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La piel de los 20 a los 50

10/3/2011

Empezar el cuidado de la piel cuando está en su plena juventud puede ser el mejor secreto de una tez sana y bonita en la edad madura.


La pérdida de lozanía de la piel no es más que el resultado de haber vivido. Aunque parezca de sobra recordarlo, no todas las mujeres lo ven así: la piel envejece, pero tenerla sana a cualquier edad es el principio básico sobre el cual reposa una buena parte de la tan mentada autoestima.

Imagínate que la primera arruga subyace en el fondo de la piel, gestándose, diez años antes de salir a la superficie, y que lo mismo ocurre con la flacidez, las manchas y otras imperfecciones que contribuyen al envejecimiento de ésta. Suena apocalíptico, pero también es cierto que hoy en día, y cada vez más, existen maneras de encarar la pérdida de tersura, tonicidad y claridad de la piel y de mejorar los atributos que la hacen bella a cualquier edad.

Por eso, con la meta de ganarle tiempo al tiempo y de atacar las muestras de fatiga de la piel o limitar su desgaste, vale la pena trazar las líneas de su cuidado en las diferentes etapas cronológicas.

De los 20 a los 30 la edad de oro
Aunque la piel resplandece a esta edad, y por lo general no se han presentado problemas mayores, salvo el acné en la adolescencia, no hay que contentarse con hidratarla todos los días, sino que hay que prevenir la aparición de arrugas aunque éstas no se vean, corregir la diferencias de coloración y erradicar los caprichosos granitos. La rutina de belleza entre los 20 y los 30 años se resume en limpiar la piel en la mañana y en la tarde con un buen producto limpiador, a usar la mejor crema hidratante posible, sin que esto quiera decir que ésta deba ser la más cara (las hay muy buenas, asequibles), a usar protector absolutamente todos los días y, no está por demás, a empezar a ponerse cremas antiarrugas tanto en todo el cutis como alrededor de los ojos.

A los 35 la belleza empieza a declinar
Pues bien, a esta edad los mecanismos que originan el envejecimiento empiezan a actuar y aparecen en la piel la fatiga, la pérdida de claridad y la homogeneidad del tono. Por consiguiente, se hacen necesarios cuidados que apunten a ejercer una acción antimanchas y una redensificación.  Para atajar los signos de relajamiento de la piel en la zona dermo-epidérmica, comprendida entre la epidermis y la dermis, es aconsejable usar una crema que coadyuve en la tarea de renovación celular que ya es imprescindible a la piel en esta etapa. Igualmente, es preciso brindarle mayores cuidados a la tez, lo que se traduce, más temprano que tarde, en empezar a usar, además de la crema hidratante de día, una crema de noche. Sobra decir que la limpieza es fundamental, lo mismo que el uso de protector solar.


A los 40
llega la madurez

Es inevitable que las arrugas crezcan en número y notoriedad, que la piel se relaje, que el tono se ‘empañe’ un poco, que las manchas afloren. Es tiempo de pasar de la prevención a la corrección. Viene muy bien, entonces, agregar a los productos de belleza un suero que obre sobre la piel desde el interior, restableciendo su firmeza y contribuyendo, junto con la crema de rigor, a la regeneración celular que en esta década es fundamental.
Recomenzar la tarea de cuidado de la piel es imperativo. Cambie los productos que usaba antes de los 40 y céntrese en aquellos que ofrezcan una acción regenerativa, reafirmante y revitalizante.

A los 50
lo que bien empieza…
Hay que decirlo con franqueza: los cuidados que usted le haya brindado a su piel de los 20 a los 50 pueden contrarrestar los estragos que las modificaciones hormonales empiezan a producir en ésta a partir de la premenopausia y llegada esta etapa en cualquier momento a partir de los 50, lo que se traduce en una piel más fina, más opaca, más seca, menos resplandeciente.  Afortunadamente, los signos de la cincuentena dejaron de ser una fatalidad hace rato, y todo su esfuerzo debe estar encaminado a una acción antioxidante que contribuya a desbloquear las fibras que contribuyen a reflejar la luz en la piel. Use cremas y otros productos que ejerzan una acción antiarrugas, reafirmante y alisante, sin olvidar el contorno de los ojos. Y toda la limpieza y protección posibles, sin tregua.

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