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¿Usted lactaría en público?

Fucsia.co

¿Usted lactaría en público? Foto: Andrés Espinosa.

Si usted amamanta a su bebé orgullosa, ya se ha unido a la ola mundial de mamás que se niegan a encerrarse en un baño para cumplir con una tarea que, aunque natural, todavía incomoda a muchos.

“Cualquiera que se moleste porque en un restaurante una mamá amamante, incurre en niveles fatales de hipocresía, pues hay otras cosas verdaderamente ofensivas  que suceden durante una cena”. El hombre que publicó estas líneas en una columna de opinión para la revista Time cuestiona si no es más irritante dar malas propinas, hablar por celular en voz alta, o mirarle los pechos a las meseras.

“Solía incomodarme la presencia de mujeres alimentando a sus bebés: ‘¿No pueden hacerlo en su carro? ¿Acaso no es decencia común?’ Pero una vez me convertí en papá me di cuenta de lo estúpido que había sido. Es algo natural que no debería esconderse ni avergonzar”.

Su voz es una más en medio de la avalancha de protestas que estalla cada vez que en un recinto, además de las miradas o cuchicheos de reproche, alguien se atreve a instar a una dama que lacta a que se tape con una servilleta por respeto a los demás. El hotel Claridge de Londres tuvo que pedirle excusas a una clienta que se quejó en Twitter de cómo la habían mandado a cubrirse.

Un Starbucks canadiense terminó ofreciéndole café gratis a una mujer que fue tildada por otro comensal de “sucia”, cuando quiso calmar el llanto de su hijo con el pecho. Y a manera de condena, una horda de mamás furiosas recreó la escena de la discordia en una tienda de Beverly Hills luego de que una de las suyas fuera escoltada al baño para que no siguiera alimentando a su recién nacido en las instalaciones.

Porque en situaciones como estas, las señaladas saben que no están solas y que basta compartir sus historias en redes sociales para que se vuelvan virales. Incluso a los candidatos a las elecciones presidenciales de Estados Unidos les convendría tener cuidado con esta comunidad. Si no, que lo diga Donald Trump, a quien entre todos los trapos al sol, le sacaron uno de 2011 que cuenta cómo acusó de “asquerosa” a una abogada que durante un litigio pidió una pausa para extraerse leche materna.


Imagen: Andrés Espinosa.

Retratos de mujeres confinadas al baño, con sus bebés en brazos, sentadas en un inodoro, acompañados de las frases irónicas “buen apetito”, “mesa para dos”, “cena privada”, hacen parte de una poderosa campaña llamada When Nurture Calls. Han surgido apps como Breast Friends, que avisan qué lugares son amigables con la misión de lactar, y les dan buen puntaje a los cafés que invitan a hacerlo sin siquiera tener que consumir nada del menú. Seguramente estaría mal rankeado un restaurante bogotano que exhibe un cartel en el que se lee: “No se aceptan bebés llorones con mamás cansonas”. 

En su sección de advertencias, Facebook les aclara a quienes se han indignado porque en el sitio haya sido vetada la imagen de una madre amamantando, que no es su culpa: “Las fotos que revisamos corresponden prácticamente en su totalidad a denuncias de otros miembros que reclaman por su publicación”. Y hasta el Papa Francisco se pronunció sobre el tema en una ceremonia de bautizo en la Capilla Sixtina: “Denles pecho a sus niños si lloran porque tienen hambre, no se preocupen”.

La página web británica Netmums estima que una de cinco mamás postea selfies lactando, mejor conocidas como brelfies (un juego de palabras con el término breastfeeding, que en español significa lactancia), y coronó esta moda como una de las grandes tendencias de 2015. Lógicamente, sus mejores embajadoras han sido Gisele Bündchen, Natalia Vodianova y Miranda Kerr, tops models que desde hace algún tiempo decidieron lucir su lado más maternal en Instagram. “

¿Será exhibicionismo?”, es la pregunta que han lanzado algunos medios. De hecho, no todas las mujeres están de acuerdo con mostrarse en un momento tan íntimo. Algunas opinan que solo es un pretexto para llamar la atención, que lo apropiado es taparse con los cobertores de lactancia que hay en el mercado, tan sofisticados que permiten la entrada de aire para el bebé. En Internet abundan los tips para las más pudorosas, que van desde usar camisas anchas, hasta pedirle a sus acompañantes que hagan una barrera humana. 


Imagen: Andrés Espinosa.


Para Isabel Londoño, directora de la Fundación Mujeres por Colombia, “tanto misterio” en torno a amamantar “refleja las inconsistencias del machismo: los hombres se quejan por lo vulgar que puede resultar una mujer lactando, pero si esas tetas son de una reina o de una modelo, ahí sí que no hay molestia. Cuando nosotras mismas juzgamos a otras estamos defendiendo los valores de la cultura masculina”. Añade que, “desde una posición más cínica” podría explicarse la glorificación de la lactancia en la confluencia de dos movimientos opuestos: “Por un lado están los ultraconservadores que quieren ponernos en ‘nuestro sitio’, en el rol de madres; y por el otro están los ultra liberales y su afán por el retorno a lo natural”.

