La dictadura de la talla cero

Revista FUCSIA , 18/11/2015

La extrema delgadez que desfila en las pasarelas y posa en las revistas podría tener un precio muy alto: mientras algunas modelos han revelado ser capaces de comer pañuelos desechables para evitar el hambre, hay estudios que demuestran que una niña de 6 años ya identifica el cuerpo flaco como el ideal. Estos son los peligros de la llamada anorexia chic.

Cuando a Victoria Beckham la acusaron de presentar “un show de esqueletos” en la pasada semana de la moda de Nueva York, la defensa de la Spice diseñadora fue contundente: “Las modelos son flacas”. ¿Insensible? Puede ser... Pero en el mundo de las pasarelas su afirmación no es más que una obviedad.

La emblemática Kate Moss, que lleva más de 25 años siendo icono de la industria, tiempo atrás hizo famoso el lema: “Nada sabe tan bien como sentirse delgada”.
No es casualidad que la mayoría de las protagonistas de las pasarelas y las revistas pesen un 23 por ciento menos que las demás mujeres de su misma edad y estatura, o que la marca J. Crew haya lanzado su talla triple 0. En el caso de las reinas de belleza de Estados Unidos, su índice de masa corporal (que se usa para valorar el estado nutricional de una persona), ha descendido sospechosamente: en la década de los años veinte lo habitual era una medida de 22, que se encuentra en el rango de lo normal, mientras que el de las concursantes de la era 2000 es de 16.9, un promedio que está por debajo de los “límites seguros”, 18.5, establecidos por la Organización Mundial de la Salud.

Para nadie es un secreto que el cuerpo que se ha impuesto como “ideal” es joven y en extremo delgado. Así lo confirma la modelo Molly Bair, quien a sus 18 años, gracias a su figura huesuda de 1,83 de estatura –y no a pesar de ella–, ha sido estrella de Chanel, Prada, Gucci y Alexander Wang. Tan notoria es su delgadez, que ella misma reconoce que en el colegio la apodaban “Mantis religiosa”. La nueva celebridad ya es ídolo de la Thinspiration (juego de palabras en inglés que podría traducirse como “inspiración flaca”), una tendencia que se ha tomado Internet mediante blogs acusados de promover los desórdenes alimentarios.

La nueva top es la exponente perfecta de la llamada “anorexia chic” que ha conquistado a la moda, pero que en opinión de los expertos no es más que darle un apellido glamoroso a un trastorno asociado a tasas de mortalidad 12 veces más altas que las de cualquier otra causa en mujeres entre los 15 y 24 años, según informó un artículo del Huffington Post.

Y pese a que ni a Bair ni a Moss se les puede acusar de “propagar” este mal, su imagen excepcional puede enviar al público un mensaje peligroso: un estudio realizado por la organización Common Sense Media reportó que casi la mitad de las adolescentes desea lograr un cuerpo como el de las modelos, de las cuáles solo el 6 por ciento luce formas más redondeadas. Cerca del 60 por ciento de las niñas entre los 6 y los 8 años indica que el cuerpo ideal es más estrecho que el propio. Incluso, cuando se les da a escoger una opción de varias fotos suyas alteradas digitalmente, las pequeñas suelen quedarse con la que las haga ver más flacas. Además se ha encontrado que para las estudiantes de primaria la obesidad es peor que tener una discapacidad, y que a los 7 años ya asocian felicidad y popularidad con delgadez.

“Las jovencitas son muy vulnerables a las imágenes y necesitan ser educadas acerca del poder del retoque en la fotografía digital. Ellas asumen que lo que ven es lo real, hasta los 11 años más o menos, pero para ese momento ya están bastante influenciadas”, expresó a FUCSIA la sicóloga Vivian Diller, Ph.D, ex modelo y autora del libro Face It: What Women Really Feel as Their Looks Change. La compañía Ralph Lauren, por ejemplo, ha sido criticada por abusar del Photoshop al presentar sus productos en mujeres cuyas cabezas aparentan ser mucho más grandes que sus diminutos torsos.

“La noción de cuerpo perfecto en sí misma no existe, sino que es una construcción cultural. En los años sesenta fue Twiggy quien marcó a nivel simbólico la imposición de la delgadez como parámetro de belleza. Luego, en las décadas siguientes, esta tendencia se acentuó hasta llegar en los años noventa y 2000 a su máxima expresión.

