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La violencia contra la mujer que las sociedades excusan

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La violencia contra la mujer que las sociedades excusan Foto: AP

Las noticias que vemos a diario sobre violaciones, abusos y feminicidios, evidencian en el Día de la Mujer, que ellas aún son consideradas ciudadanas de segunda categoría, y, peor aún, que las agresiones siempre encuentran justificación.

El rol de la mujer en la sociedad ha evolucionado con el paso del tiempo. Las féminas han conquistado derechos laborales, sociales, culturales, incluso religiosos, que las equiparan con sus compañeros hombres bajo el  precepto de que ambos géneros son seres humanos, y, por lo tanto, nacen iguales en dignidad y libertades.

Sin embargo, la emancipación del sexo femenino y su inclusión como individuo válido y competente en todos los niveles de la vida, sigue siendo una tarea pendiente. Y, aunque su consolidación es desigual dependiendo del rincón del planeta al que pertenezca, en cualquier sociedad persisten las prácticas sexistas, como indica Óscar Alejandro Quintero, profesor de sociología de la Universidad del Rosario.

En determinados lugares del mundo, las mujeres no tienen la potestad de elegir pareja. Infringir esta norma es tachado como un delito, castigado con penas que contemplan un acto tan bárbaro e inhumano como la violación.

Fue noticia, a mediados de enero, un recóndito pueblo ubicado en el estado indio de Bengala Occidental, escenario donde esta realidad se cobró a su última víctima. La mujer en cuestión ,de 20 años de edad, fue condenada bajo las órdenes de un consejo tribal a ser violada por 12 hombres por mantener una relación sentimental con un hombre de otra localidad. Los dos amantes fueron multados en un primer momento con 25.000 rupias cada uno, algo menos de 750.000 pesos. La familia de la víctima no hizo frente al desembolso por carecer del dinero, por lo que el consejo se decantó por otro tipo de castigo. (Lee aquí la noticia).

Sin embargo, y como expone Carolina Galindo Hernández, docente en la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario, “este tipo de noticias no puede quitarnos la responsabilidad de lo que ocurre en nuestras sociedades. En occidente persisten prácticas que también atentan contra la dignidad de la mujer,  como la discriminación laboral que padecen en sus puestos de trabajo, o, en el caso colombiano, el feminicidio perpetuado por grupos armados o la excesiva tolerancia que existe alrededor de la violencia de género en el seno de determinados grupos indígenas; simplemente que se dan en un grado más sutil y ligado a su propio contexto”.  Resulta, pues, más conveniente adoptar un discurso crítico frente a los hechos que asolan al otro lado de las propias fronteras, que hacer examen de conciencia de lo que en su interior ocurre.

El mantenimiento de este sistema de vulneración sistemática de los derechos de las mujeres tiene su origen en la noción de poder. Para Claudia M. Cortés, antropóloga de la Universidad del Rosario, “se trata de una forma de dominación construida socialmente que promueve que unas personas tengan una serie de privilegios que otras no tienen. Nuestros grupos sociales se organizan alrededor de relaciones que privilegian a los varones, por el simple hecho de ser varones”. De esta misma opinión es Galindo Hernández, para quien la construcción de la sociedad contemporánea hunde sus raíces en la idea de que la mujer es una ciudadana de segunda categoría o no es un sujeto de derechos, de ahí que se justifique que pueda ser víctima de cualquier tipo de agresión física, sexual o emocional.

Por otro lado, y como apunta Quintero, el abuso sexual contra la mujer se ha instaurado a lo largo de los siglos como una forma de minar y controlar al adversario. “El cuerpo de la mujer tiene un poder simbólico muy fuerte, y su vulneración se emplea como forma de legitimar esa posición de dominación y la subordinación de esta ante el varón”.  De ahí que, probablemente, nunca le hubiesen impuesto la misma pena al novio de la joven india agredida por más de una decena de hombres en caso de no poder pagar la multa económica.

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Las violaciones a mujeres son una lacra extendida mundialmente, y no existe país alguno que se libre de esta atrocidad. Son el ejemplo claro de que la diferencia real de las prácticas que se cometen contra las mujeres radica únicamente en el contexto en el que tengan lugar, en la justificación que se brinda para cometerlas y en la difusión que se le dé al hecho en cuestión -en lo que los medios de comunicación deberían ser conscientes de su gran responsabilidad como informadores-.

En el caso de los países occidentales, este delito se excusa, en muchos casos, valiéndose de argumentos tales como que la mujer está borracha, se insinúa, está vestida de manera provocativa o porque pasa por una zona insegura, comenta Cortés. “Estas opiniones se cargan de juicios morales, que condenan a la mujer,  la ubican en una situación de debilidad y le quitan responsabilidad al hombre”.

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¿Por qué nos mostramos tan escandalizados cuando la agresión sexual se comete bajo el beneplácito de un órgano tribal y no cuando se perpetrua sirviéndose de una excusa tan sexista como que la mujer vestía de forma provocativa? Las prácticas que atentan contra la mujer son una cuestión mundial. Lo mismo ocurre con el cinismo de sus sociedades.





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