Les tenemos miedo a las mujeres

Adolfo Zableh, 30/8/2015

Uno no ataca a lo que odia, sino a lo que teme. La sociedad, por ejemplo, es machista porque los hombres nos hemos impuesto a la fuerza sobre las mujeres por miedo a ser superados por ellas.

Foto: Ingimage


Por Adolfo Zableh.
Columnista Revista FUCSIA


No las dejamos votar durante mucho tiempo, las obligamos a caminar detrás de su esposo y las confinamos a las labores de casa.
Aún hoy, el catolicismo no las deja ser curas y a la hora de trabajar suelen ganar menos así hagan lo mismo, incluso hasta más, que un hombre.

Les tenemos miedo a las mujeres antes de conocerlas porque no sabemos a qué nos enfrentamos. Luego les tenemos miedo porque las conocimos. ¿Sabrán ellas lo fácil que es emascular a un hombre?

Ganar más que nosotros no es un tema menor, y tampoco el único que nos hace sentir menos. Un estudio dice que las mujeres inteligentes son menos apetecidas de lo que creemos. Y claro, por un lado buscamos a alguien con quien podamos hablar, pero nos intimida dar con alguien que pueda saber y entender más que nosotros.

Y del sueldo, ni hablar. Acostumbrados a que tenemos que proveer, pagar la cuenta y hasta abrir la puerta del carro, meternos con una mujer que no solo podría invitarnos, sino darnos una vida mejor que la que nosotros mismos podríamos, no es solamente intimidante, sino aterrador.

Por eso no es raro ver a tanta mujer exitosa, empoderada y adinerada sin pareja, porque ni siquiera un hombre en igualdad de condiciones la soporta. Nosotros estamos malacostumbrados a que nuestra pareja esté aunque sea un escalón por debajo. Este país es tan machista que nunca ha tenido una mujer presidenta, y el día que la tenga, la va a masacrar peor que a Petro.

Y que esta sea una sociedad disfuncional se debe en parte a que es un patriarcado, pero los patriarcas les temen a las mujeres de la casa. Arrancando por la madre y pasando por hermanas, tías, primas y pareja, les comemos a las mujeres que nos rodean.

De ahí que muchos hombres digan casi con orgullo que su mujer es brava. "La Fiscalía", la llaman algunos y les parece lo máximo. Pasa que los hombres salimos de nuestra casa a medio educar y nos pasamos la vida buscando a una mujer que termine de criarnos, una mezcla de pareja y madre.

Cuando un hombre le diga que usted es igualita a su madre, corra.

Admiro a los que pueden estar con una mujer y entender que no es una figura de autoridad. Yo nunca he podido, aunque reconozco que es un problema mío y no de ellas. Creo haberme metido siempre con grandes mujeres, bellas, amorosas, capaces, extraordinarias. El asunto es que yo, aunque haya estado a su nivel, siempre me he sentido por debajo de ellas. Eso sí, prefiero sentirme inferior por lo que me resta de vida que meterme con una mujer que no me dé la talla.

Lo más triste de todo es que, aunque hayamos crecido entre mujeres, nunca vamos a entenderlas. Yo a esta edad lo único que sé de ellas es que les molesta que les den palmadas en la cabeza como si fueran un perrito. Alguna vez leí que las diferencias entre mujeres y hombres se deben a que ustedes son metafóricas y nosotros, básicos.

Es decir, si esperan que entendamos con pocas palabras, incluso con gestos y miradas, lo que ustedes quieren, pierden el tiempo. Si desean algo, díganlo claro y fuerte, que solo así captamos. Somos básicos y podemos procesar una sola cosa a la vez.

Nos encantan los videojuegos porque no nos toca pensar. Sabemos que si oprimimos X , la X hace algo y solo ese algo. Así las cosas, la próxima vez que me guste una mujer la única virtud que buscaré en ella es que le guste el Playstation.

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