Todo esto está muy relacionado al sistema de la moda industrial, cuyos mandatos estéticos se basaban en la arbitrariedad y en la imposición de estilos tendientes a homogenizar a la sociedad a través de la cultura masiva. Eran los cuerpos los que tenían que adaptarse a las tallas y no al revés”, explica la socióloga Laura Zambrini, doctora en ciencias sociales experta en moda y cultura. “Este imperativo es una de tantas formas de violencia sobre las mujeres a lo largo de la historia en las sociedades patriarcales: en el siglo XIX se oprimía el cuerpo femenino mediante el corsé; hoy podríamos decir que esa opresión se trasladó a la necesidad constante de vivir haciendo dieta, ejercicio, o consumir productos light”.

Para el sicoterapeuta Marco Antonio De Tommaso, quien asesora a modelos y sus agencias en Brasil, esta dictadura de la belleza hace que en el mundo de la moda “una joven cuya cadera exceda por medio centímetro los 88 reglamentarios, sea tratada como una obesa mórbida”, y es culpable de lo que él llama “el arsenal de la anorexia”, conformado por pastillas para adelgazar, estrictos regímenes e inanición. “En esta profesión, y otras que relacionan apariencia y desempeño, como le sucede a las bailarinas y las actrices, hay propensión a los desórdenes alimentarios”, comentó a esta publicación. El especialista vivió de cerca el caso de Anna Carolina Reston, quien inició una lucha contra su peso cuando le dijeron que estaba “muy gorda” para un trabajo: entonces, a sus 18 años y con 1,70 de estatura, pesaba 46 kilos. Murió tres años después, en 2006, y su índice de masa corporal era de 13.8, pues escasamente consumía manzanas y tomates.

Hay quienes aseguran que se trata de una versión moderna de los maltratos de la esclavitud. Kirstie Clements, ex editora de la revista Vogue para Australia, denunció en sus memorias que se volvió habitual que las modelos terminaran hospitalizadas en las fechas cercanas a las semanas de la moda, víctimas de un menú en el que prevalecían los cigarrillos, la Coca-Cola dietética, y hasta Kleenex para mitigar el hambre. Cuenta que vio cómo a algunas les salía un vello que evidenciaba la lucha de sus cuerpos por mantenerse calientes, una alerta de anorexia.

Entonces se impuso una medida conocida como Paris Thin (delgadez Paris), en referencia a las que lograban bajar dos tallas con tal de ser escogidas para shows internacionales. Llegó a sentirse cómplice de todo un sistema encabezado por los diseñadores, quienes crean pensando en verdaderas perchas vivientes y le apuestan al favorecedor efecto visual de suprimir curvas para que sus prendas se acoplen mejor y, en últimas, los cuerpos no le roben la atención a sus colecciones. “No todas las modelos padecen desórdenes alimentarios, pero yo sugeriría que casi todas se privan de comer lo que quieren. La industria se auto convence de que son genéticamente bendecidas”, sentenció en su libro.

“El biotipo de cuerpo demandado se da en apenas el 1 por ciento de las mujeres de la humanidad, y aun así se propaga como normal una aspiración que no es realista”,
concluyó el doctor De Tommaso. Por eso Francia se unió recientemente a la iniciativa de criminalizar con prisión y multas el uso de modelos que tengan un índice por debajo de los lineamientos de la OMS. Israel, Italia y España ostentan legislaciones similares, y para algunas pasarelas les exigen a las jóvenes una valoración médica. En consonancia con estas medidas, el European Journal of Marketing presentó una investigación en torno a cuáles cuerpos son más efectivos en la publicidad.

“A la hora de promover una nueva marca, los consumidores evaluaron el atractivo de la modelo y el producto de una manera más positiva cuando aparecía una mujer de talla promedio, un hallazgo que eliminaría la preocupación comercial de reemplazar la extendida representación de las de talla cero”, contó a FUCSIA Xuemei Bian, catedrática del Kent Business School y líder del estudio.

Que los ojos vigilantes se posen sobre la delgadez ha hecho que algunas voces manifiesten su temor porque las flacas empiecen a ser víctimas de la discriminación. “Sin embargo, la exclusión consiste en poner parámetros estéticos que dejen por fuera a la mayoría de la población”, concluye la doctora Zambrini. En la actualidad, con la idea de mostrar cuerpos más reales, se le ha abierto un espacio en la industria a las mujeres con tallajes más altos. Sin embargo, los más críticos consideran que a la moda solo le interesan los extremos, no los comunes denominadores, pues la seducción y lo inalcanzable le imprimen su característico halo de exclusividad. “Pero la moda es, ante todo, un sistema de comunicación, y debería emitir un mensaje contundente: el cuerpo bello es el cuerpo sano, feliz, pleno”.

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