Con las actuaciones de Gael García Bernal y Natalia Oreiro, este filme de HBO MAX convierte un encuentro inesperado en una reflexión sobre el amor adulto, las decisiones que transforman la vida y el derecho a cambiar de rumbo.
Las grandes historias de amor casi siempre comienzan con un encuentro que lo cambia todo. Sin embargo, pocas se atreven a explorar lo que ocurre cuando ese encuentro sucede en una etapa de la vida en la que, aparentemente, todo ya está decidido: una familia construida, una carrera consolidada y un futuro que parece seguir un camino preestablecido. Es precisamente ahí donde Nada entre los dos encuentra su fuerza.
Esta nueva película, ya disponible en HBO Max, reúne por primera vez en pantalla a grandes talentos como Gael García Bernal y Natalia Oreiro bajo la dirección del argentino Juan Taratuto, uno de los nombres más reconocidos de la comedia romántica latinoamericana. Pero lejos de ofrecer una historia convencional sobre una infidelidad, la película propone una pregunta mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando la vida que construimos deja de parecerse a la vida que realmente queremos?
Para Natalia, esa fue precisamente la razón por la que aceptó el proyecto. En conversación con FUCSIA, la actriz reflexionó sobre este proyecto y qué significó para ella protagonizarlo:
“Sentí que era una película genuina, que no era pretenciosa, y en la que me sentía como mujer muy identificada y representada. Y yo creo que eso es muy difícil de conseguir. Cuando la vi, me di cuenta de que realmente era una película de amor adulto, de mucha conexión y muy genuina en relación con el amor propio. En un momento de tu vida, las cosas que pensabas que estaban resueltas dan un giro de 180 grados y uno se pregunta: ‘¿Este es el tipo de amor que quiero? ¿Este es el tipo de trabajo que quiero? ¿Este es el tipo de vínculo que quiero con mis hijos?’”.
En esta comedia romántica, Oreiro interpreta a Mercedes “Mechi”, una ejecutiva cuya vida cambia tras conocer a Guillermo, interpretado por Gael García Bernal, durante un encuentro laboral fuera de la oficina. Ambos llevan vidas aparentemente estables, incluso ya tienen relaciones de pareja y familias establecidas, pero una conexión inesperada los obliga a cuestionar certezas que parecían inamovibles.
Ese es justamente el punto que Juan Taratuto quiso alejar de los lugares comunes de las comedias románticas: “La temática de la película no tiene que ver con la infidelidad, sino con la posibilidad de volver a elegir”, explica el director del filme en conversación con FUCSIA. “Tiene que ver con darse la posibilidad de no dar todo por sentado, de no creer que todas las cartas ya están jugadas, sino entender que siempre existe la posibilidad de un cambio, grande o pequeño”.
Más que una historia sobre amantes, la película habla de personas que atraviesan una etapa en la que el éxito profesional, la estabilidad familiar y los logros personales dejan de responder a todas las preguntas. En ese sentido, Mechi representa una realidad con la que Oreiro reconoce sentirse cercana y asegura que esta reflexión también forma parte de su vida cotidiana:
“Me identifico con esa generación de mujeres que quería hacerlo todo bien: construir una familia, tener hijos, ser profesional, ser exitosa y también una buena hija. Pero llega un momento en que todo resulta tan agotador que una termina perdiéndose la pregunta más importante: ¿esto es lo que elijo hoy o es lo que creí que debía elegir hace treinta años?”
Para Taratuto, el reto nunca estuvo únicamente en construir una historia romántica, sino en crear personajes capaces de sentirse reales para el espectador:
“Siempre trato de partir de personajes que sean verdaderos, creíbles, con los que podamos identificarnos y que hablen de las cosas que nos pasan, de lo que nos desvela y nos genera incertidumbre”, explica. Y esa búsqueda, sostiene, se mantiene incluso cuando la película termina. “Lo que me interesa es que el público sienta que ambos personajes salen transformados por ese encuentro, aunque nunca sepamos exactamente qué ocurrirá con ellos después”.
Durante la conversación, Oreiro también habló sobre el tratamiento que suele darse a los personajes femeninos en este tipo de historias, pues menciona que aún hoy se pone el foco en cómo una mujer decide engañar a su pareja: “Se sigue juzgando distinto a hombres y mujeres. Parece que ellas no tuvieran el mismo derecho a cambiar de idea o a reencontrarse con su propio deseo sin sentirse las malas de la historia”.
Ese enfoque convierte a Nada entre los dos en una película que trasciende el romance. Más que buscar respuestas, plantea preguntas sobre la identidad, el deseo y la libertad de cambiar incluso cuando la vida parece completamente definida. Quizá por eso su director evita hablar de mensajes.
“No sé si la película tiene un mensaje; para mandar mensajes están los telegramas”, dice entre risas. “Lo que sí espero es que deje una sensación: la posibilidad de vivir la vida que realmente uno desea y de entender que siempre existen otras puertas, otras realidades y otras formas de mirarse a uno mismo”.
En tiempos donde muchas historias de amor siguen construyéndose sobre certezas, Nada entre los dos apuesta por algo mucho más complejo: recordar que, incluso en la adultez, siempre existe el derecho de volver a elegir.