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Ser perra es un insulto, ser perro es un elogio

Fucsia.co

Ser perra es un insulto, ser perro es un elogio Lemonade, nuevo álbum de Beyoncé.

El caso de Beyoncé, Jay Z y Rachel Roy nos deja una enseñanza desalentadora: mientras el hombre es alabado cuando comete una infidelidad, es la mujer quien debe enfrentar el escarnio público. Editorial.

‘Lemonade’, el nuevo trabajo de Beyoncé, uno de los álbumes más esperados de este año, fue lanzado el pasado 23 de abril. Fans y críticos lo elogiaron al considerarlo una pieza que empodera a la mujer negra.

Pero, más que el aspecto musical y artístico del disco, un elemento en particular llamó la atención: varias de las letras sugieren infidelidad del esposo de la artista, el rapero y empresario musical Jay Z.

En una de las canciones del álbum, Beyoncé sugiere a su esposo que llame a “Becky, la del buen pelo”, frase que puso a especular a los fans sobre la identidad de la supuesta amante de Jay Z.

Gracias a una publicación de Instagram, los fans de Beyoncé sospecharon que la mujer en cuestión es Rachel Roy, diseñadora y ex esposa de Dame Dash, socio del rapero. Esta mujer fue sido víctima de acoso y amenzas en sus redes sociales a ella y su familia, incluso después de su aclaración en Twitter sobre lo sucedido.

"Respeto el amor, los matrimonios, la familia y la fuerza. Lo que no deberíamos tolerar es el ‘bullying‘ de cualquier tipo", escribió Roy en su cuenta de Twiiter.  

Más allá de la veracidad de los rumores, el bullying del que fue víctima Roy nos demuestra que la doble moral se mantiene en nuestra sociedad: el hombre no sufre consecuencias en su imagen tras una infidelidad, mientras la mujer es quien debe enfrentar el escarnio público y asumir total responsabilidad por lo ocurrido.

Así entonces, mientras Rachel Roy fue víctima de insultos, Jay Z no solo mantiene su imagen intacta, sino que también se está lucrando con su infidelidad: el músico es dueño de Tidal, la plataforma musical de ‘streaming’ en la que se está compartiendo Lemonade.

Esto no es un fenómeno nuevo: lo vivimos en los noventa con el caso de Bill Clinton y Mónica Lewinsky. El mandatario logró sobreponerse al escándalo, mientras que Lewinsky fue humillada, insultada  durante varios años, y deberá cargar por toda su vida con el estigma de ‘rompe-hogares‘.  

Es decepcionante ver cómo ante un caso de infidelidad nuestra primera reacción sea ir en contra de la mujer. ¿Acaso el hombre no era consciente de su infidelidad? ¿No es igualmente responsable del engaño y de la mentira a su pareja? Si tanto el hombre como la mujer quisieron tener una relación, ¿Por qué eximimos al hombre de su responsabilidad y dejamos que sea la mujer quien asuma toda la culpa?

La infidelidad es responsabilidad tanto de quien la comete como de su compañero y no debería ser solo la mujer quien enfrente las consecuencias del error. "Perro" no es  un elogio para el hombre, ni "perra" un insulto a la mujer. 

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