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El médico que sana las heridas de la violencia contra la mujer

Fucsia.co

El médico que sana las heridas de la violencia contra la mujer Foto: cortesía Denis Mukwege

Denis Mukwege, ginecólogo congolés, se especializa en la reparación de los genitales femeninos de mujeres que han sido violadas en la guerra de República Democrática del Congo. Está en Colombia y FUCSIA habló con él.

Uno de los mayores descubrimientos del doctor Denis Mukwege a lo largo de su carrera es la profunda admiración que siente por las mujeres. “Ellas son capaces de superarlo todo: el dolor, el sufrimiento, la destrucción, y siempre renacen”, dice este ginecólogo.

El doctor Mukwege creó en 1998 el hospital Panzi, en República Democrática del Congo (RDC), reconocido mundialmente por ofrecer reconstrucción genital y tratamiento físico y sicológico a las mujeres víctimas de violencia sexual. Se estima que en ese país, 48 mujeres son violadas cada hora.

Cuando era niño acompañaba a su padre, un pastor cristiano, a visitar enfermos, y supo que era su pasión. “Tu te encargas de curarlos con rezos, yo de curarlos con medicamentos”, le dijo a su padre.

Inicialmente se interesó en la pediatría, pero al ver las condiciones en las que vivían muchas mujeres de su país, decidió inclinarse por la ginecología. Después de todo “Si proteges a la madre, también proteges al niño”, afirma.

Hoy dedica un 75 por ciento de su tiempo a atender su hospital, y el 25 restante a abogar por la erradicación de la violencia contra la mujer en diferentes escenarios internacionales.

Este experto ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz en tres ocasiones. Fue galardonado con el Premio Especial a los Derechos Humanos de la República de Francia, el Premio Sakharov, del Parlamento Europeo y otra decena de reconocimientos por su trabajo en la defensa de los derechos de la mujer.

En el marco de ‘Las mujeres víctimas le apuestan a la paz’, el doctor Mukwege visitó Colombia. Estará este miércoles 30 de marzo en un evento abierto al público en el Hotel Tequendama. Fucsia.co habló con él.

¿Cómo es el proceso de atención de sus pacientes?

Normalmente, mis pacientes llegan al hospital por heridas genitales graves consecuencia de violaciones grupales o por miedo a adquirir una enfermedad de transmisión sexual (ETS).

Pero cuando curamos lo físico, solo hemos hecho un 20 o 25 por ciento del trabajo. Uno puede curar las heridas físicas con relativa rapidez, pero psicológicamente puede ser mucho más difícil.

Por eso, en el hospital también hay psicólogos, psiquiatras y trabajadoras sociales que trabajan en el aspecto mental y emocional de la mujer para que ella pueda resurgir.

Además de los aspectos físicos y emocionales, viene el problema de la autonomía económica. Cuando uno no es autónomo económicamente siempre será una víctima. Por eso las ayudo para que además tengan la independencia que les permita reinsertarse en la sociedad.

Una vez la mujer está formada y es autónoma, tiene la fuerza y el deseo de acudir a la justicia, es ahí cuando puede tener una nueva oportunidad.
Aquí en Colombia hay reparación financiera a las víctimas. Pero esto no sucede en República Democrática del Congo. Más que el aspecto financiero, aquí las mujeres necesitan que se les reconozca el daño que sufrieron.

De los casos que ha atendido, ¿hay uno que particularmente lo haya impactado?

Cuando uno trata a unas 40 mil mujeres hay muchos casos que permanecen en tu memoria. Es difícil mencionar uno solo, pero recuerdo a una mujer que quería que le llamaran Theresa.

Esta chica tenía 20 años cuando llegaron a atacarla. Mataron a su padre y sus 3 hermanos y ella quedó sola. Fue violada, quedó embarazada y tuvo un hijo. Fue violada una segunda vez y tuvo otro hijo. Hoy estudia en la facultad de psicología médica.

No imagino el sufrimiento, el trauma y el horror que habrá vivido. Se necesita mucha fuerza y valor para querer esos niños.

¿Cómo cree que es la relación de las mujeres con su cuerpo?

Mi principal conclusión es que las mujeres no conocen su cuerpo. Tienen una idea del cuerpo que la sociedad les ha creado, pero no tienen un conocimiento directo de este. Por eso, intento enseñarles no solo a conocer sino a amar su cuerpo.

En procesos de conflicto armado, ¿cuál es el papel de la mujer? 

Lo único que quiere la mujer es la paz, tanto en Colombia como en RDC. Hoy hablamos de una reparación, pero más que indemnización monetaria, la mujer lo que quiere es la paz. La esencia de la mujer es proteger y buscar la paz. Por eso es importante la resolución 1325 de Naciones Unidas, que subraya la participación igualitaria en la prevención y solución de los conflictos, así como en la consolidación y el mantenimiento de la paz. 

Es por eso que se exige que la mujer participe en las negociaciones. Ella es quien quiere la paz.  

Denis Mukwege par Claude Truong-Ngoc novembre 2014

Imagen: Claude TRUONG-NGOC. Via Wikimedia Commons. 

¿Cree que los gobiernos están haciendo lo suficiente para detener la violencia contra la mujer?

En el campo legislativo no se necesitan más leyes, pero la brecha entre lo que dice la ley y la vida cotidiana de muchas mujeres es muy amplia y es ahí donde hay que intervenir y cambiar las cosas.

Alguna vez estuve en la India y allá es frecuente que cuando una mujer descubre que va a tener una niña, destruya el feto. Esto es un tipo de genocidio.
Entonces, con casos como este, vemos cómo la sociedad misma es la que transmite la idea de que el hombre es superior a la mujer. Esto debe cambiar. Si no cambiamos esto, nunca va a cambiar nada.

¿Qué tan difícil es cambiar estos imaginarios machistas?

El sentimiento machista es una cosa muy poderosa. Por ejemplo, en Francia hace solo 60 años la mujer tuvo derecho al voto, antes de eso no se pensaba nunca que la mujer pudiera trabajar, votar o tener una posición de poder.

Tengo dos nietos y cuando uno de ellos se cae, aún le dicen “no debes llorar”, “debes ser fuerte”. Entonces es algo muy poderoso. Creo que es una cuestión de ética, de amor. Los hombres deben llegar a la conclusión de que las mujeres no son superiores a ellos.

Es algo complicado, pero sí, creo que sí se puede cambiar.

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