¿No será, entonces, que el sentido de privacidad en el que se ha enmarcado la lactancia es una convención social? “Tanto escándalo me parece ridículo. Es doble moral”, señala la actriz y modelo española Cristina Warner, quien posó para la portada de FUCSIA mientras alimentaba a su pequeña Zoe de 4 meses. “Como mamá primeriza siempre tuve claro que quería lactar por todos los beneficios para la salud de mi bebé y el vínculo que se crea entre ambas. Aun así, he sentido mucha presión, más en el mundo del espectáculo: me han dicho que ya es suficiente, que los senos se me van a caer, porque prima lo estético y no la función para la que al fin y al cabo fueron creados”.

 “Somos mamíferos”, enfatiza la enfermera Margarita Mora, miembro activo de la mesa regional de lactancia materna Bogotá-Cundinamarca, quien comenta que el boom empezó a forjarse hace ya más de dos décadas: “El final de los años cincuenta marcó el auge de las leches de fórmula que llegaron de la mano de la liberación femenina para salvarnos de la esclavitud que supuestamente implica amamantar.

Pero con la disminución dramática de la lactancia aumentó la mortalidad infantil. Hubo desnutrición, porque en los lugares más pobres estaba bien darle agua panela al niño cuando la mamá se iba a trabajar. Y al mismo tiempo, obesidad y diabetes en los países desarrollados por cuenta de malas leches de tarro”.

A partir de los años ochenta las alarmas se prendieron y aparecieron estrategias como el Código Internacional de Sucedáneos de la Leche Materna, para fomentar el amamantamiento y regular la comercialización de sus sustitutos, seguido de la Iniciativa Hospital Amigo del Niño, de la Unicef y la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el fin de asesorar en esta materia a quienes se convierten en mamás.

 “Menos del 40 por ciento de los bebés del mundo recibe lactancia materna de manera exclusiva hasta los 6 meses, aunque la OMS advierta que lo ideal es hacerlo y mantenerla, junto con otros alimentos, hasta los dos años o más. Lo que salvaría alrededor de 800.000 vidas infantiles, pues evita las enfermedades respiratorias, diarreas y alergias. Pero aquí a los dos meses ya les dan caldos. Lo cierto es que a una criatura hambrienta no se le puede pedir que espere, y como la idea no es que las mujeres se queden encerradas durante el periodo recomendado, toca aprender a ser prácticas, a lactar en la calle o donde el niño pida su comida, pues la mejor manera de proteger la producción de leche es amamantar a libre demanda”, explica Mora.

Para ella, la decisión de dar leche materna no tiene por qué significar el abandono de la vida profesional. “No obstante, la sociedad debe ayudar. Existe, por ejemplo, un acuerdo para que las empresas distritales tengan salas destinadas a la lactancia, aunque solo si tienen presupuesto para hacerlas”.

Recientemente, la especialista participó en la organización de una Tetatón bogotana en el parque Simón Bolívar, que congregó a más de 5.000 madres con sus hijos, y en la que se proclamó un manifiesto para promover la ampliación de la licencia de maternidad, que en la actualidad es de 14 semanas.  

Y es que amantar se ha vuelto un asunto de Estado. Así como en Inglaterra y Australia se considera discriminación negarles a las mujeres el derecho a hacerlo en cualquier espacio, sea un estadio, un bus o un avión, hay casos como el del pueblo Forest Park, en Georgia, cuyo concejo emitió una ley para que fuera ilegal dar el pecho en público a niños mayores de 2 años, por considerarlo un “acto de indecencia”. Sin embargo, un grupo de furibundas “lactivistas” logró reversarla.
 
Para la abogada Valeria Calderón, autora del blog Nenes de leche, precisamente en muchas urbes, donde persiste el tabú de la lactancia, los grupos comunitarios han jugado un papel crucial para que las mamás se “mantengan informadas, se ayuden y se aconsejen entre ellas. Más aún porque en ese entorno, las familias no necesariamente viven cerca para cumplir con esa labor tradicional de apoyo inmediato.

Y en la era digital sus inquietudes tienen un eco global: en WhatsApp está la red Amamantadoras Colombia, y aunque la Liga de la Leche existe desde hace más de medio siglo, ha tenido mayor auge gracias a las plataformas virtuales”.

Pese a los esfuerzos, una encuesta presentada por la revista Maternal & Child Nutrition afirma que todavía hay quienes dejan de lactar debido a los comentarios negativos. Muchas evitan hacerlo en presencia de extraños porque tienen la percepción de que es mal visto y les da temor ser tachadas de “hippies y bichos raros”. Por eso los defensores de esta práctica están convencidos de que por cada mujer que amamante, lo haga con un toque de discreción o con algo de desenfado, esta irá recuperando su esencia natural.  
 

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