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Alimentos a conciencia Foto: Archivo Fucsia

Las dietas sin control, los malos hábitos o el simple desconocimiento de los alimentos y sus propiedades, pueden inducir a una mala alimentación que pone en riesgo la salud.

Aunque el término ‘grasa’ podría asociarse con un concepto poco saludable, esta impresión se ha revaluado en los últimos años ya que varios estudios han demostrado que el consumo de ácidos grasos esenciales y sus derivados es fundamental para el buen funcionamiento del organismotanto en la etapa del desarrollo, como en la edad adulta, y que escogiendo las grasas adecuadas, se puede conservar una figura esbelta sin caer en la mal nutrición.

Los ácidos grasos esenciales son aquellos que el cuerpo no está en capacidad de producir por sí mismo, y al igual que otras vitaminas y nutrientes, es necesario tomarlos de los alimentos que se consumen diariamente. Estos ácidos contribuyen a regular las funciones celulares, especialmente en áreas como el cerebro y la retina. En el caso de los bebés, los ácidos grasos esenciales llegan al feto a través de la madre y son el primer paso para un crecimiento saludable.

Los aceites vegetales como el de girasol, maíz, canola; los frutos secos como el maní, las nueces, las almendras; y las verduras de hojas verdes como las espinacas o las coles, son una buena fuente de estos elementos. Igualmente, muchas de las leches y otros productos lácteos disponibles en el mercado, están enriquecidos con esta propiedad, lo que los convierte en un complemento ideal para satisfacer la demanda del organismo.

En el proceso de asimilación de los ácidos grasos esenciales, éstos se ven expuestos a la oxidación, por lo tanto es necesario que exista una reserva adecuada de sustancias protectoras como las vitaminas E y C, los betacarotenos y el selenio,( también denominados como antioxidantes), las cuales están presentes en frutas y vegetales frescos al igual que en pescados y cereales.

Los esenciales  

Existen otros elementos que con los años se marginan de la alimentación diaria, porque se consideran importantes sólo para los más pequeños. Tal es el caso del calcio, el fósforo o el magnesio, esenciales en la conformación y conservación de huesos y dientes.

El calcio se acumula en hombres y mujeres aproximadamente hasta los 20 años de edad y es en esa etapa cuando se puede garantizar una masa ósea que sea resistente en la edad adulta. El consumo de calcio y vitamina D para su fijación, contrarresta las pérdidas que ocurren con el paso de los años y que pueden producir enfermedades como la osteoporosis. 

Está demostrado que una de las mejores formas de consumir calcio es a través de la leche y sus derivados, como el queso o el yogur. De igual forma está presente en las carnes y los huevos. No se trata de convertirse en un fanático de los nutrientes, o caer en lo que hoy se denomina ‘ortorexia’ (obsesión por comer bien), sino de darse la oportunidad de adquirir unos hábitos alimenticios saludables, que mejoren la calidad de vida sin demasiados sacrificios.

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