Post 4: Hablemos de los tipos de hombres

Fucsia.co, 15/9/2014

La soltería te abre a una nueva realidad, donde conocer a gente, y, sobretodo, a personas del sexo opuesto, es una de sus máximas. Sin embargo, hay que tener cuidado con qué tipo de hombre dejamos entrar a nuestra vida.

Foto: Ingimage

Por Julia Alegre

El mundo de la soltería es un universo paralelo, a todos los niveles.  Confrontarlo es en ocasiones un desgaste, aunque por supuesto tiene sus ventajas. Ahora tengo tiempo para mí, para dedicarme en exclusiva a lo que me gusta, conocerme sin excusas y no dar explicaciones a nadie de si me apetece estar todo un día tirada en la cama atendiendo al vuelo anárquico de la mosca que se ha colado en mi cuarto o salir a bailar hasta las tantas de la madrugada y beberme todo el aguardiente que este país es capaz de producir.

La soltería es un estado que hay que vivir y saber gozárselo sin morir en el intento, lo que pasa inevitablemente por desarrollar una astucia inherente para alejarse de todo mamarracho que se te ponga por delante.

No estar con nadie te permite acercarte a todo el mundo, ya sea para buscar a un nuevo compañero de vida, esta vez, sin las tristezas, defectos y daños que se asocian a la persona que le precedió, o para pasarla rico, sin compromisos, ni ataduras. Pero, ya sea de una forma u otra, es ahí donde empiezan los problemas: uno conoce a demasiada gente innecesaria. O, para ser más exactos, a demasiadas personas del sexo opuesto que te recuerdan el por qué estás soltera y has optado por mantenerte en ese estado de tranquilidad.

Lee Post 2: Menos tabués y más sexo

Uno de esos, el príncipe azul, encantador, atento, caballeroso y lleno de valores firmes. No tiene un caballo ni una armadura, pero toda la palabrería que le sale por la boca te hará imaginártelo con el disfraz puesto. Un personaje digno del mejor cuento de hadas,  hasta que se quita la máscara y se convierte en el monstruo de la historia. Entonces, toda la perfección que ha ido difundiendo se cae al suelo. Ese mundo maravilloso que pone a tus pies y todas las promesas  que predica sin tú siquiera necesitarlas ni pedírselas se quedan en nada, porque tiene la capacidad innata de abanderar la batalla y salvar a la princesa solo cuando esta no es independiente, ni tiene la capacidad de salvarse sola.

No son compañeros de vida, son minadores profesionales, de esos que necesitan anular a su potencial amada para tener algo de amor propio. Y ojo con cuestionarles, porque entonces la culpa es tuya: no es que ellos no sean cariñosos, por poner un ejemplo, es que tú no sabes recibirlo. Si señor…

Lee también Post 3: Amar en plena libertad

Luego está el perverso, otro espécimen masculino que no sirve ni para que te pague una cena. Llegados a este punto, coge el caballo del príncipe azul y aléjate de ambos.  El perverso irradia una energía pesada, oscura, pero hay algo en él que acaba por convencerte.

Pero el magnetismo dura poco, y sus miedos, inseguridades y complejos aparecen, llevándote a ti a un estado de desconcierto absurdo.  Su hobby favorito, manipular, controlar y darle la vuelta a la situación para que la culpable de todo acabes siendo tú. Son obsesivos y malévolos y todo su proceder irá destinado a que te cuestiones tu propia integridad, tu forma de ser, tus principios y creas que no puedes vivir sin ellos.

Pero manténganse tranquilas, que en toda historia siempre hay esperanza. Los HOMBRES, los de verdad, existen, y de hecho, son mayoría, simplemente que los tóxicos hacen más ruido.

Hombres que hablan con sinceridad, que saben lo que quieren y lo exponen sin contemplaciones. Hombres transparentes que huyen de los valores entrecomillados. Esos que no adornan su personalidad, ni venden ilusiones. Hombres que son capaces de reconocer sus fallos y no juzgan al resto por tener los suyos. Humildes, nobles y leales, que no aparentan, ni lo tienen todo calculado. De sentimientos bellos y de los más grandes propósitos.

Los HOMBRES son una especie en extinción porque las mujeres hemos minimizado las posibilidades de que existan. Nos contentamos con los mediocres porque creemos que no podemos aspirar a nada mejor. Nosotras alimentamos la creencia de que ahí fuera solo hay tipejos como el príncipe azul y el perverso, y claro, al HOMBRE no le queda otra que adecuarse al rol que nosotras mismas normalizamos.

Estamos convirtiendo a los hombres buenos en villanos. ¿Y quién quiere vivir en un mundo así? Yo definitivamente no. Iré reportando. Cambio y fuera. 

Lee también: Post 1: "Mi feminismo contra vuestra ignorancia".

***

Acerca del blog:

El síndrome de la mujer pensante
Ni somos el sexo débil, ni se nos ha forjado para dejar el cerebro en casa, privado de toda actividad. Vivimos en una época de transformación, de inmediatez, de información y de libertad. Es el momento de hacer alarde de todas las posibilidades que se nos brindan; de apostar por una sociedad que no invalide la crítica constructiva proveniente de una mujer por tratar temas susceptibles y duros que, indudablemente, la repercuten. Este es el espacio para la ironía, el análisis, la contestación, la liberación... El todo y el nada.


Julia Alegre es una periodista española especializada en Cooperación Internacional y Acción Humanitaria. Actualmente desarrolla su trabajo como redactora en Fucsia.co.
JAlegreB@semana.com