieren, cómo obtenerlo, no tienen miedo y siempre están listas para la aventura.

Así como lo han hecho siempre los hombres ricos, que buscan mujeres jóvenes para pasar un buen rato y las ‘compran’ con regalos, joyas e idas a restaurantes caros, hoy son ellas las que están haciendo lo mismo y parece que a los hombres les gusta. Los invitan a buenos restaurantes y de vez en cuando les hacen regalitos. Los sitios de caza preferidos de las pumas son los bares y las discotecas donde se reúnen los estudiantes. Andan en grupos y cuando detectan la presa se lanzan a la conquista, es decir, al ‘ataque’. Los seducen, los tratan como si fueran un pedazo de carne y los dejan botados sin preocuparse por un instante si van o no a recibir una llamada a la mañana siguiente.

Y se van, felices y contentas porque ya consiguieron lo que buscaban: una noche de sexo. No es muy difícil que los hombres jóvenes quieran lo mismo, ellos también están interesados solamente en tener sexo, y punto. ¿Quién quiere complicarse la vida con una relación?, ¿quién quiere sufrir? Es la situación perfecta, pues las dos partes están de acuerdo.

Por ahora no son significativas las cifras de este grupo de ‘animales exóticos’. Está, en Estados Unidos, alrededor de 10 por ciento del total de las mujeres entre los 30 y los 50 años, pero la tendencia sigue en aumento. Tienen su propia página de Internet: www.urbancougars.com donde se pueden leer testimonios, encontrar consejos para que la cacería sea exitosa, datos de lugares dónde comprar para lucir divinas, o dónde buscar y encontrar a la presa.

Son mujeres que se visten muy bien, que van al gimnasio todos los días para estar en forma y que, desde luego, ya han pasado por las manos del cirujano plástico. El poder económico que tienen y sus años de estudio han hecho que se den estos cambios sociales y que se vislumbren vagamente las consecuencias sociales que éstos traerán.

No es que yo no las entienda; después de esforzarse, de trabajar tanto, quieren tener todo. El problema es que la naturaleza nos traiciona y siempre llevamos las de perder, pues el reloj biológico es implacable. Si uno se decide a trabajar y deja de lado la tarea de constituir una familia corre el riesgo de llegar a los 45 sola y sin hijos. La belleza no dura mucho más y no hay dinero que alcance para pagar compañía, cosa que de todas maneras debe hastiar, como cuando uno se come varias cajas de chocolates de una y termina indigestado.

La verdad sigue siendo que los hombres pagan por obtener la belleza femenina hasta muy entrados en años, y lo contrario no es posible porque la oferta baja y la única posibilidad que tiene una mujer después de los 60 es levantarse un hombre mucho mayor que ella, para terminar de enfermera. El empoderamiento de la mujer tiene su precio, pero, ¿estamos dispuestas a pagarlo? No hay elección que no traiga consecuencias y en la vida real, el paso de los años, no tiene camino de regreso.

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